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El espejismo informativo en tiempos de crisis

Ago 8, 2025

Los chilenos evitan contenidos que impacten emocionalmente: asesinatos, crimen, narco o farándula son esquivados por más del 40 % por ser “negativos” o “abusivos”, una forma de anestesia colectiva. Este mecanismo de evasión es también una falla del sistema: no se genera periodismo que sea informativo y transformador, sino espectáculo o desánimo.

Por: Editor El Despertar

El Informe Nacional 2025 despliega una radiografía inquietante del sistema mediático chileno: un entramado fragmentado, desigual, cargado de desconfianza, en el que la idea del “consumo” de noticias parece más una rutina alienada que una búsqueda comprometida de verdad.

Aunque los medios tradicionales y digitales reportan un aumento de casi 20 puntos en consumo de noticias (un 82,6 % se informa frecuentemente, y un 55,1 % todos los días), esto no significa mayor sociopolicitización. Al contrario: el interés en política cayó de 73,1 % a 60,2 %. Es la paradoja del desinterés: la ciudadanía devora contenidos, pero huye del compromiso.

Los chilenos evitan contenidos que impacten emocionalmente: asesinatos, crimen, narco o farándula son esquivados por más del 40 % por ser “negativos” o “abusivos”, una forma de anestesia colectiva. Este mecanismo de evasión es también una falla del sistema: no se genera periodismo que sea informativo y transformador, sino espectáculo o desánimo.

Si bien el consumo aumenta, está profundamente segmentado: los votantes de derecha consumen El Mercurio, La Tercera o Mega; quienes se ubican a la izquierda prefieren Ciper, Desconcierto o Radio Cooperativa. No hay diálogo, sino guetos mediáticos: cárceles de opinión donde lo contrario es ridiculez confirmada.

Solo un 11,8 % ha pagado por un medio informativo. Se desconfía de las marcas: un 60,6 % cree que los medios son sesgados; el 56,2 % confía más en el periodista individual que en el medio. Es una responsabilidad para quienes quieren hacer periodismo popular: la legitimidad viene desde el contacto con las urgencias colectivas, no desde la reputación institucional.

Hay alfabetización mediática: un 74,9 % entiende qué es la IA, pero sólo un 44,3 % puede identificar contenido generado por ella; y el 76,2 % teme que producirá más noticias falsas. Esto revela una población con conciencia crítica, pero sin condiciones para exigir una ética digital. IA sin democratización se volverá arma de dominación informativa, no de emancipación.

Ante este panorama, la izquierda debe salir del conformismo. No basta ser una opción reconocida: hay que ser incómodos. Hay que recrear contenidos que no se puedan evitar, porque encarnan conflictos reales y ofrecen organización, no solo información.

Es urgente incidir en alfabetización mediática crítica y comunitaria, donde se enseñe no solo “cómo funciona la IA”, sino también “cómo derribar los algoritmos que empobrecen el debate”. Hay que articular redes de medios populares, comunitarios y sindicales, para romper la segmentación ideológica y crear puentes reales entre distintas audiencias.

Y desde la arquitectura mediática, incidir en políticas públicas que financien modelos sin dependencia económica de grandes corporaciones, para proteger el periodismo como bien común y no resignarnos al periodismo de trinchera que protege al capital y valida el genocidio.

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