La crisis social en Bolivia, desatada por los bloqueos de la Central Obrera Boliviana (COB) contra el alza de los combustibles y el ajuste económico del gobierno de Rodrigo Paz, encontró eco en el Palacio de La Moneda, donde José Antonio Kast ordenó el envío de un avión de la FACH con ayuda humanitaria para “aliviar la situación” de los habitantes de La Paz. La operación no es un gesto de solidaridad entre pueblos, sino la orquestación de una alianza de clase entre las nuevas derechas del Cono Sur para contener la rebeldía de los sectores populares y blindar un modelo económico que en ambos lados de la Cordillera beneficia a los mismos grupos económicos. Mientras los trabajadores bolivianos se juegan la vida en las rutas para evitar más hambre, los gobiernos de Chile y Bolivia se dan la mano para profundizar el intercambio comercial y la cooperación policial, demostrando que los lazos de sangre entre las oligarquías son mucho más fuertes que las viejas disputas limítrofes.
Por Equipo El Despertar
La Paz / Santiago. El miércoles 20 de mayo de 2026, el canciller chileno Francisco Pérez Mackenna confirmó lo que ya se barruntaba en los pasillos de la diplomacia: Chile enviará una aeronave de la Fuerza Aérea (FACH) con ayuda humanitaria a Bolivia. “Chile siempre estará dispuesto a ayudar cuando algún país hermano necesite de nuestro apoyo”, declaró el secretario de Estado, en un vuelo que, según el ministro, traerá de regreso a cuatro connacionales varados en la ciudad de La Paz. Horas antes, el viceministro de Comercio y Logística boliviano, Gustavo Serrano, había detallado que el avión chileno se sumará a un puente aéreo que ya operaba con aeronaves de la Fuerza Aérea Argentina para incrementar entre dos y tres vuelos diarios adicionales.
La ayuda es presentada por los voceros oficiales como un gesto de hermandad entre dos naciones que, durante 50 años, mantuvieron sus relaciones diplomáticas congeladas por el contencioso marítimo. El canciller Pérez Mackenna se reunió el 23 de abril en La Paz con su par boliviano, Fernando Aramayo, para sellar una “agenda positiva con una mirada de futuro” que incluye desde el control migratorio coordinado en la frontera hasta la apertura de mercados y el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Apenas semanas antes, el 31 de marzo, los presidentes Kast y Paz habían sostenido un encuentro virtual en el que acordaron profundizar la cooperación para combatir el crimen organizado transnacional.
La crisis que nadie quiere nombrar
Pero el trasfondo de este operativo es mucho más sórdido que una simple “colaboración humanitaria”. Bolivia lleva semanas sumida en una aguda crisis social. Sectores afines a la Central Obrera Boliviana (COB) instalaron bloqueos de caminos que mantienen sitiados los departamentos de La Paz y El Alto, impidiendo el ingreso de alimentos, combustible y medicamentos. La medida de fuerza, que se ha intensificado en las últimas semanas, es la respuesta de los trabajadores al ajuste económico que aplica el gobierno del derechista Rodrigo Paz, quien asumió el poder tras la abrupta salida de Luis Arce. Los bloqueos han dejado las vitrinas de los centros de abastecimiento vacías y han profundizado el malestar de una población que ya sufría los coletazos de la crisis económica heredada.
El viceministro Serrano reconoció que, a pesar del puente aéreo, “todo el esfuerzo que se está haciendo con la logística (…) no es suficiente para la demanda que tiene el Departamento de La Paz”. Admitió que el alimento que llega “se comercializa muy rápido, porque la demanda es bastante mayor a lo que se está logrando atender”. En otras palabras, el operativo aéreo es un mero parche que no resuelve el fondo del conflicto: la decisión del gobierno de Paz de seguir recetando la medicina del FMI a costa de los trabajadores.
La alianza de las derechas: un negocio redondo
Lo que está ocurriendo en la frontera chileno-boliviana no es la “normalización” de relaciones entre dos países hermanos, como pregonan los cancilleres, sino la consolidación de un eje de poder que abarca todo el Cono Sur. El presidente Paz, alineado con los intereses de la élite empresarial boliviana, no ha objetado la construcción de la zanja en la frontera ordenada por Kast, ni el despliegue militar chileno para “contener la migración irregular”. A cambio, recibe el respaldo político y logístico del gobierno chileno para enfrentar la crisis social interna.
Esta sintonía política tiene un claro destinatario: los movimientos populares. El envío del avión Hércules de la FACH no solo busca aliviar la situación de los habitantes de La Paz; es un mensaje de apoyo a la gestión de Paz y una señal de que las oligarquías de ambos países están dispuestas a todo, incluso a violar la soberanía de los espacios aéreos, con tal de mantener el control.
La hipocresía de la “solidaridad” de clase
El gobierno de Kast, que en febrero de 2026 se negó a aportar ayuda humanitaria a Cuba argumentando que no quería “darle una ayuda económica directa a un gobierno que ha generado una dictadura”, ahora no escatima recursos para sostener a su socio comercial en el altiplano. La hipocresía es brutal: mientras se niega asistencia a la Isla por razones ideológicas, se moviliza la FACH para garantizar la estabilidad de un gobierno que aplica el mismo libreto neoliberal que el propio Kast.
La clase trabajadora chilena y boliviana deben entender que este “acercamiento” bilateral es la antesala de un tratado de libre comercio que profundizará la dependencia y el despojo de los recursos naturales. La ayuda humanitaria es solo la punta del iceberg. Detrás viene la agenda de “cooperación policial”, el control de fronteras y la represión conjunta del crimen organizado, que en la práctica se traduce en persecución a los movimientos sociales y a la migración.
Mientras los aviones sobrevuelan los Andes, los obreros bolivianos siguen resistiendo en las rutas, y los cesantes chilenos esperan que el ajuste fiscal de Kast no les quite el poco pan que les queda. La historia es siempre la misma: cuando los de arriba se abrazan, los de abajo pagan los platos rotos. La única cooperación que los pueblos necesitan no es la que viene en un avión militar, sino la que surge de la organización independiente de la clase obrera para enfrentar a sus explotadores comunes.
