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Ormuz: el pulso entre dos imperialismos que estrangula a los trabajadores mientras BP se forra con 4.300 millones

Abr 28, 2026

A dos meses de la guerra, el pulso diplomático por el control del estrecho de Ormuz se ha enquistado en un doble chantaje geopolítico que revela la verdadera esencia del conflicto: dos bloques imperialistas enfrentados por el dominio de las rutas energéticas mundiales, mientras las clases trabajadoras del mundo entero pagan el costo de la disputa en forma de inflación, desabastecimiento y recortes a sus derechos básicos.

Por Equipo El Despertar

El 28 de febrero pasado, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar contra Irán con el objetivo declarado de desmantelar su programa nuclear. Dos meses después, lo que parecía una guerra relámpago se ha convertido en un enquistado pulso diplomático que el presidente Donald Trump parece no poder resolver. La jugada de Teherán de cerrar el estrecho de Ormuz —por donde pasa una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo— ha resultado ser una baza estratégica de primer orden, y ahora la Casa Blanca se encuentra atrapada en su propia telaraña.

Tras semanas de tanteos, Irán lanzó este lunes una propuesta concreta, transmitida a través de la mediación paquistaní: reabrir el estrecho a cambio de que Estados Unidos levante el bloqueo naval sobre sus puertos y ponga fin a la guerra, pero aplazando sine die las negociaciones sobre el programa nuclear. La oferta es todo un síntoma del equilibrio de fuerzas en la región. El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, se encontraba en San Petersburgo esta semana para reunirse con Vladimir Putin, mientras que en el Consejo de Seguridad de la ONU su embajador exigía “garantías creíbles” para la seguridad del país. Teherán sabe que ha logrado golpear a Washington donde más le duele: en el bolsillo de sus votantes y en la estabilidad de sus aliados regionales.

Pesos pesados

Pero ni Trump ni su secretario de Estado, Marco Rubio, están dispuestos a ceder en el punto nuclear. Rubio fue tajante este lunes en una entrevista en Fox News: “Si el régimen clerical radical sigue en el poder, en algún momento decidirán que quieren un arma nuclear. Esa cuestión fundamental aún debe ser abordada”. El rechazo de Washington a la propuesta iraní fue un mazazo diplomático, consumado antes de que la oferta fuera siquiera debatida formalmente.

Esta rigidez no es un mero detalle técnico o un asunto de seguridad. El verdadero interés de Washington nunca fue evitar una hipotética bomba iraní, sino mantener el control absoluto de la región. Como confirmó el gobierno estadounidense este lunes, el bloqueo está diseñado para impedir que Irán venda su petróleo, privándolo de ingresos y estrangulando su economía hasta forzar su rendición. Es la política del hambre como instrumento de dominación, una práctica que el imperialismo ha aplicado en todo el mundo, con especial saña en América Latina.

Beneficios obscenos

El verdadero rostro del conflicto, sin embargo, se revela en los números de Wall Street y la City londinense. Mientras los pueblos sufren, las grandes corporaciones energéticas están celebrando una auténtica fiesta de fin de año. BP, el gigante británico, acaba de presentar sus resultados del primer trimestre: un beneficio de 3.200 millones de libras (unos 4.300 millones de dólares), más del doble que en el mismo período del año anterior. El precio del crudo Brent ronda ya los 108 dólares por barril, casi un 50% más que cuando empezó la guerra, y el Banco Mundial advierte de una subida del 24% en el coste de la energía para todo el año.

En este contexto, que el gobierno de EE. UU. se niegue a desbloquear la situación no es un gesto de firmeza patriótica, sino una apuesta calculada por mantener los precios altos. La inflación, el hambre y la pobreza de los trabajadores se convierten así en el combustible de la acumulación capitalista.

El precio de la hipocresía

Rubio justificó el rechazo con un argumento que es, cuando menos, cínico. El secretario de Estado afirmó que Irán no quiere abrir el estrecho, sino “cobrar peaje” por una vía internacional y normalizar un sistema en que Teherán decida quién pasa. La hipocresía es monumental, porque EE. UU. no solo está aplicando exactamente la misma lógica de bloqueo, sino que además Trump ya ha mencionado la posibilidad explícita de instalar un sistema de peajes conjunto con Irán.

“No podemos tolerar que intenten normalizar un sistema en el cual los iraníes decidan quién puede utilizar una vía marítima internacional y cuánto tienes que pagar para utilizarla”, espetó Rubio, sin percibir la ironía. La frase es la constatación de que, en la lógica del capital, la libertad de mercado solo existe cuando la impone el más fuerte. El estrecho de Ormuz no es un problema de seguridad, sino un botín de guerra, y su control se disputa a sangre y fuego entre potencias que no dudan en sacrificar las necesidades elementales de la humanidad en aras de una rentabilidad obscena.


Datos de contexto:

  • Impacto energético: 108 dólares por barril cotiza el crudo Brent (referente internacional), un 50% más que al inicio de la guerra.
  • Previsión del BM: subida del 24% en los precios de la energía este 2026, la mayor desde la invasión de Ucrania.
  • Beneficios de BP: 4.300 millones de dólares en el primer trimestre, más del doble que en 2025.
  • Parálisis del tránsito: más de diez millones de barriles diarios de caída de la producción mundial de petróleo.
  • Consecuencias globales: encarecimiento de los fertilizantes ha disparado el precio de los alimentos en todo el mundo.
  • Votantes castigados: el precio de la gasolina en Estados Unidos ha subido un 38% desde que comenzó la guerra, y las elecciones de media legislatura se acercan para Trump.

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