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Kerala erradica la pobreza extrema: planificación desde abajo, Estado social y cooperativas como política de Estado

Dic 12, 2025

Ese ecosistema es el resultado de décadas de políticas y luchas: desde el primer gobierno comunista de 1957, que ejecutó reforma agraria y expandió bienes sociales universales (educación, salud, bibliotecas, vivienda), hasta la descentralización de 1996 (Plan Popular), que transfirió el 40% del gasto estatal a gobiernos locales para que las comunidades diagnosticaran, diseñaran y presupuestaran sus propios proyectos. Con esa base se universalizó el Sistema de Distribución Pública (alimentos y combustibles subsidiados) y se empujaron misiones como LIFE (más de 400.000 viviendas), lo que permitió que el EPEP fuese la continuación escalonada de un camino más largo.

Por Equipo El Despertar

El 1 de noviembre de 2025, Kerala (34 millones de habitantes, suroeste de India) fue declarado libre de pobreza extrema. El anuncio del ministro principal Pinarayi Vijayan coloca al estado en una liga excepcional, junto a China (2022) y, en el horizonte, Vietnam, y lo hace en condiciones adversas: en un país con cientos de millones aún en pobreza y con un gobierno central adverso (BJP) que restringe apoyos y recursos al estado gobernado por el Left Democratic Front (LDF) liderado por los comunistas.

El programa EPEP (Athidaridrya Nirmarjana Paripaadi), lanzado en mayo de 2021, partió por definir con precisión a quién y cómo. Con criterios centrados en empleo, alimentación, salud y vivienda, 64.006 familias (103.099 personas) fueron identificadas como en pobreza extrema. Cerca de 400.000 encuestadoras y encuestadores, funcionariado, cooperativistas y organizaciones de masas, realizaron planes a la medida: reconocimiento de derechos, acceso expedito a servicios públicos, vivienda, atención de salud y apoyo productivo. La clave no fue solo “focalizar”, sino construir soluciones familiares y comunitarias en un ecosistema institucional ya denso.

Ese ecosistema es el resultado de décadas de políticas y luchas: desde el primer gobierno comunista de 1957, que ejecutó reforma agraria y expandió bienes sociales universales (educación, salud, bibliotecas, vivienda), hasta la descentralización de 1996 (Plan Popular), que transfirió el 40% del gasto estatal a gobiernos locales para que las comunidades diagnosticaran, diseñaran y presupuestaran sus propios proyectos. Con esa base se universalizó el Sistema de Distribución Pública (alimentos y combustibles subsidiados) y se empujaron misiones como LIFE (más de 400.000 viviendas), lo que permitió que el EPEP fuese la continuación escalonada de un camino más largo.

El movimiento cooperativo es el segundo pilar. Destaca Kudumbashree (“prosperidad de la familia”), la red de ayuda mutua de mujeres más grande del mundo (casi cinco millones de integrantes), que articuló granjas colectivas, comedores comunitarios e iniciativas de desarrollo de habilidades y emprendimientos para elevar ingresos y poder de las mujeres, además de acompañar el EPEP en territorio. Junto a ella, la Uralungal Labour Contract Cooperative Society (1925), una de las mayores cooperativas de trabajo de Asia, ejecuta infraestructura con empleo protegido; la red de cooperativas de crédito (más de 4.000 “bancos populares”) financia a quienes la banca excluye y sostuvo reforma agraria, emergencias (inundaciones 2018) y pandemia; Dinesh Beedi (1969) reconvirtió empleo del tabaco hacia actividades útiles con mejores salarios y vida cultural; Sahya organizó a pequeños productores de té para escalar en la cadena de valor; y Udayapuram demostró que comunidades rurales pueden desplazar a contratistas depredadores y definir sus prioridades de desarrollo.

El resultado, alfabetización casi total, baja mortalidad infantil y materna, alta esperanza de vida, desarrollo humano sobresaliente, no salió de un programa “estrella”, sino de una combinación: Estado social universal, planificación descentralizada, movilización social y economía cooperativa. El EPEP suma la microcirugía sobre hogares extremos a esa micropolítica. Incluso cuando la izquierda no gobernó (intervalos entre 1959 y 2016), la correlación social construida impidió retrocesos plenos.

Quedan desafíos, que el propio gobierno reconoce: desempleo juvenil y migración al Golfo, restricciones fiscales por la centralización tributaria en Nueva Delhi, y la necesidad de nuevas fuerzas productivas para superar sectores obsoletos. En paralelo, Kerala avanza en reconocer el valor del trabajo doméstico (prestación mensual para mujeres de 35–60 años), y en fortalecer salud pública, educación y alimentación como amortiguadores estructurales de la pobreza.

¿Qué enseña Kerala hacia afuera? Que la erradicación de la pobreza extrema no se logra con bonos aislados ni con “emprendedurismo” individual, sino con instituciones públicas sólidas, poder local real, presupuesto y organización popular; que las cooperativas pueden ser productivas, tecnológicas y democráticas, no meras redes de contención; y que una política “desde abajo” es compatible con indicadores macro envidiables cuando el centro es la vida social y no el balance financiero.

Kerala, China y Vietnam —tres experiencias dirigidas por partidos comunistas— recuerdan que erradicar la pobreza no es un fin en sí mismo, sino un tramo del camino hacia igualdad sustantiva y dignidad. La consigna con la que cierra el boletín de Tricontinental, “siempre hacia adelante, nunca hacia atrás”, suena menos a eslogan y más a método: planificar con la gente, asociar el trabajo, democratizar el gasto, cooperativizar la producción y blindar lo público frente a vaivenes políticos. Esa es la infraestructura real que hace que un anuncio, “no hay pobreza extrema”, no sea un relámpago, sino el resultado acumulado de una sociedad organizada para no dejar a nadie atrás.

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