Mié. Mar 18th, 2026

La derecha tradicional se distancia del ecocidio: Matthei critica a Kast por el retiro de 43 decretos ambientales mientras ambos compiten por administrar el mismo modelo extractivista

Mar 18, 2026
FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIA UNO

En un inusual quiebre público en el campo de la derecha, la excandidata presidencial Evelyn Matthei salió a marcar distancia del gobierno de José Antonio Kast luego de que la nueva administración retirara 43 decretos de protección ambiental que se encontraban en trámite en la Contraloría. “Chile necesita crecer y atraer grandes inversiones con agilidad, pero este progreso no puede ser a costa de nuestro patrimonio natural”, declaró la exalcaldesa, en un gesto que no cuestiona el fondo del modelo extractivista sino que disputa la forma de administrarlo, mientras las comunidades de las zonas de sacrificio siguen esperando medidas concretas para dejar de enfermar por la contaminación .

Por Equipo El Despertar

La decisión del gobierno de Kast de retirar de la Contraloría 43 decretos ambientales firmados entre 2023 y 2026 por la administración anterior ha abierto una grieta inesperada en el bloque dominante . Entre las normas sepultadas figuran la creación de cinco parques nacionales, la declaración del pingüino de Humboldt como monumento natural, los planes de recuperación de la ranita de Darwin, las normas de emisión para centrales termoeléctricas y fundiciones de cobre, y los planes de descontaminación para zonas saturadas como Puerto Aysén y el Lago Villarrica .

La medida, defendida por el gobierno como una “revisión técnica” necesaria para “fortalecer la inversión” , ha encendido las alarmas incluso en medios internacionales. Bloomberg advirtió sobre el impacto de la decisión, calificándola como un “movimiento radical que amenaza con dañar las credenciales ecológicas de Chile” . Pero la reacción más significativa ha venido desde dentro del propio campo de la derecha.

LA DECLARACIÓN DE MATTHEI: ENTRE EL CÁLCULO POLÍTICO Y LA DEFENSA DEL PATRIMONIO

A través de su cuenta en X, Evelyn Matthei rompió el silencio para responder a las consultas de sus seguidores sobre la polémica ambiental. “Muchos de ustedes me han preguntado sobre el retiro de decretos que protegen a especies nativas de nuestro país. Mi postura es clara: Chile necesita crecer y atraer grandes inversiones con agilidad, pero este progreso no puede ser a costa de nuestro patrimonio natural”, escribió la exministra del Trabajo .

En su mensaje, Matthei añadió una expectativa que revela su preocupación por las consecuencias políticas de la medida: “Espero que la revisión de estas normativas nos permita alcanzar un equilibrio real, donde el desarrollo de Chile avance de la mano con la protección de nuestra fauna y medio ambiente” .

Desde una perspectiva marxista, lo relevante no es el contenido aparente de la declaración —una defensa del “equilibrio” entre desarrollo y naturaleza— sino lo que revela sobre las contradicciones al interior del bloque dominante. Matthei no cuestiona el modelo extractivista ni la necesidad de “atraer grandes inversiones” —léase, facilitar el saqueo de los recursos naturales por parte de las transnacionales y los grandes grupos económicos— sino que advierte sobre los costos políticos de hacerlo de manera tan brutal y explícita.

LA RESPUESTA DEL GOBIERNO: ENTRE LA JUSTIFICACIÓN TÉCNICA Y LA OFENSIVA POLÍTICA

Desde el Ejecutivo, la vocera de gobierno, Mara Sedini, ha defendido la decisión argumentando que “estos decretos fueron entregados y propuestos a última hora por el gobierno anterior. Esto implica que nosotros, de manera responsable, lo que hemos hecho es retirarlos para poder analizarlos” . La portavoz añadió que “si es que cumplen con todos los requisitos y en beneficio de Chile, los volveremos a poner. Algunos los revisaremos, los modificaremos y veremos como corresponde volver a integrarlos o retirarlos definitivamente” .

El ministro Segpres, José García Ruminot, fue más explícito al señalar que el objetivo es “fortalecer la inversión”, porque “a nosotros nos falta flexibilidad en la protección del medioambiente, en la protección de ciertas especies” . La declaración es una confesión de parte: para este gobierno, la protección ambiental es un estorbo que hay que “flexibilizar” para que el capital pueda operar sin cortapisas.

LA DISPUTA POR LA HEGEMONÍA DENTRO DEL BLOQUE DOMINANTE

Lo que está en juego en esta polémica no es el destino del pingüino de Humboldt o la ranita de Darwin —especies que, dicho sea de paso, habitan territorios amenazados por la actividad industrial— sino la disputa entre dos fracciones de la burguesía por la conducción del Estado.

Por un lado, el gobierno de Kast representa a la fracción más dura del capital, aquella que busca desregular sin contemplaciones, que ve en cada norma ambiental un obstáculo a las ganancias y que está dispuesta a pagar el costo político de una imagen internacional deteriorada con tal de satisfacer las demandas inmediatas de los sectores mineros, energéticos y agroexportadores que financiaron su campaña.

Por otro lado, Matthei y la derecha tradicional que ella encarna —la UDI histórica, los restos de Chile Vamos— representan a una fracción que necesita administrar el modelo con cierta “responsabilidad” para garantizar su reproducción a largo plazo. No se oponen al extractivismo, sino a sus excesos más grotescos, no por convicción ecológica sino por cálculo electoral: saben que las comunidades de las zonas de sacrificio votan, que la imagen internacional de Chile importa para los negocios, y que un gobierno demasiado explícito en su servicio al gran capital puede generar resistencias ingobernables.

El medio Tiempo21 lo expresó con precisión: la reaparición de Matthei en este debate “no solo reabre la discusión sobre el rumbo ambiental del país, sino que también evidencia tensiones dentro del propio sector político del oficialismo, en un tema donde confluyen desarrollo económico, regulación y protección del entorno” .

LO QUE NO DICE MATTHEI: EL MODELO QUE NINGUNA DERECHA CUESTIONA

Lo que la declaración de Matthei omite cuidadosamente es cualquier cuestionamiento al modelo económico que hace posible el ecocidio. No hay una palabra sobre el hecho de que Chile es uno de los países más vulnerables al cambio climático a nivel mundial, sometido a sequías, olas de calor y retroceso de glaciares . No hay mención a las cinco “zonas de sacrificio” donde la contaminación enferma a sus habitantes hasta cuatro veces más que la media nacional . Tampoco hay crítica alguna a los grandes grupos económicos —los Luksic, los Matte, los Angelini— cuyas faenas mineras, termoeléctricas y forestales son las principales responsables de la devastación ambiental.

Matthei propone “equilibrio”, pero el equilibrio en el capitalismo siempre se inclina del lado del más fuerte. Mientras ella y Kast se disputan quién administra mejor el saqueo, las comunidades de Quintero-Puchuncaví siguen esperando que alguien les devuelva el derecho a respirar aire limpio, los pescadores artesanales ven morir sus caladeros por la contaminación industrial, y los habitantes del sur del país observan cómo las aguas de sus lagos se tiñen de verde por los bloom de algas alimentados con los fertilizantes de la agroindustria.

EPÍLOGO: LA GRIETA QUE NO ALCANZA PARA CAMBIAR NADA

La crítica de Matthei a Kast no es una defensa del medio ambiente: es una disputa por la hegemonía dentro del bloque dominante. Es el reconocimiento de que la brutalidad del nuevo gobierno puede resultar contraproducente para los propios intereses del capital a mediano plazo, generando resistencias sociales y deteriorando la imagen internacional que Chile necesita para seguir atrayendo inversiones extractivistas.

Pero para las comunidades que luchan por defender sus territorios, la diferencia entre Kast y Matthei es una diferencia entre dos gestores del mismo modelo. Ambos defienden el crecimiento a cualquier costo, ambos responden a los mismos grupos económicos, ambos ven la naturaleza como un recurso explotable. La única diferencia es que uno está dispuesto a dinamitar los puentes mientras cruza el río, mientras la otra prefiere asegurarse de que los pilares no se caigan antes de tiempo.

Mientras tanto, los 43 decretos siguen en suspenso. El pingüino de Humboldt espera. La ranita de Darwin espera. Las comunidades de Aysén y Villarrica esperan. Y el gobierno de Kast, con el silencio cómplice de la derecha tradicional cuando no está en juego su capital político, se prepara para “revisar” y “modificar” hasta que las normas ambientales sean lo suficientemente flexibles como para no estorbar el negocio de siempre.

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