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La “oposición fingida” de RN ante el Proyecto de Reconstrucción de Kast: Ruido político para esconder un pacto blindado con el capital

Abr 23, 2026
Foto The Clinic

A solo días del ingreso de la megainiciativa del Ejecutivo, la reacción de los diputados y senadores de Renovación Nacional (RN) ha dejado al desnudo la verdadera función de clase de la denominada “centroderecha”: un aliado leal al modelo y al grupo económico que lo sustenta, que necesita hacer ruido político de cara a sus votantes, pero que jamás estará dispuesto a romper la lógica de los privilegios de los que son parte.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El ruido que han emitido algunos parlamentarios de RN en los últimos días era parte de un guion ya estudiado. La diputada Ximena Ossandón aseguró que le advirtieron al Presidente que en su colectividad “no hay discolaje”, un intento de mostrarse como un partido díscolo o con capacidad de veto dentro del oficialismo. Incluso, se filtraron voces en el partido que pedían “parcelar” el proyecto en distintas iniciativas para lograr el éxito de la discusión.

Sin embargo, toda la ficción se desvaneció en el momento de la verdad: la bancada de diputados de RN decidió respaldar decididamente el Plan de Reconstrucción Nacional impulsado por el gobierno de José Antonio Kast, en un solo paquete y apoyando incluso las rebajas tributarias. “Apoyar con decisión el proyecto de ley que ingresará el Gobierno del Presidente José Antonio Kast en materia económica, social y tributaria, de manera que se presente como un único proyecto que se tramite de la manera más expedita posible”, señaló el comunicado oficial de la colectividad.

La teoría del “chorreo” renovada por RN

La presidenta del Senado, Paulina Núñez, salió a defender la rebaja de impuestos a las grandes empresas, uno de los puntos más controversiales del paquete, argumentando la manida teoría del derrame: “Si una empresa paga menos impuestos, evidentemente va a invertir más”. Núñez pidió “salir de las caricaturas” y “altura de miras”, desestimando las críticas que señalan que este plan es un regalo de aproximadamente 4 mil millones de dólares al gran empresariado a costa de los derechos sociales de la mayoría.

Esta postura no solo alinea a RN con los intereses de los megaempresarios y grupos de inversión extranjera, sino que intenta vender un paquete de medidas que, según datos del proyecto, incluye una invariabilidad tributaria por 25 años para grandes inversiones, un blindaje constitucional antidemocrático para que ningún Congreso futuro pueda revisar este saqueo fiscal.

La función de clase del “fuego amigo”

El analista político y militante de izquierda, Juan Carlos Barrientos, sostiene que la estrategia quedó clara: “La derecha necesitaba crear la ficción de un debate interno para evitar que se dijera que los planes de Kast eran una copia al carbón de lo que siempre han hecho la UDI y RN. Necesitaban mostrarse institucionales y dialogantes frente a la ciudadanía que les exige contención, pero en el fondo, su voto por los recortes a la gratuidad y las rebajas a los impuestos es irrestricto”.

La diputada Ossandón intentó maquillar su decisión argumentando que “el programa no está escrito en piedra”, una frase vacía cuando al final del camino sus votos terminan siendo funcionales al recorte de derechos para los sectores populares.

Conclusión: El nuevo estándar de la derecha

Mientras el gobierno de Kast afirma que la oposición recurre al “populismo”, la realidad es que RN, al igual que el grueso del bloque oficialista, ha optado por apoyar un paquete que contiene lo peor para la clase trabajadora: reducción del 27% al 23% del impuesto corporativo, flexibilización de los permisos ambientales y ajustes fiscales que golpean a la salud pública y la educación.

La clase trabajadora chilena no debe confundirse: la derecha no está dividida; está afinando la maquinaria de la explotación. RN no es una fuerza de oposición, es una pieza clave del engranaje que intenta consolidar un modelo de acumulación por desposesión, adaptado a la nueva crisis económica. Mientras sus parlamentarios simulan tironeos y “diferencias programáticas”, en los hechos, sus votos en el Congreso blindan al capital.

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