Mientras el mundo se estremece ante las imágenes de devastación tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que azotaron Venezuela el pasado 24 de junio, una tesis que cobra cada vez más fuerza en los círculos geopolíticos y académicos apunta a una responsabilidad directa del imperialismo estadounidense: la extracción desmedida de petróleo, intensificada tras la invasión y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, habría desestabilizado las fallas geológicas de la región, desatando la furia de la tierra como un eco de la voracidad del capital. Los científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) han documentado que la extracción de petróleo y gas puede inducir terremotos locales, un fenómeno conocido como sismicidad inducida. Aunque la comunidad científica no ha establecido una causalidad directa e indiscutible en este caso, la coincidencia entre la explotación extractivista y la catástrofe ha reavivado un debate incómodo para Washington: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar el imperio para saquear los recursos de una nación, incluso si eso significa desencadenar fuerzas telúricas que entierran a miles de personas bajo los escombros?
Por Equipo El despertar
La extracción como detonante: el petróleo que tiembla
La tesis que vincula la extracción de petróleo con la activación de terremotos no es nueva ni descabellada. Un estudio publicado en el Bulletin of the Seismological Society of America (BSSA) ya había establecido que cuatro de los cinco sismos más destructivos ocurridos en la cuenca de Los Ángeles durante el siglo XX pudieron estar relacionados con la intensa actividad petrolera de la época. En Inglaterra, una serie de más de 100 sismos en el condado de Surrey coincidió con las perforaciones del pozo petrolero de Horse Hill, lo que llevó a los científicos a aplicar modelos matemáticos que hallaron coincidencias —aunque no concluyentes— entre las fechas de bombeo y los movimientos telúricos.
Los mecanismos son conocidos: la remoción de fluidos del subsuelo genera cambios en la presión de los poros dentro de las capas rocosas. Esta alteración puede propagarse por kilómetros y, en formaciones geológicas específicas, desencadenar el deslizamiento de fallas preexistentes. Es decir, la extracción masiva de petróleo no es una actividad inocua para la geología; puede ser el dedo que, al tocar el muro, derrumba la casa.
El saqueo como política de Estado: el imperio que perfora sin control
Pero la tesis va más allá de la mera geología. El contexto político es clave. Según un análisis publicado por el World Socialist Web Site, los terremotos han dejado al descubierto “un crimen masivo del imperialismo estadounidense”. Hace seis meses, Estados Unidos invadió Venezuela, secuestró a su presidente, Nicolás Maduro, y redujo su gobierno a un títere de Washington para apoderarse de su petróleo.
La invasión, el derrocamiento de Maduro y el caos y desorganización en que han sumido al país son un factor principal en la catastrófica respuesta al terremoto. La administración Trump ha explotado el desastre para profundizar su control sobre Venezuela, enviando buques de guerra, aviones de transporte y tropas para tomar el control del aeropuerto mientras las familias excavan el concreto con sus propias manos.
El negocio de la muerte: la función de clase de la catástrofe
Desde una perspectiva marxista, la tragedia no es un acto de la naturaleza, sino un producto de la lógica de acumulación del capital. El estado decrépito del parque de viviendas de Venezuela, el colapso de su sistema de salud, la degradación de su red eléctrica y la incapacidad del Estado para organizar una respuesta de emergencia significativa son el producto de la opresión semicolonial de Venezuela por parte de Estados Unidos. Años de sabotaje económico ya habían paralizado los hospitales, la red eléctrica y la capacidad del país para importar suministros básicos mucho antes de que la tierra temblara.
La cifra confirmada de muertos ha aumentado a 1.430, y la oficina humanitaria de las Naciones Unidas citó informes no confirmados de que hasta 50.000 personas podrían estar desaparecidas. Miles han muerto no solo por una catástrofe natural, sino porque el imperialismo, en su afán por controlar los recursos energéticos, ha dejado a un país entero en estado de indefensión. El PIB de Venezuela se ha contraído aproximadamente un 80% desde 2013, y las sanciones lideradas por Estados Unidos han sido un factor central en esta debacle.
La ciencia como testigo: el USGS y la verdad incómoda
El propio Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha reconocido que la extracción de petróleo y gas puede provocar terremotos, un fenómeno conocido como sismicidad inducida. Sin embargo, la comunidad científica no ha establecido una relación causal definitiva en este caso particular.
Un estudio reciente, citado por medios como La República, sostiene que “existe un vínculo entre los terremotos y la extracción de petróleo, pero no podemos descartar que este vínculo sea una coincidencia, ya que no hay evidencia definitiva de causalidad directa”. Esta ambigüedad científica es funcional al imperio: permite que Washington se desligue de cualquier responsabilidad mientras continúa su saqueo.
Epílogo: el terremoto como metáfora
Los terremotos que sacudieron Venezuela no son solo un fenómeno geológico; son una metáfora de la violencia estructural que el imperialismo ejerce sobre los pueblos del Sur Global. La extracción desmedida de petróleo, la invasión, el saqueo y la imposición de gobiernos títere no son actos aislados; son la expresión de una lógica de clase que prioriza la acumulación de capital por sobre la vida de las personas.
La clase trabajadora del mundo debe leer esta tragedia con otros ojos. No se trata de un desastre natural, sino de un crimen del imperialismo. Mientras Washington envía tropas para controlar el aeropuerto y las familias excavan entre los escombros con sus propias manos, la pregunta que flota en el aire es: ¿cuántas vidas más tendrá que cobrarse el capital antes de que los pueblos se levanten para detenerlo?
