En plena ofensiva militar contra Irán que ya ha dejado más de mil trescientos mártires civiles, el régimen sionista ha desplegado una red de operaciones encubiertas en países árabes —desde Arabia Saudita hasta Catar, desde Emiratos Árabes hasta Chipre— con el objetivo de atribuir a Teherán ataques contra infraestructura energética y mezquitas, arrastrando a las monarquías del Golfo a una guerra que beneficia únicamente a los estrategas de Tel Aviv y Washington, mientras fuentes de inteligencia revelan que el Mossad preparaba incluso un bombardeo contra la Mezquita Al-Aqsa en Jerusalén para culpar a Irán en vísperas del Día de Quds .
Por Equipo El Despertar
Lo que comenzó como una guerra abierta contra Irán se ha transformado en una ofensiva de múltiples frentes donde el campo de batalla ya no distingue entre zonas de conflicto declarado y territorios formalmente neutrales. El 2 de marzo, mientras los restos de los misiles estadounidenses e israelíes aún humeaban en las calles de Teherán, un ataque con drones alcanzó la refinería de Ras Tanura de Saudi Aramco, la instalación petrolera más importante del Reino . Las autoridades saudíes, siguiendo el libreto diseñado en Tel Aviv, acusaron inmediatamente a Irán. Pero Teherán respondió con documentos que delataban la maniobra: “El ataque a las instalaciones de Aramco esta mañana fue llevado a cabo por los israelíes y es un ejemplo de operación de ‘falsa bandera'”, declaró una fuente militar informada a la agencia Tasnim, añadiendo que “las instalaciones de Aramco no han estado entre los objetivos de los ataques iraníes hasta ahora” .
“Netanyahu no duda en sacrificar a sus aliados”
La dimensión de la operación israelí no se limita a Arabia Saudita. El viceministro de Relaciones Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, denunció en una conferencia en Nueva Delhi que “estamos oyendo hablar de operaciones de falsa bandera del Mossad y de los israelíes para atacar refinerías o incluso Chipre” . Sus palabras confirmaban informes de inteligencia que señalaban que Turquía, Azerbaiyán y Chipre habían sido objeto de bombardeos con drones y misiles en las horas anteriores, ataques que inicialmente generaron confusión sobre su autoría pero que el ejército iraní se apresuró a desmentir .
El Ministerio de Defensa británico se vio obligado a intervenir: el dron que atacó una de sus bases en Chipre no provenía de territorio iraní, un anuncio que coloca a Israel bajo sospecha directa dada su proximidad geográfica y su capacidad técnica para ejecutar operaciones complejas lejos de los reflectores . La escena se repitió en el Golfo, donde activistas difundieron testimonios sobre bombardeos contra un puerto marítimo en Dubái, confirmando que el origen del fuego estaba dentro de la ciudad y no era un ataque externo .
Pero la operación más grave, por su simbolismo religioso y su potencial para incendiar todo el mundo islámico, es la que involucra a la Mezquita Al-Aqsa. Fuentes informadas del Ministerio de Inteligencia iraní revelaron que la “banda de Netanyahu” planeaba llevar a cabo un ataque con drones o misiles contra el complejo de Al-Aqsa en vísperas del Día de Quds, para luego culpar a Irán y al Eje de la Resistencia . El plan era tan meticuloso que las autoridades israelíes habían comenzado, días antes, a evacuar gradualmente a los residentes judíos que viven en las áreas circundantes al complejo . “El régimen sionista espera explotar tal provocación para volver a las naciones árabes y a los musulmanes contra la República Islámica de Irán”, advirtió el funcionario .
El precedente histórico: la memoria del Lavon
Quienes aún dudan de la capacidad israelí para ejecutar operaciones de falsa bandera contra sus propios aliados o contra sitios sagrados deberían consultar los archivos de 1954. La operación conocida como “Lavon” —o “Operación Susana”— consistió en que agentes israelíes reclutaron a judíos locales en Egipto para plantar artefactos incendiarios en objetivos vinculados a potencias occidentales, con el objetivo de crear inestabilidad y tensar las relaciones entre El Cairo y las potencias occidentales . El historiador Avi Shlaim reveló pruebas concluyentes que demuestran la participación sionista en aquellos atentados terroristas, que en su momento buscaban empujar a los judíos iraquíes hacia la migración forzada a Palestina ocupada .
El patrón se repitió en 1967 con el ataque al USS Liberty, que dejó 34 marineros estadounidenses muertos y 171 heridos, una acción que los informes oficiales calificaron de “accidental” pero que sobrevivientes y pruebas señalaron como deliberada, diseñada para arrastrar a Estados Unidos más profundamente al conflicto regional . Seis décadas después, la misma lógica opera: el Mossad no duda en sacrificar vidas —propias o ajenas— si ello sirve a los objetivos estratégicos de expandir la guerra y consolidar la hegemonía regional.
La trama desarticulada en Catar y Arabia Saudita
El periodista estadounidense Tucker Carlson lanzó una bomba informativa al revelar que Arabia Saudita y Catar habían frustrado operaciones de sabotaje planeadas por agentes vinculados al Mossad . Según Carlson, el propósito de estos atentados era desviar la atención de la comunidad internacional de los crímenes cometidos por la ocupación en territorios palestinos y en el interior de Irán . El propio Khatibzadeh confirmó la información: “Tucker Carlson también dijo que dos o múltiples grupos del Mossad fueron capturados en Arabia Saudita y Catar mientras intentaban realizar operaciones de falsa bandera en esos países” .
Datos de inteligencia indican además que el Puerto de Fujairah en Emiratos Árabes Unidos podría ser el próximo objetivo en una serie de potenciales operaciones de sabotaje israelíes . Estas advertencias llegan en un momento en que Tel Aviv busca expandir el círculo de fuego para incluir instalaciones energéticas vitales en el Golfo, amenazando la seguridad de la navegación y los suministros mundiales de petróleo . La estrategia es clara: cuanto más se extienda el conflicto, más difícil será para la comunidad internacional presionar por un alto al fuego, y más fácil será presentar a Irán como una amenaza existencial que justifica cualquier atrocidad.
La cobertura mediática y el silencio cómplice
Mientras los misiles caen y las operaciones encubiertas se multiplican, la maquinaria propagandística occidental despliega su doble rasero habitual. Medios como The Jerusalem Post dedican páginas enteras a desacreditar a quienes denuncian estas operaciones, calificando de “antisemitas” y “teóricos de la conspiración” a figuras como Candace Owens o el propio Carlson por señalar el historial israelí de falsas banderas . La estrategia es efectiva: cuando se cita el precedente histórico del Lavon Affair, la respuesta inmediata es acusar de “conspiranoia”, ignorando que se trata de un episodio documentado, admitido por la propia historiografía israelí.
La prensa árabe, por su parte, recoge con preocupación las denuncias iraníes pero sin el eco necesario para contrarrestar la narrativa dominante. Al-Quds advierte que “la ocupación recurre a ‘operaciones sucias’ que reflejan un estado de ansiedad estratégica respecto a los cambios geopolíticos en la región y el fracaso de las opciones militares tradicionales” . Estos ataques misteriosos “siguen siendo una herramienta eficaz en manos del Mossad para lograr objetivos políticos y militares al menor costo posible, asegurando al mismo tiempo la negación continua de responsabilidad” .
El objetivo: expandir la guerra para sobrevivirla
Detrás de cada operación de falsa bandera hay un cálculo estratégico que el materialismo histórico puede desentrañar sin dificultad. Israel enfrenta una guerra existencial que no puede ganar por medios convencionales. La respuesta defensiva iraní ha demostrado la vulnerabilidad de las defensas antiaéreas occidentales, el costo insostenible de la guerra de desgaste y la capacidad de Teherán para golpear objetivos sensibles en toda la región. En ese contexto, la única posibilidad de supervivencia para el régimen de Netanyahu es ampliar el conflicto hasta que se vuelva imposible de contener, arrastrando a las monarquías del Golfo —con sus ejércitos bien equipados pero su voluntad política vacilante— a una confrontación directa con Irán.
Las propias declaraciones previas de funcionarios iraníes, que el MEMRI se apresura a citar para sembrar dudas sobre la autoría de los ataques, revelan que Teherán siempre advirtió que “en caso de que la guerra se extienda, la infraestructura energética crítica en toda la región del Golfo Pérsico —incluidas instalaciones de producción de petróleo, refinerías, oleoductos, instalaciones de exportación y muelles de carga de petroleros— estará bajo grave amenaza y daño” . Pero una cosa es la advertencia estratégica y otra muy distinta la ejecución. Irán ha demostrado consistentemente que asume la responsabilidad de sus acciones; las operaciones de falsa bandera, por definición, se caracterizan por la negativa a reconocer autoría.
El llamado a la vigilancia de los pueblos
Frente a esta escalada de engaños, la respuesta de las fuerzas populares en la región comienza a articularse. El Ministerio de Inteligencia iraní ha instado a “los musulmanes y pueblos amantes de la libertad en todo el mundo a permanecer vigilantes y emitir una clara advertencia al ‘criminal régimen sionista’ y sus patrocinadores occidentales contra la realización de tal plan” . La advertencia no es retórica vacía: si Israel logra consumar un ataque contra Al-Aqsa y atribuirlo a Irán, la furia de las masas musulmanas podría dirigirse contra el país que más ha hecho por defender la causa palestina, en una trágica ironía que beneficiaría únicamente a quienes históricamente han explotado las divisiones en el mundo islámico.
Mientras tanto, en las calles de Teherán, en las mezquitas de Bagdad, en los campamentos de refugiados en Líbano y en las plazas de Saná, la memoria histórica opera como antídoto contra el engaño. Los pueblos de la región saben que Israel mintió en 1954, mintió en 1967, mintió en 2007 cuando bombardeó el reactor sirio de Al-Kibar, y miente hoy cuando intenta vestir sus crímenes con el ropaje de la legítima defensa . La pregunta que queda abierta es si las monarquías del Golfo, atrapadas entre su alianza estratégica con Washington y su temor a ser arrastradas a una guerra que no desean, tendrán la lucidez para resistir las provocaciones del Mossad y negarse a ser instrumentos de una agenda que solo beneficia a Tel Aviv.
El puerto de Fujairah, la refinería de Ras Tanura, la Mezquita de Al-Aqsa: tres nombres que podrían convertirse en los detonantes de una conflagración regional de consecuencias impredecibles. La inteligencia iraní ha lanzado la advertencia. Resta saber si los gobernantes árabes la escucharán a tiempo. Los pueblos, como siempre, estarán atentos.
