Mié. Mar 18th, 2026

El zar antiterrorista de Trump denuncia la farsa imperial: renuncia acusando a Israel de orquestar la guerra con Irán para servir a los intereses del complejo militar-sionista

Mar 17, 2026
Foto NDTV

Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, presentó su renuncia irrevocable este martes en una carta pública donde desnuda los mecanismos de la maquinaria bélica imperial: “Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que comenzamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”. El exboina verde, que perdió a su esposa en una guerra “fabricada por Israel”, se convierte en la primera baja política de la administración Trump y en un testigo de lujo de cómo las guerras del capital se cocinan en las cocinas del poder sionista mientras los soldados—carne de cañón de la clase trabajadora—pagan con sus vidas los negocios de los de arriba .

Por Equipo El Dspertar

La renuncia de Joe Kent, un halcón de la ultraderecha que hasta ayer dirigía la lucha antiterrorista del Imperio, ha estallado como una bomba en el corazón del aparato de seguridad estadounidense. En una carta dirigida a Donald Trump y difundida a través de sus redes sociales, Kent no solo oficializa su salida, sino que entrega un testimonio devastador sobre las verdaderas causas de la guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel .

“I cannot in good conscience support the ongoing war in Iran”, escribió Kent, argumentando que el conflicto no responde a ninguna necesidad de seguridad nacional sino a una operación de influencia orquestada desde Tel Aviv . El ahora exfuncionario detalla cómo “altos funcionarios israelíes y miembros influyentes de los medios estadounidenses desplegaron una campaña de desinformación que socavó por completo su plataforma de América Primero y sembró sentimientos belicistas para alentar una guerra con Irán” .

La denuncia adquiere una dimensión trágica cuando Kent evoca su propia historia: “Como veterano que se desplegó en combate 11 veces y como viudo de una Gold Star que perdió a mi amada esposa Shannon en una guerra fabricada por Israel, no puedo apoyar el envío de la próxima generación a luchar y morir en una guerra que no beneficia al pueblo estadounidense ni justifica el costo de vidas estadounidenses” . Shannon Kent, criptóloga de la marina, murió en un atentado suicida en Siria en 2019. Su viudo, que ha dedicado dos décadas a matar por el Imperio en Irak, Afganistán y Siria, hoy se rebela contra sus amos.

LA “CÁMARA DE ECO” DEL LOBBY SIONISTA Y LAS MENTIRAS QUE REPITEN LA HISTORIA

El paralelismo con 2003 es inevitable para Kent. En su misiva, denuncia que “esta cámara de eco se utilizó para engañarlo haciéndole creer que Irán representaba una amenaza inminente para Estados Unidos y que, si atacaba ahora, había un camino claro hacia una victoria rápida. Esto fue una mentira y es la misma táctica que los israelíes utilizaron para arrastrarnos a la desastrosa guerra de Irak que le costó a nuestra nación la vida de miles de nuestros mejores hombres y mujeres” .

La acusación es grave, pero no nueva. Lo novedoso es que quien la formula es el máximo responsable de la inteligencia antiterrorista, un hombre designado por Trump tras dos fracasadas campañas al Congreso donde abrazó las teorías más extremas del trumpismo—incluyendo la negacionismo electoral y la defensa de los asaltantes del 6 de enero—y cuya nominación fue cuestionada por sus vínculos con grupos de extrema derecha como los Proud Boys . Kent no es un pacifista: es un lobo del Imperio que ha visto las entrañas de la bestia y ha descubierto que las guerras no se hacen por la patria, sino por los negocios de una fracción del capital internacional.

La respuesta del establishment no se ha hecho esperar. Mientras sectores del trumpismo más cerril lo acusan de “traidor” y le desean “good riddance” (que le vaya bonito) , el propio Donald Trump salió a descalificarlo: “Es un buen tipo, pero muy débil en seguridad”, declaró a la prensa, añadiendo que “quienes creen que Irán no representa una amenaza no tienen cabida en mi administración” . La presidenta de la Conferencia Republicana de la Cámara, Elise Stefanik, fue más directa: “Su renuncia es una buena noticia para la seguridad nacional” .

LAS CONTRADICCIONES DEL IMPERIO Y EL SILENCIO DE LOS CÓMPLICES

Pero Kent no está solo. El podcaster ultraderechista Tucker Carlson, uno de los mayores influenciadores de la base trumpista y amigo personal del renunciante, lo ha defendido como “el hombre más valiente que conozco” . La ex congresista Marjorie Taylor Greene, también crítica de la guerra, había sentenciado semanas atrás que “la guerra con Irán es América Last y votamos en contra” . La grieta en el campo imperial se profundiza.

Del otro lado, la administración Trump celebra sus bombardeos: más de 7.000 objetivos alcanzados en Irán, la fuerza aérea iraní degradada, el programa de misiles en retroceso, según el propio mandatario . Pero el costo humano ya es cuantificable: al menos 13 soldados estadounidenses muertos, 10 heridos graves y unos 200 heridos leves . Cifras que no incluyen a los miles de iraníes masacrados, porque esos, para Washington, no cuentan.

Las encuestas muestran el descontento: el 53% de los votantes se opone a la guerra, incluyendo el 89% de los demócratas y el 60% de los independientes . Pero la maquinaria sigue adelante, porque como denuncia Kent, las decisiones no las toma el pueblo, sino una “cámara de eco” donde confluyen los intereses del lobby sionista, los fabricantes de armas y los medios hegemónicos.

LA TRAGEDIA DE CLASE DETRÁS DE LA RENUNCIA

Lo que los grandes medios omiten es la dimensión de clase de esta historia. Joe Kent, el boina verde que ascendió hasta la cúpula de la inteligencia, es un producto típico de la movilidad militar que ofrece el Imperio a los hijos de la clase trabajadora: 11 despliegues, dos décadas de servicio, una esposa muerta en combate . Su rebeldía final no es la de un iluminado, sino la de un soldado raso que descubre que las guerras que pelea no son por su país, sino por los intereses de una elite que nunca pone a sus hijos en el frente.

Su jefa formal, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional y otrora crítica de las guerras de Washington, guarda un elocuente silencio desde que comenzó el conflicto . Kent fue su jefe de gabinete mientras esperaba confirmación, y hoy su renuncia la deja en una posición incómoda: o respalda a su subordinado y desafía a Trump, o se pliega al discurso oficial y traiciona sus propias convicciones antiguerra. Por ahora, opta por la invisibilidad.

EPÍLOGO: UN TESTIGO INCÓMODO EN EL TRIBUNAL DE LA HISTORIA

La renuncia de Kent no detendrá las bombas sobre Irán. El Pentágono ya prepara nuevas oleadas de ataques y el lobby sionista celebra en Washington con champán kosher. Pero su testimonio queda registrado para la historia: un alto funcionario del aparato de seguridad imperial admitiendo que la guerra se fabrica en laboratorios de propaganda, que las amenazas se inventan, que las vidas de los soldados—esos hijos de la clase obrera que engrosan las filas del ejército por falta de oportunidades—se sacrifican en el altar de las ganancias de la industria armamentista y los intereses geopolíticos de una potencia extranjera.

“Rezo para que reflexione sobre lo que estamos haciendo en Irán, y para quién lo estamos haciendo”, escribió Kent en su carta a Trump . Esa reflexión, que debería interpelar a toda la clase trabajadora estadounidense, es la misma que los pueblos de Medio Oriente vienen haciéndose desde hace décadas. La respuesta, mientras tanto, sigue cayendo del cielo en forma de misiles.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *