El Pentágono confirmó en las últimas horas la incautación de otro petrolero vinculado a Irán en el océano Índico, en lo que constituye la cuarta incautación de este tipo en apenas siete días. El buque “Majestic X”, que navegaba bajo bandera de Guyana con destino a China, fue abordado por fuerzas especiales estadounidenses mientras transportaba crudo iraní, según el comunicado oficial. Esta nueva agresión en alta mar no es un acto aislado de “control marítimo”, sino la continuación de la guerra económica que Washington libra contra la República Islámica desde el inicio del conflicto hace más de dos meses.
Por Equipo El Despertar
Washington D.C. / Teherán. La maquinaria de guerra del imperio no descansa ni siquiera durante la frágil tregua que rige desde hace tres semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán. Este jueves, el Departamento de Guerra —nombre que la administración Trump recuperó para el Pentágono en un gesto de inequívoca vocación belicista— confirmó la incautación de un nuevo petrolero vinculado a Teherán. La operación se produjo durante la noche del miércoles en el océano Índico, bajo la jurisdicción del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos. El buque abordado, identificado como “Majestic X”, navegaba sin una nacionalidad clara (aunque registros previos lo vinculan con Guyana), lo que fue utilizado por Washington para justificar la intervención bajo el alegato de que “las aguas internacionales no pueden servir de refugio para actores sancionados”.
Este abordaje no fue un hecho fortuito. Las imágenes difundidas por la agencia Associated Press y replicadas por medios internacionales muestran a comandos navales estadounidenses descendiendo por cuerdas sobre la cubierta del inmenso buque cisterna, en una operación que pretendió mostrarse como un acto rutinario de “aplicación de la ley marítima”. Sin embargo, la declaración del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) delató la verdadera naturaleza de la acción. En ella, se jactaban de haber desviado 31 buques y de estar escoltando el superpetrolero “Dorena” con un destructor en el océano Índico tras supuestamente violar el bloqueo. La guerra contra Irán ya no se limita al estrecho de Ormuz; se ha extendido a todo el océano Índico.
La farsa del “bloqueo legal” y la realidad de la piratería de Estado
La Casa Blanca intenta vender estas incautaciones como parte de un “bloqueo legal” justificado por las sanciones económicas contra el programa nuclear y el “apoyo al terrorismo” de la República Islámica. La realidad material, sin embargo, es muy distinta. Irán, dueño de la segunda reserva de gas natural del mundo y de la cuarta de petróleo, se ha convertido en el eslabón débil que el imperio intenta romper para asegurar el control de los flujos energéticos globales. Al impedir que Teherán venda su crudo en los mercados internacionales —particularmente aquellos que son vitales para el crecimiento de China, India y el sudeste asiático— Washington busca doblegar la economía iraní y, sobre todo, enviar un mensaje a cualquier nación que ose desafiar la hegemonía del dólar y la predominancia de Occidente en el comercio marítimo.
El hecho de que el “Majestic X” hubiera sido previamente sancionado en 2024 y que intentara descargar cerca de dos millones de barriles de crudo en puertos chinos no es un detalle menor. China, la principal potencia económica rival del imperialismo y comprador clave del petróleo iraní, es el verdadero objetivo disuasivo de esta escalada.
Piratería en nombre del “orden internacional”
Mientras los comandos estadounidenses abordaban el petrolero “Majestic X”, Irán volvía a mostrar su poder de fuego en el estrecho de Ormuz. La contradicción es insalvable: la Casa Blanca condena a Teherán por “bloquear” el paso marítimo clave del mundo, mientras mantiene una flota de guerra apostada en el Mar Rojo y el océano Índico para asaltar navíos por “violación de sanciones”. Es la lógica del más fuerte, la justificación del amo sobre el esclavo. La respuesta de la Resistencia no se hizo esperar: Irán ha capturado dos buques mercantes y ha advertido que las fuerzas navales estadounidenses serán recibidas con misiles si intentan penetrar en sus aguas territoriales.
El costo humano y social del bloqueo imperialista
La clase trabajadora global es la principal víctima de esta política de saqueo. El cierre del estrecho de Ormuz y las incautaciones sistemáticas de petroleros en el Índico han disparado los precios del crudo, tensionado las cadenas de suministro y elevado el costo del transporte y la electricidad en todo el planeta. Las consecuencias no se sufren en las torres de cristal de Wall Street ni en los palacios de los jeques del Golfo; se sufren en la mesa del obrero chino, en la cartera del trabajador indio y en el bolsillo del campesino latinoamericano, que debe pagar el pan y la gasolina más caros para que el imperio conserve su capacidad de coerción.
Estados Unidos solo obtendrá una victoria si logra asfixiar la economía de Irán sin que el contagio afecte a la suya propia. Pero la historia está demostrando quién tiene la razón. Los pueblos del Sur Global no están dispuestos a arrodillarse. China, Rusia y los BRICS ya han comenzado a construir arquitecturas financieras alternativas que prescindan del dólar como moneda de cambio para el petróleo. El bloqueo imperialista no detendrá el avance de un mundo multipolar.
La incautación del “Majestic X” es una demostración de poder, pero también un síntoma de desesperación. El imperio sabe que su dominio hegemónico se resquebraja, y recurre a la piratería de Estado para defender sus intereses. Mientras la aviación y la marina de la OTAN siembran muerte y miseria para defender las ganancias de las transnacionales, la Resistencia continúa su lucha en todos los frentes. La guerra continúa. Y seguirá hasta que el pueblo iraní y sus aliados determinen que es momento de ponerle fin, bajo sus propias condiciones y con su soberanía intacta.
La única manera de detener a los piratas es construir un mundo donde las rutas marítimas y los recursos energéticos sean gestionados por la humanidad en su conjunto, y no por las armadas de los amos del capital. Mientras eso no ocurra, la lucha de clases seguirá reflejándose en cada ataque a un petrolero en alta mar.
