En un golpe contundente a la maquinaria de guerra del imperialismo, las fuerzas de la República Islámica de Irán han propinado una estocada al orgullo militar de Estados Unidos. Mientras Washington intenta maquillar su derrota con comunicados mendaces, el portaaviones USS Abraham Lincoln, símbolo de la proyección de fuerza del capital financiero, ha tenido que batirse en retirada hacia el Océano Índico tras ser alcanzado por misiles balísticos de la Resistencia. Las cifras de bajas estadounidenses, que el Pentágono reduce cínicamente a tres soldados, son desmentidas por la realidad del campo de batalla, que habla de cientos de efectivos fuera de combate.
Por Equipo El Despertar
La narrativa hegemónica de los grandes monopolios de la información intenta vender como una “escalada controlada” lo que es una estrepitosa derrota táctica de la máquina bélica imperialista. Mientras los titulares de la prensa burguesa se hacen eco de los desmentidos del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) —que, como un mecanismo de defensa ideológico, se apresuró a negar que el USS Abraham Lincoln hubiera sido tocado por proyectiles iraníes—, la verdad emerge desde el estrecho de Ormuz: el buque insignia de la flota yanqui ha emprendido la huida.
El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) ha confirmado que, en el marco de la operación “Promesa Honesta 4”, se lanzaron cuatro misiles balísticos contra el portaaviones, forzándolo a replegarse hacia el sureste, lejos de las aguas territoriales iraníes . “La tierra y el mar se convertirán cada vez más en el cementerio de los agresores terroristas”, advirtió el IRGC en un comunicado, dejando claro que la epopeya de la Resistencia no ha hecho más que empezar .
Lejos de limitarse a un acto simbólico, la ofensiva iraní ha desnudado la fragilidad del “gigante con pies de barro”. Mientras el Pentágono, fiel a su tradición de falsear informes como hizo en Vietnam o Irak, admite con cuentagotas la muerte de tres de sus soldados y cinco heridos graves , las cifras reales, confirmadas por fuentes del IRGC basadas en reportes de inteligencia y del propio campo de batalla, elevan la cifra de bajas a más de 650 efectivos estadounidenses entre muertos y heridos . El cuartel general de la Quinta Flota en Bahréin, un enclave neocolonial en territorio árabe, ha sido particularmente castigado, con ataques que han dejado unos 160 efectivos fuera de combate .
Esta disparidad informativa no es casual. Es la prueba fehaciente del control de los medios de producción de la información por parte de la burguesía imperialista, que necesita ocultar el costo humano de sus aventuras militares para evitar la reacción del pueblo trabajador estadounidense y mundial. Mientras el presidente Donald Trump, en un alarde de cinismo digno de la plusvalía que genera el complejo militar-industrial, declaraba que “eso a menudo ocurre en la guerra” , los cuerpos de los soldados —hijos de la clase obrera enviados al matadero para asegurar las rutas del petróleo y la hegemonía del dólar— regresan en bolsas de plástico, lejos de los focos de la prensa oficial.
El conflicto, desatado por la Operación “Rugido del León” de Estados Unidos e Israel que asesinó al líder supremo ayatolá Alí Jamenei y a altos mandos militares , ha desatado una tormenta en todo el Golfo Pérsico. Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak, países cuyas monarquías y élites se benefician de la explotación de sus recursos naturales bajo el paraguas yanqui, sufren ahora las consecuencias de ser peones del tablero imperialista . El estrecho de Ormuz, paso vital por donde transita el 20% del crudo mundial, se ha convertido en un símbolo de la lucha antimperialista: los Guardianes de la Revolución lo han declarado cerrado de facto para los intereses occidentales .
La realidad es tozuda: el portaaviones, esa herramienta de coerción y terror con la que el capitalismo financiero doblega naciones soberanas, ha huido. La noticia, silenciada o ridiculizada por los grandes diarios burgueses como Clarín o Infobae —que se apresuran a tachar el anuncio iraní de “propaganda” —, corre como la pólvora entre los pueblos oprimidos del mundo. La mentira imperialista tiene las patas muy cortas. La Resistencia sigue en pie y ha demostrado que, con conciencia de clase y espíritu revolucionario, se puede hacer retroceder a la bestia.
