Tras consolidar una estrategia que eliminó la mortalidad por Virus Respiratorio Sincicial (VRS) en lactantes durante dos años consecutivos, la Casa de Bello —con el respaldo del Estado y un trabajo interdisciplinario entre la salud y la ingeniería— ya investiga políticas similares contra la influenza, el rotavirus y el citomegalovirus. Mientras el gobierno de Kast anuncia recortes en salud y pone en jaque la continuidad de estos programas, la institución estatal reafirma que “nos debemos al Estado”, demostrando que cuando existe voluntad política y financiamiento público acorde, la vida de los más vulnerables puede protegerse por encima del lucro.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. Emular el modelo aplicable a otras enfermedades propias de la infancia, como el rotavirus y la influenza, es la nueva tarea que la Universidad de Chile se ha propuesto tras el éxito histórico de la inmunización con el anticuerpo monoclonal Nirsevimab. Este avance, implementado por el Estado chileno a través del Ministerio de Salud, fue posible gracias al trabajo pionero de investigadores de la Facultad de Medicina y del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI) de la Casa de Bello. Según detalla una reciente publicación en The Lancet Regional Health – Americas, los resultados de los dos primeros años (2024-2025) son contundentes: se redujo a cero la mortalidad por virus respiratorio sincicial en niños menores de un año, una hazaña que ningún país de la región había alcanzado. A nivel hospitalario, las hospitalizaciones generales por VRS cayeron más de un 80% y los ingresos a Unidades de Cuidados Intensivos se redujeron un 85%, evitando el colapso histórico de las camas críticas pediátricas durante los meses invernales.
La evidencia que derribó la fatalidad
Leonardo Basso, director del ISCI, explicó que “el virus respiratorio sincicial nos hacía una pequeña pandemia todos los años”, pero la decisión firme del Estado de adquirir esta nueva tecnología y aplicarla de forma universal y gratuita transformó por completo el panorama. Un estudio de la Universidad de Chile publicado en The Lancet demostró en duros indicadores económicos el ahorro generado: se evitaron más de 59 mil días de cama en cuidados básicos, 25 mil días en UCI y más de 25 mil consultas de urgencias médicas. La inversión estatal superior a los $136 mil millones de pesos en la campaña 2025 no solo salvó vidas, sino que significó un alivio sin precedentes para las familias trabajadoras que ya no tuvieron que abandonar sus empleos o endeudarse para enfrentar una internación de sus hijos.
El horizonte: influenza, rotavirus y citomegalovirus
El salto de calidad está en marcha. “Como universidad estatal, nos debemos al Estado y trabajamos con el gobierno que esté a cargo”, subrayó Basso en Cooperativa, dando cuenta del compromiso de la universidad pública con la soberanía sanitaria. En la actualidad, el equipo de académicos ya está “comenzando a trabajar con influenza y cómo lo podemos hacer mejor, o con otros virus como el rotavirus o el citomegalovirus”. El objetivo no es menor: conocer con precisión la carga que genera la influenza en adultos mayores, evaluar la relación costo-efectividad de una vacuna universal contra el rotavirus y establecer testeos masivos para detectar de forma temprana el citomegalovirus en recién nacidos, una enfermedad que puede producir sordera irreversible durante la infancia.
El desafío pendiente: la continuidad del programa
Sin embargo, los próximos pasos de esta política pública enfrentan un escenario incierto. El gobierno entrante de José Antonio Kast ha anunciado recortes transversales al presupuesto ministerial y una lógica de “Estado mínimo” que pone en riesgo la continuidad de la campaña preventiva. La ministra saliente de Salud, Ximena Aguilera, ya había advertido que “estamos disponibles cuando ya se sepa quiénes son las nuevas autoridades, mostrarles con todo detalle cómo son las estrategias del invierno y dar esta continuidad”. En medio de la tensión, hoy los nuevos grupos de riesgo aún aguardan la confirmación oficial de la campaña 2026, mientras los especialistas insisten en que cualquier retroceso implicaría un “retorno a las épocas de colapso y muerte infantil evitable”.
La clase trabajadora debe estar atenta. El modelo que permitió derrotar al sincicial demuestra que el Estado, orientado por la ciencia y con recursos suficientes, puede contener las patologías más letales y ahorrar sufrimiento. Pero el mismo modelo no resiste los embates del ajuste neoliberal. La alerta está lanzada: para que la hazaña con el sincicial y las futuras estrategias contra la influenza y el rotavirus se consoliden, se necesita la movilización popular y el blindaje presupuestario de la salud pública. De lo contrario, los frutos de la investigación quedarán condenados al cementerio de las buenas intenciones.
