Dom. Mar 15th, 2026

La deuda silenciosa del capitalismo chileno: Más de 405 mil personas no saben leer ni escribir mientras el 53% de la población no comprende lo que lee

Mar 15, 2026
Foto El Mercurio

El Censo 2024 destapó una herida que el modelo se empeña en ignorar: 405 mil chilenos son analfabetos absolutos, de los cuales 81 mil son niños en edad escolar. Pero la cifra más obscena es otra: el 53% de los adultos es analfabeto funcional, incapaz de entender un texto simple o calcular una tasa de interés. Mientras la elite se frota las manos con la “estabilidad”, la clase trabajadora sigue condenada a la exclusión y la ignorancia programada.

Por Equipo El despertar

Hay heridas que duelen en silencio. No sangran, no se ven en las estadísticas de violencia ni en las cifras de crecimiento. Pero duelen igual. El analfabetismo en Chile es una de esas heridas: una llaga abierta que el sistema capitalista se ha encargado de mantener viva durante décadas, no por descuido, sino porque le es funcional.

Las proyecciones del Censo 2024, elaboradas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), son lapidarias: más de 405 mil personas en Chile declaran no saber leer ni escribir . De ese total, cerca de 81 mil son niños y niñas que, pese a estar en edad escolar —entre 7 y 14 años—, aún no han sido alfabetizados . Son menores que el sistema educativo expulsó o simplemente ignoró, y que ya arrastran una mochila que condicionará el resto de sus vidas.

“No saber leer ni escribir suele verse así: de forma silenciosa, con vergüenza e inventando pequeñas estrategias para ocultarlo”, describe un reportaje de El Mercurio . Bajar la vista frente a un formulario, fingir que no se alcanza a ver un letrero, preguntar “¿qué dice ahí?” . Ese es el día a día de medio millón de personas en el Chile del Bicentenario.

La doble cara de la exclusión educativa

Pero el problema no termina ahí. Chile no solo tiene analfabetos absolutos; tiene una legión de analfabetos funcionales. Según datos de la OCDE, más de la mitad de los chilenos entre 18 y 65 años no alcanza los estándares adecuados para tareas básicas como la comprensión lectora, las matemáticas elementales y las habilidades digitales . La encuesta PIAAC, aplicada en 2025, reveló que el 44% de los adultos chilenos se ubica en los niveles más bajos de comprensión lectora, matemáticas y resolución de problemas .

El exministro de Educación Marco Antonio Ávila lo reconoció con crudeza: “Sigue siendo un desafío para que muchas de estas personas puedan acceder a un empleo, al mundo del trabajo, y finalmente también a una realización personal” . Pero la “realización personal” de la que habla es un lujo para quienes pueden leer un contrato, entender una boleta o postular a un trabajo formal.

Los resultados del Simce 2025 confirman la tragedia: mientras en cuarto básico el 27% de los alumnos se ubica en el nivel “insuficiente” de lectura, la cifra escala al 42% en octavo básico y llega a un alarmante 48% en segundo medio . Es decir, casi la mitad de los estudiantes que están a punto de egresar de la enseñanza media no comprende lo que lee.

La geografía de la exclusión

La directora del Laboratorio de Aprendizaje de la Universidad Andrés Bello, Carmen Gloria Garrido, puso el dedo en la llaga: “Gran parte de este problema se explica por desigualdades sociales, territoriales. Las tasas de analfabetismo tienden a concentrarse ciertamente en sectores con mayores niveles de pobreza, zonas rurales o más aisladas, donde el acceso a veces a los recursos educativos suele ser más limitado” .

Comunas como Camarones, Camiña, Pumanque y Quemchi presentan tasas de analfabetismo que superan el 70%, mientras que en Vitacura, Las Condes y Providencia la cifra oscila entre el 4% y el 8% . La diferencia no es casualidad: es el resultado de un modelo que concentra los recursos en las comunas ricas y abandona a las periferias.

La región del Maule, por ejemplo, arrastra una historia de postergación. En 1960, provincias como Curicó, Talca y Linares tenían tasas de analfabetismo que rondaban el 28% . Hoy, la región sigue siendo una de las más afectadas, con un 7,7% de analfabetismo, por sobre el promedio nacional . “El problema no es de cobertura ni de escolarización, es de calidad”, advierte el académico Alejandro Espinoza Guzmán .

Analfabetismo económico: la ignorancia programada

Quizás el dato más brutal lo entrega un estudio de la Universidad Católica de 2017: el 70% de los chilenos no sabe calcular una tasa de interés simple . El promedio de conocimiento financiero en Chile es de 3,4 en una escala de 1 a 7 . Las personas de nivel socioeconómico alto obtienen 4,1 respuestas correctas en un test de alfabetización financiera, mientras que las de nivel bajo apenas alcanzan 2,9 .

Esto no es un accidente. Es una característica del sistema. Al capitalismo chileno no le conviene una clase trabajadora que entienda de intereses, que pueda calcular si le están robando en el crédito hipotecario, que sepa leer las letras chicas de los contratos. La ignorancia financiera es funcional a la usura, al endeudamiento perpetuo, a las AFP que administran los ahorros de los trabajadores sin que estos entiendan cómo funcionan.

“La falta de comprensión en estos temas puede tener consecuencias negativas tanto a nivel individual como colectivo”, advierte un análisis de la región del Maule . Decisiones como la adquisición de créditos, el ahorro, la inversión o la administración de pensiones son parte cotidiana, pero la mayoría de los chilenos opera a ciegas.

Programas que maquillan, no que resuelven

El Estado chileno ha implementado iniciativas como el programa “Contigo Aprendo”, que en más de dos décadas ha beneficiado a 160 mil personas . También existe la Educación de Personas Jóvenes y Adultas (EPJA), creada por Decreto Supremo en 2010 para garantizar el derecho a aprender en cualquier etapa de la vida . Sin embargo, solo 140 mil personas participan en la EPJA, menos del 3% del universo potencial de más de 4,6 millones de personas que no han completado su escolaridad .

El académico Alejandro Espinoza es crítico: “Podríamos pensar que nuestros analfabetos son los adultos mayores, quienes, tal vez, no habían sido considerados hasta ahora. ¿Qué se ha hecho por ellos? Existen varias políticas desarrolladas a lo largo de los años… entonces volvemos sobre la pregunta, ¿Por qué ha aumentado?” .

La respuesta incómoda es que el sistema no tiene interés real en alfabetizar. La educación de adultos es un nicho marginal, mal financiado, sin la prioridad política que requeriría un problema que afecta a millones.

La función social del analfabetismo

Desde una perspectiva marxista, el analfabetismo no es una falla del sistema, sino una de sus herramientas. Una población que no lee no cuestiona. Una población que no comprende no organiza. Una población que no calcula no defiende sus derechos ante la banca, las aseguradoras, los empleadores.

El exdecano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, Raúl Morales, lo dijo sin rodeos: “Ese es el gran drama que estamos enfrentando para los próximos años: el no tener una población con una instrucción apropiada para comprender lo que leen, para seguir el desarrollo de formularios, manejarse con las matemáticas elementales y con los programas digitales” .

Mientras tanto, la comparación internacional avergüenza. Argentina tiene una tasa de analfabetismo del 2,7%, Uruguay del 2,3%, Cuba del 0,2% . La Unesco establece que para declarar a un país “libre de analfabetismo”, la tasa no debe ser mayor al 3% . Chile, con su 6,4%, está muy lejos.

En 1960, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, Chile redujo el analfabetismo del 30% al 3% . Fue posible porque hubo voluntad política. Hoy, esa voluntad brilla por su ausencia. El capitalismo chileno prefiere tener 405 mil analfabetos y 8 millones de analfabetos funcionales. Le sale más barato que tener ciudadanos críticos.

Mientras no se entienda que el analfabetismo es una consecuencia directa de la desigualdad estructural, seguiremos viendo cómo los niños pobres son expulsados de la escuela, los adultos mayores son ignorados y la clase trabajadora sigue siendo funcionalmente ignorante para beneficio de quienes explotan su fuerza de trabajo. Esa es la verdadera deuda: la que el sistema tiene con los que nunca aprendieron a leer.

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