Vie. Mar 13th, 2026

Canciller desmiente “acuerdo” con EE.UU. para ocultar la entrega de soberanía sobre los minerales estratégicos de Chile

Mar 13, 2026
Foto El Mercurio

El ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, salió a matizar la firma de una declaración conjunta con el gobierno de Donald Trump sobre minerales críticos y tierras raras, asegurando que “no es un acuerdo, es una declaración para empezar a trabajar”. Sin embargo, el texto firmado en La Moneda reconoce explícitamente que estos recursos son fundamentales para la “seguridad nacional” estadounidense y sus “industrias comerciales”, abriendo la puerta a una nueva oleada de expolio de los recursos naturales chilenos bajo el disfraz de la cooperación bilateral.

Por Equipo El Despertar

Mientras la derecha en el poder intenta vender la imagen de un Chile “socio estratégico” de las grandes potencias, la realidad que emerge de las declaraciones oficiales es la de siempre: la entrega de nuestros recursos a cambio de nada. El canciller Francisco Pérez Mackenna participó esta mañana en el primer Consejo de Gabinete del gobierno de José Antonio Kast y, consultado por la prensa, se vio obligado a salir al paso de las interpretaciones sobre la reunión que el Presidente sostuvo el jueves con el vicesecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau.

“No es un acuerdo, es una declaración para empezar a trabajar en el tema, nada más. Es un tema muy importante para Chile, la idea es trabajar en eso e iniciar prontamente un análisis de todo el tema”, sostuvo el ministro , en un intento por bajar el perfil a lo que, en los hechos, constituye la primera cesión de soberanía sobre nuestros recursos estratégicos en esta nueva administración.

Pero las palabras del canciller chocan frontalmente con el contenido del documento firmado. La Declaración Conjunta para el Establecimiento de Consultas sobre Minerales Críticos y Tierras Raras establece, sin ambages, que “el apoyo mutuo en el suministro de minerales críticos resulta fundamental para la seguridad nacional y las industrias comerciales de ambos países” .

La redacción es una obra maestra de la hipocresía diplomática. Se habla de “ambos países”, pero es evidente quién necesita asegurar el suministro y quién posee los recursos. Estados Unidos, la principal potencia imperialista del mundo, requiere con urgencia litio, cobre y tierras raras para alimentar su complejo militar-industrial y su transición energética. Chile, por su parte, tiene los depósitos más importantes del planeta. La “seguridad nacional” de la que habla el texto no es la de Chile; es la seguridad del Pentágono, la de los fabricantes de tanques y misiles que en este mismo momento están bombardeando Asia Occidental.

La declaración añade que los minerales críticos son “esenciales para la producción de tecnologías avanzadas” y que se buscarán “acciones que propendan a la resiliencia y seguridad de las cadenas de suministro” . Traducción: se abrirán las puertas a las empresas transnacionales para que exploten nuestros recursos con todas las facilidades, se eliminarán las trabas regulatorias que la “burocracia” nacional impone y se garantizará que el flujo de materias primas hacia el norte nunca se interrumpa, ni siquiera en tiempos de guerra.

El gobierno de Kast, que llegó al poder prometiendo “mano dura” y soberanía, se apresta a repetir la historia. La misma historia del salitre, del cobre, del litio. La burguesía chilena siempre ha encontrado su negocio no en industrializar el país, sino en asociarse con el capital extranjero para extraer la riqueza y enviarla al exterior. La “declaración” de esta semana no es más que el pistoletazo de salida de ese proceso.

Pérez Mackenna insiste en que solo se trata de “iniciar prontamente un análisis” . Pero el análisis ya está hecho: los grupos económicos chilenos que tienen intereses en la minería —las familias Luksic, Matte, Angelini— ya están alineados con sus socios estadounidenses. Ellos serán los que se sienten en las mesas técnicas, los que redacten los informes, los que “analicen” cómo maximizar las ganancias. La clase trabajadora, los habitantes de las regiones mineras, las comunidades atacameñas que verán sus territorios devastados, no serán consultados. Serán, como siempre, meros espectadores del saqueo.

Lo más grave es el contexto. Mientras el canciller habla de “cooperación”, el gobierno de Trump bombardea Irán y apoya el genocidio sionista en Palestina. Los mismos misiles que se lanzan sobre Asia Occidental necesitan litio y cobre. El mismo complejo industrial que produce los aviones no tripulados que matan niños necesita tierras raras. Firmar una declaración de “consultas” sobre estos recursos en este momento no es un acto de neutralidad: es un alineamiento explícito con la maquinaria de guerra del imperialismo.

La historia de Chile está llena de estas “declaraciones” que terminaron convertidas en tratados leoninos. Primero son consultas, luego mesas técnicas, después contratos de explotación, finalmente enclaves mineros con leyes propias, paraíso fiscal dentro del territorio nacional y comunidades arrasadas. El libreto es conocido.

Mientras tanto, la prensa hegemónica —El Mercurio, Emol, los canales de televisión— reproducirá acríticamente la versión oficial de que “no hay acuerdo”, que “solo es una declaración”, que “hay que estudiar”. El pueblo trabajador debe estar alerta. Lo que está en juego no es un papel firmado en La Moneda. Es la soberanía sobre los recursos que deberían servir para financiar la salud, la educación, las pensiones dignas. Es la decisión de si Chile será un país independiente o una colonia minera a cielo abierto.

Como siempre, la burguesía chilena elige el lado de los de arriba. La clase trabajadora debe organizarse para defender lo que es suyo.

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