Vie. Abr 17th, 2026

Pantomima Imperial: La Tregua que Disfraza la Ocupación

Abr 17, 2026

Mientras la retórica de Donald Trump y Benjamin Netanyahu celebra un “alto el fuego histórico” en Líbano, las bombas de Israel no han dejado de caer. Detrás de las cámaras diplomáticas, las potencias occidentales negocian la redistribución de sus esferas de influencia. El sufrimiento de los pueblos de Irán y Líbano es el precio que pagan por un orden internacional que, lejos de buscar la paz, reordena sus mecanismos de dominación.


Por Equipo El Despertar

La tregua de papel y las balas de verdad

El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció con bombo y platillo un alto el fuego de 10 días entre Israel y Líbano, una pausa que entraría en vigor a las 21:00 hora local del jueves. Pero apenas horas después de que comenzara la tregua, las fuerzas libanesas ya acusaban a Israel de violarla con “bombardeos intermitentes que afectan a varios pueblos” en el sur del país. El ejército israelí, lejos de retirarse, advirtió a los residentes que no se desplazaran al sur del río Litani, zona que sus tropas seguirían ocupando durante la supuesta pausa. Como sentenció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz: el ejército “mantiene y seguirá manteniendo todos los territorios que ha liberado y ocupado”.

Esta “tregua” no es más que una operación de marketing imperial. Israel planea crear una zona de seguridad de hasta 10 kilómetros dentro del territorio libanés, una anexión de facto que ningún comunicado de prensa puede maquillar. Como ha escrito el teórico marxista Domenico Losurdo, “la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud”, y aquí la virtud se llama “paz”, mientras el vicio se llama ocupación.

El saldo de sangre que los medios no cuentan

Mientras las grandes cadenas internacionales se concentran en las idas y venidas de los negociadores, las cifras reales de esta masacre siguen creciendo en el anonimato. Desde el 2 de marzo, los ataques israelíes en Líbano han matado al menos a 2.196 personas y han herido a 7.185, según el Ministerio de Salud libanés. Entre las víctimas se cuentan 254 mujeres y 168 niños; más de un millón de personas han sido desplazadas de sus hogares. Los equipos de rescate también han sido blanco: un ataque “triple” en la ciudad sureña de Mayfadoun mató a cuatro paramédicos e hirió a otros seis.

Hezbolá, por su parte, ha respondido lanzando cohetes hacia el norte de Israel, hiriendo al menos a una persona en la ciudad de Tamra, mientras que 12 soldados israelíes y dos civiles han muerto en el mismo período. Pero la asimetría de la violencia es abismal, y revela la verdadera naturaleza de esta guerra: una potencia colonial desatada contra pueblos que solo pueden defenderse con los medios que tienen a su alcance.

El bloqueo: el hambre como arma de negociación

El teatro de operaciones se extiende más allá del campo de batalla. Más de 10.000 soldados estadounidenses están desplegados para imponer un bloqueo naval a los puertos iraníes, una operación de acoso y derribo que busca asfixiar la economía iraní y forzar una rendición en las negociaciones. Aunque hasta ahora ningún barco ha sido abordado, la amenaza es explícita: cualquier embarcación vinculada a Irán puede ser detenida en cualquier lugar del mundo. El Pentágono advierte que las fuerzas estadounidenses están listas para disparar tiros de advertencia o usar “otra fuerza” si los barcos intentan huir. Y mientras tanto, el gobierno de Trump ha anunciado que ampliará el alcance de su bloqueo más allá de los puertos iraníes, apuntando a cualquier barco sospechoso de transportar suministros para Teherán, en cualquier parte del mundo.

La diplomacia de las balas y los misiles

En este contexto de máxima presión, la diplomacia es solo otro frente de guerra. Pakistán actúa como mediador entre Washington y Teherán, pero las posturas son irreconciliables: Estados Unidos exige un acuerdo total, mientras Irán insiste en incluir a Líbano en cualquier tregua. En un gesto calculado, Teherán anunció la “reapertura total” del estrecho de Ormuz durante la tregua en Líbano, provocando una caída del 10% en el precio del petróleo que las bolsas occidentales celebraron con euforia. Pero Trump respondió de inmediato: el bloqueo se mantendrá “hasta que el acuerdo con Irán esté 100% completo”. Como ha señalado el analista Alex Vatanka, “hay un largo camino por delante” y cualquier expectativa de un avance significativo es “prematura”. La diplomacia, en este tablero, es solo otra pieza del ajedrez imperial.

Las contradicciones del imperio y la resistencia popular

La guerra también ha abierto fisuras en el propio campo imperial. En un hecho inédito, 40 de los 47 senadores demócratas de Estados Unidos votaron a favor de bloquear la transferencia de bulldozers militares a Israel, un gesto que defensores de derechos humanos califican como un “cambio histórico” en el apoyo estadounidense a las políticas de Tel Aviv. Mientras tanto, en Líbano, la decisión del gobierno de negociar directamente con Israel ha sido calificada por Hezbolá como “vergonzosa”. Un diputado del movimiento advirtió que esta postura podría ensanchar una brecha interna en el país. La contradicción es evidente: mientras la resistencia popular se organiza, las élites libanesas negocian su sumisión.

La ilusión de la paz en un mundo en llamas

La guerra entre Estados Unidos, Israel, Irán y Líbano no es un conflicto aislado, sino una manifestación más de la crisis estructural del capitalismo contemporáneo. Las potencias occidentales, lideradas por un Trump que busca desesperadamente reconfigurar el mapa de Oriente Medio a su favor, no dudan en utilizar el hambre, el bloqueo y la ocupación como herramientas de negociación. El alto el fuego no es el preludio de la paz, sino una pausa táctica para reorganizar las fuerzas. Mientras los pueblos de la región sangran, los grandes capitales especulan con el petróleo y las bolsas se disparan al ritmo de las masacres. Como escribió el poeta Mahmoud Darwish, “la patria es no tener patria”. Para los millones de desplazados libaneses e iraníes, esa es la única verdad que queda en pie.

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