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La tregua que no fue: Israel arrasa el Líbano mientras el imperio mira hacia otro lado y la Resistencia responde con cohetes

Abr 9, 2026

Mientras Donald Trump proclamaba una “era dorada” tras pactar un alto el fuego de dos semanas con Irán, el Ejército de Israel lanzaba su mayor ofensiva contra el Líbano desde el inicio de la guerra, dejando más de 260 mártires y 1.200 heridos en apenas 24 horas. El mediador paquistaní había asegurado que el cese de hostilidades incluía a todos los frentes, pero Washington y Tel Aviv lo desmintieron de inmediato. La hipocresía del imperio quedó al desnudo: mientras la ONU condenaba las matanzas con la retorica inservible de siempre, el vicepresidente estadounidense admitía que nunca hicieron la promesa de cesar los combates contra Hezbolá. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, al espectáculo de un imperialismo que finge negociar la paz mientras sus aliados masacran a sangre fría.

Por Equipo El Despertar

La madrugada del martes, el presidente de Estados Unidos, un Donald Trump carente de toda credibilidad y respeto, anunció con bombo y platillo un alto el fuego de dos semanas con Irán, mediado por Pakistán. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, fue incluso más lejos: aseguró que el cese de las hostilidades incluía “a todas las partes del conflicto en Oriente Medio”, mencionando explícitamente al Líbano. La euforia duró apenas unas horas.

El miércoles por la mañana, el gobierno de Israel emitió un comunicado lapidario: apoya la tregua con Irán, pero esta “no incluye al Líbano”. El primer ministro Benjamín Netanyahu fue gráfico: “La batalla en el Líbano continúa”. La Casa Blanca, lejos de corregir a su aliado, secundó la posición. El vicepresidente JD Vance lo admitió sin pudor: “Nunca hicimos esa promesa. Nunca indicamos que eso fuera a suceder”.

La hipocresía es la moneda corriente del imperio. Pakistán había oficiado de mediador con la anuencia de Washington, pero cuando se trató de salvar las apariencias, la Casa Blanca no dudó en desautorizar a su propio mensajero. El Líbano, una vez más, quedó fuera del mapa de los intereses estratégicos del capital.

160 bombas en 10 minutos: la masacre del miércoles

Tan pronto como Netanyahu aclaró que la tregua no alcanzaba al país vecino, la maquinaria de guerra israelí se desató con una ferocidad inusitada. En apenas 10 minutos, la aviación sionista lanzó más de 160 bombas sobre territorio libanés, atacando más de un centenar de objetivos que, según Tel Aviv, pertenecían a Hezbolá. La mayoría de los bombardeos se concentraron en barrios residenciales y comerciales de Beirut, así como en el sur del país y el valle de la Bekaa.

Las imágenes transmitidas por las agencias de noticias mostraban columnas de humo negro elevándose sobre la capital libanesa y edificios de apartamentos reducidos a escombros. Una ambulancia fue alcanzada en Al Hulaylah, causando varias víctimas mortales. El puente de Al Qasmiyah, que conecta las ciudades de Saida y Tiro, fue destruido, dejando prácticamente incomunicada la región más meridional del país.

El saldo oficial, actualizado por el Ministerio de Salud libanés en la mañana del jueves, es de 260 mártires y más de 1.200 heridos. La Defensa Civil eleva la cifra de fallecidos a 254 personas solo en la jornada del miércoles. Médicos Sin Fronteras (MSF) reportó una “afluencia masiva de heridos” en los hospitales de Beirut, donde los equipos médicos trabajan contrarreloj para salvar vidas mientras las salas de espera se convierten en morgues improvisadas.

Hezbolá responde: cohetes contra el norte de Israel

Hezbolá, fiel a su palabra, no tardó en responder. En la madrugada del jueves, el grupo chií anunció el lanzamiento de una salva de cohetes contra la localidad israelí de Al-Manar, en el norte del país. En un comunicado, la Resistencia libanesa aseguró que sus ataques continuarán hasta que la “agresión estadounidense-israelí” termine, actuando en “defensa del Líbano y su gente y en respuesta a la violación del enemigo del acuerdo de alto el fuego”.

“Nos habíamos comprometido con el cese de las hostilidades, pero el enemigo no lo hizo”, afirmó el grupo, que había contenido sus ataques durante horas después del anuncio de la tregua. Las FDI confirmaron los impactos en el norte del país, aunque no reportaron víctimas fatales.

El imperio finge que condena mientras financia la matanza

La comunidad internacional reaccionó con la hipocresía que la caracteriza. El secretario general de la ONU, António Guterres, acogió con beneplácito la tregua entre Washington y Teherán, pero su portavoz advirtió que la actividad militar israelí en Líbano ponía en “grave riesgo” la paz regional. La ONU condenó “enérgicamente” los ataques, pero no anunció ninguna medida concreta.

El presidente francés, Emmanuel Macron, instó a Trump y al mandatario iraní, Masoud Pezeshkian, a incluir al Líbano en el alto el fuego para que sea “creíble y duradero”. Horas después, Macron llamaba a Netanyahu para expresarle su “preocupación” por las víctimas civiles, sin exigir el cese de los bombardeos.

Irán, por su parte, elevó el tono. El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, calificó la continuación de la violencia como una violación al plan de paz, advirtiendo que hace “irrazonable” seguir negociando. Fuentes oficiales iraníes señalaron a la agencia Tasnim que la Guardia Revolucionaria podría retirarse del acuerdo si Israel continúa sus ataques contra Líbano. Incluso se detuvo el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz en respuesta a la masacre.

La estrategia de la destrucción sistemática

El ministro de Salud libanés, Rakan Nassereddine, informó que se enviaron cerca de 100 ambulancias de la Cruz Roja para trasladar a los heridos, y el Centro Médico de la Universidad Americana de Beirut hizo un llamado urgente a donaciones de sangre. Los hospitales, desbordados, trabajan con recursos mínimos mientras el mundo observa en silencio.

El representante de la ONU en Líbano describió la situación como “dramática” y “enorme”. “Se cree que pueden haber muerto cientos de personas y, sin duda, hay muchas víctimas. Los hospitales están desbordados. Y, por supuesto, hay una enorme petición de donaciones de sangre en todo el país”, declaró en videoconferencia desde Beirut.

Mientras tanto, las fuerzas israelíes avanzan en el sur del país con el objetivo de controlar el 8% del territorio libanés hasta el río Litani. La destrucción del puente de Al Qasmiyah es parte de una estrategia para incomunicar la región más meridional y facilitar una ocupación a largo plazo.

La hipocresía como política de Estado

Lo ocurrido en las últimas 48 horas no es una anomalía en la política exterior de Washington y Tel Aviv. Es su esencia. Mientras Trump firma treguas que no cumplirá, los misiles siguen cayendo sobre civiles. Mientras la ONU condena las matanzas, sus miembros permanecen en silencio cómplice. Mientras Macron expresa su “preocupación”, las bombas financiadas por sus países siguen destruyendo hospitales y escuelas.

El representante de la ONU en Líbano fue claro: tras el anuncio de alto el fuego en Irán, había expectativas de que se incluyera el Líbano en el acuerdo. “Y, sin embargo, los acontecimientos han sido drásticamente diferentes”. Diferentes porque el imperio nunca tuvo intención de incluir al Líbano. Diferentes porque la guerra contra Hezbolá es, en los hechos, una guerra contra la Resistencia, contra la dignidad de los pueblos que se niegan a ser sometidos.

Hezbolá ha dejado claro que sus ataques continuarán. La sangre de las víctimas, aseguró el grupo, “no será derramada en vano”. La clase trabajadora del mundo debe preguntarse: ¿cuántas masacres más tendremos que soportar antes de que comprendamos que la única salida a esta barbarie no es una nueva ronda de negociaciones imperialistas, sino la organización internacional de los pueblos contra el sistema que las genera?

Mientras tanto, en el Líbano, los hospitales siguen desbordados, los escombros humean y las familias entierran a sus muertos. Y el imperio, con su hipocresía intacta, sigue hablando de “paz”.

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