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La derecha se desangra: republicanos desertan hacia Matthei y exponen la fragilidad del bloque conservador

Sep 9, 2025
Foto Agencia Uno

Pero el problema trasciende al liderazgo de Kast. La derecha en su conjunto parece atrapada en una pugna fratricida, donde Chile Vamos y Republicanos compiten por el mismo electorado conservador mientras se lanzan acusaciones de traición y campañas sucias con bots y redes sociales. Lejos de proyectar gobernabilidad, muestran a la ciudadanía la peor cara de la política: la de una coalición fragmentada, dominada por la desconfianza mutua.

Por Equipo El Despertar

La fuga de dirigentes desde el Partido Republicano hacia la candidatura de Evelyn Matthei no es un simple reacomodo electoral. Es, más bien, el síntoma de una derecha que se desangra internamente, incapaz de contener sus disputas estratégicas ni de ofrecer un proyecto político unificado frente al país. Mientras José Antonio Kast insiste en la pureza doctrinaria de su movimiento en medio de las criticas por su relación con noticias falsas y campañas de desprestigio, varios de sus antiguos aliados prefieren refugiarse en la figura, supuestamente más pragmática y moderada, de la exalcaldesa hija de uno de los miembros principales de la dictadura de Pinochet.

Los casos de la senadora Carmen Gloria Aravena, la economista Cecilia Cifuentes y el candidato Christian Gómez evidencian que no se trata de un goteo aislado, sino de un desencanto creciente con el estilo rígido y excluyente del republicano. Todos coinciden en que Kast no ha sabido ni le interesa construir unidad: donde había oportunidad de primarias, impuso su marca personal; donde había espacio para sumar, terminó aislando. Así, el “orden” que pretendía encarnar se convierte en su mayor debilidad.

Pero el problema trasciende al liderazgo de Kast. La derecha en su conjunto parece atrapada en una pugna fratricida, donde Chile Vamos y Republicanos compiten por el mismo electorado conservador mientras se lanzan acusaciones de traición y campañas sucias con bots y redes sociales. Lejos de proyectar gobernabilidad, muestran a la ciudadanía la peor cara de la política: la de una coalición fragmentada, dominada por la desconfianza mutua.

Para Matthei, recibir a los “exrepublicanos” puede darle un aire de amplitud, pero también la expone al mismo desgaste que corroe a su adversario interno. Si la derecha se unifica, lo hace solo en la retórica de “ganar a la izquierda”, nunca en torno a un programa común. La paradoja es evidente: el sector que más habla de orden y disciplina es el que más rápido multiplica sus fracturas.

Mientras tanto, el país asiste a un espectáculo repetido: la derecha convertida en un campo de batalla donde los liderazgos se destruyen entre sí. Lo que está en juego no es solo quién encabece la próxima candidatura presidencial, sino si este bloque tiene todavía la capacidad de ofrecer un proyecto coherente. De momento, lo único claro es que, entre deserciones, recriminaciones y egos enfrentados, la derecha chilena se desangra a la vista de todos.

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