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Gobierno sin gobierno: la burguesía chilena se enreda en su propia telaraña

Abr 4, 2026
Foto Ex-Ante

La apuesta de José Antonio Kast por gobernar sin una coalición formal se ha convertido en la principal fuente de inestabilidad de su administración, a solo tres semanas de haber asumido. Mientras los partidos de Chile Vamos actúan como una “oposición silenciosa” dentro del oficialismo, el Partido Republicano se niega a construir alianzas y el gobierno acumula traspiés, la clase dirigente chilena revela su incapacidad histórica para articular un proyecto hegemónico estable. El resultado: un gabinete que desconoce la agenda legislativa de sus propios aliados, una vocera que no logra articular el relato y una derecha que, en lugar de gobernar, se dedica a disputarse las migajas del poder.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La crisis del oficialismo chileno no es una crisis de gestión ni de comunicación. Es una crisis estructural, propia de una burguesía que llegó al poder con la ilusión de que su victoria electoral sepultaría las diferencias internas, pero que ahora descubre que los intereses de clase no desaparecen con un triunfo en las urnas.

El 15 de diciembre, un día después de ganar la elección presidencial, José Antonio Kast notificó a los partidos políticos que su gobierno no buscaría una coalición oficialista, sino un modelo de “colaboración política”. La fórmula, presentada como una apuesta por la eficiencia y la independencia técnica, ocultaba la verdadera estrategia del mandatario: gobernar concentrando el poder en su figura y en un puñado de fieles, marginando a los partidos que lo llevaron al triunfo.

El desenlace es conocido: Kast optó por un gabinete ministerial repleto de independientes, el Partido Nacional Libertario se restó de la convocatoria y, en paralelo, Chile Vamos (RN y la UDI) siguió funcionando como coalición, mientras el Partido Republicano mantuvo su línea de no construir alianzas. La arquitectura política diseñada por el mandatario era, desde el principio, un polvorín.

El “fuego amigo” que viene de la propia trinchera

A 16 días del debut de la administración, el contrapeso más significativo al Ejecutivo no proviene de la izquierda —algo debilitada—, sino de tensiones y disidencias de la propia base de apoyo de Palacio, donde las críticas de RN y la UDI van en alza. Los partidos de centroderecha, en lugar de alinearse en favor del “Gobierno de emergencia”, han comenzado a cuestionar abiertamente la conducción de La Moneda y el poder del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.

El analista político Víctor Maldonado tiene un diagnóstico crudo: “El Mandatario hace lo que quiere, hay un Gobierno sin coalición, con predominio presidencial sin contrapeso. Republicanos es el núcleo político del Gobierno que evita negociar y el objetivo es ganar mediante la confrontación. RN se encuentra ‘totalmente aislado'”.

El caso de la vocera de Gobierno, Mara Sedini, es el más patente. La ministra ha sido cuestionada por figuras de Chile Vamos debido a errores en las vocerías y la “debilidad” que se percibe en la comunicación del Ejecutivo. El profesor Hugo Herrera, de la Universidad Diego Portales, fue lapidario: “No cumple la función. Puede que hable incluso bien, pero no articula los pensamientos”.

El “bencinazo” que destapó la olla a presión

El llamado “bencinazo” —el alza histórica en los combustibles— destapó la olla a presión del oficialismo. Según la última encuesta Cadem, el 60% de los chilenos declaró creer que el alza era evitable, contrario al relato que se ha tratado de instalar desde La Moneda.

Pero lo más revelador fue la reacción de los partidos de Chile Vamos. Tanto RN como la UDI presentaron paquetes de medidas en paralelo a la ley impulsada por el Ejecutivo, generando un ruido ensordecedor en el palacio de Gobierno. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, debió intervenir y pedir cautela a los partidos, argumentando que las arcas fiscales no están aptas para comprometer más ayudas sociales.

Marcelo Brunet, de la Comisión Política de RN, graficó la indignación de su sector: “Nos dijo que todo iba a estar bien. Bueno, no está todo bien. El costo del alza lo va a terminar pagando la clase media, a quienes iban a proteger. El anuncio no pudo haberse hecho peor (…), con el Presidente Piñera esto no habría pasado”. La frase no es solo una crítica a la gestión; es una declaración de que la derecha tradicional se siente desplazada por el nuevo liderazgo.

La derecha que se niega a ser “fagocitada”

El temor de Chile Vamos es claro: ser “fagocitado” por el mundo republicano. La UDI, que históricamente fue el partido hegemónico de la derecha chilena, hoy teme quedar reducida a un rol secundario. RN, por su parte, se siente “totalmente aislada” en un esquema donde el Presidente no negocia y los republicanos imponen su agenda por la fuerza de los hechos.

El diputado republicano José Carlos Meza, consultado sobre el proyecto estrella de Kast, el “Chao Préstamo”, reconoció que la prioridad del gobierno es otra. “Avanzar en el ‘Chao Préstamo’ podría quedar ya para el segundo semestre”, señaló. La declaración es una confesión: ni siquiera las promesas de campaña pueden cumplirse cuando el barco del oficialismo navega sin timón.

La función de clase del desorden

Desde una perspectiva marxista, esta crisis no es un accidente ni un problema de “liderazgo”. Es la manifestación de las contradicciones internas de la burguesía chilena, una clase que nunca ha logrado construir un proyecto hegemónico estable y que hoy se disputa el control del Estado en medio de una crisis orgánica.

Por un lado, están los sectores más tradicionales del capital —representados por RN y la UDI—, que buscan estabilidad, previsibilidad y una gestión “responsable” de la economía. Por el otro, está la fracción más agresiva del capital —encarnada por el Partido Republicano y el propio Kast—, que apuesta por la confrontación, la desregulación salvaje y el disciplinamiento de la clase trabajadora por la vía represiva.

El resultado es un gobierno que no puede gobernar. Un Ejecutivo que presenta medidas sin coordinar con sus aliados legislativos. Una vocera que no logra articular un relato coherente. Un presidente que concentra el poder pero no sabe cómo ejercerlo.

Hugo Herrera lo sintetiza con crudeza: “No han sido capaces de instalarse. El gobierno partió con una aprobación enorme, el 59%, pero se cayó a los pocos días. Hoy día todas las encuestas indican que más lo desaprueban que aprueban”. Su diagnóstico es aún más duro: “O tenemos un gobierno que está agarrando a patadas sistemáticamente el avispero para distraernos a todos, o esto es una ameba, que no tiene ninguna conformación visible aún”.

Epílogo: la ameba que no sabe gobernar

La crisis del oficialismo no es una crisis pasajera. Es la crisis de un modelo de acumulación que necesita un Estado fuerte para disciplinar a la clase trabajadora, pero que no logra articular los mecanismos políticos para ejercer ese poder.

La “ameba” de la que habla Herrera es, en realidad, el rostro actual de la burguesía chilena: fragmentada, descoordinada, incapaz de construir hegemonía. Y mientras los partidos de derecha se disputan el control del Estado, la clase trabajadora sigue pagando el costo: combustibles más caros, servicios públicos recortados, derechos laborales amenazados.

El gobierno de Kast, lejos de ser el “gobierno de emergencia” que prometió, se ha convertido en la emergencia misma. La pregunta no es si sobrevivirá, sino cuánto daño alcanzará a hacer antes de que sus propias contradicciones lo consuman. Y si la clase trabajadora estará organizada para enfrentar la ofensiva que se viene, o si, como la burguesía, también estará fragmentada cuando llegue el momento de la verdad.

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