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Capital celebra: el salario real cae, los “costos laborales” bajan y la explotación aumenta

Jul 7, 2025

En su edición del lunes, el portal empresarial Emol celebra con su habitual eufemismo económico lo que no es otra cosa que una noticia trágica para la clase trabajadora chilena: los llamados “costos laborales unitarios” han caído un 1,3% interanual, mientras las remuneraciones reales siguen a la baja, acentuando una pérdida sostenida del poder adquisitivo de los asalariados del país.

En el lenguaje del capital, esta noticia suena casi como un triunfo. Pero desde la perspectiva de los trabajadores, lo que se expresa aquí es una intensificación brutal de la explotación: se paga menos por más trabajo, el salario pierde valor frente al alza de precios, y los empresarios obtienen una tajada mayor del producto social generado.

Como lo advertía Marx en El Capital:

“El salario es el precio de la fuerza de trabajo, no de lo que produce. Lo que el capitalista paga no es el valor del trabajo, sino el valor de la capacidad de trabajar, y esta, por su propia naturaleza, es inferior al valor que crea.”
— Karl Marx, El Capital, Tomo I, Ediciones Progreso, 1980.


Cuando dicen “costos laborales bajan”, en realidad quieren decir: “tu vida vale menos”

La nota de Emol reproduce sin cuestionamiento el informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que presenta la caída del costo laboral unitario como una mera “dinámica de mercado”, cuando en realidad es una victoria parcial del capital sobre el trabajo.

Lo que se está midiendo aquí es cuánto le cuesta al patrón cada peso de producción generado. Si ese “costo” cae, no es porque mágicamente la productividad haya mejorado, sino porque el patrón está pagando menos por el trabajo que recibe, exprimiendo más fuerza de trabajo por cada peso invertido en salarios.

Esto se consigue mediante tres vías conocidas:

  1. Congelamiento o rebaja de sueldos (en términos reales).
  2. Incremento de la intensidad del trabajo (más tareas, menos pausas, polifuncionalidad).
  3. Precarización del vínculo laboral (subcontrato, honorarios, empleo informal, etc.).

Por eso el informe del INE también registra que las remuneraciones reales siguen cayendo: el obrero trabaja más, pero su canasta básica se encarece, su salario no alcanza, y su reproducción como fuerza de trabajo se vuelve insostenible.


El Estado: administrador del capital, no defensor del pueblo

Este retroceso salarial no es casual ni natural: es el resultado de una política económica deliberada, que prioriza el crecimiento del capital privado por sobre el bienestar de la mayoría. El gobierno —sea quien sea el administrador de turno— no ha intervenido para corregir esta tendencia; al contrario, la ha facilitado con reformas laborales tibias, flexibilidad en las jornadas, y subsidios a la contratación que benefician solo al empleador.

El discurso oficialista, que promete “recuperar el poder adquisitivo” mediante pactos tripartitos o “diálogos sociales”, es parte del mismo engaño. Mientras tanto, los trabajadores pagan más por el pan, por el transporte, por los arriendos, y el capital financiero sigue acumulando ganancias sin traba.

La caída del “costo laboral unitario” es, desde una óptica marxista, una forma de profundización de la tasa de plusvalía, es decir, un incremento en el grado de explotación del trabajo. El capital no ha sido más eficiente: simplemente ha pagado menos por más. Y el Estado, lejos de poner freno, se ha limitado a gestionar esta degradación del salario real con discursos vacíos y estadísticas manipuladas.

Esta tendencia no se revierte con buenas intenciones ni mesas de diálogo. Solo la organización consciente del proletariado, en sus sindicatos, territorios y partidos revolucionarios, podrá cambiar esta ecuación.

“La lucha por el salario no es una lucha contra el capital, sino una lucha dentro del sistema capitalista.”
— Marx, Salario, precio y ganancia, Ediciones Progreso, 1980.

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