Los efectos son inmediatos. Hospitales de Santiago, Valparaíso, Concepción y regiones del norte informan que se están priorizando cirugías vitales y postergando las electivas, lo que agrava las listas de espera. En varios recintos se suspendieron derivaciones y programas de especialidad por falta de recursos. “El principal problema es el abastecimiento de insumos, fármacos e instrumental”, reconoció un director hospitalario.
Por Equipo El Despertar
El sistema hospitalario chileno enfrenta una crisis abierta: los presupuestos asignados a los hospitales públicos se agotaron antes de fin de año, provocando suspensión de cirugías, retrasos en tratamientos, desabastecimiento de insumos y horas extras impagas. Desde octubre, la red vive una situación que los propios directivos califican como “de emergencia silenciosa”.
En entrevista con The Clinic, la presidenta del Colegio Médico de Santiago, Francisca Crispi, señaló que “la red vive una situación compleja porque el presupuesto asignado se está agotando, y eso obliga a mecanismos de contención de costos y de compra que van en contra de la productividad hospitalaria y de la calidad asistencial”. Según Crispi, la situación fue advertida con anticipación al nivel central: “Esperamos aportes extraordinarios para que la red pueda terminar el año sin mermar más la atención”.
Los efectos son inmediatos. Hospitales de Santiago, Valparaíso, Concepción y regiones del norte informan que se están priorizando cirugías vitales y postergando las electivas, lo que agrava las listas de espera. En varios recintos se suspendieron derivaciones y programas de especialidad por falta de recursos. “El principal problema es el abastecimiento de insumos, fármacos e instrumental”, reconoció un director hospitalario.
Desde el Ministerio de Salud, la Subsecretaría de Redes Asistenciales admitió la preocupación y aseguró que “se trabaja para que los hospitales sigan funcionando”. El organismo destacó que, pese al estrecho margen fiscal, se han implementado “medidas de optimización y control presupuestario”, reduciendo el crecimiento del gasto hospitalario por primera vez en una década, e informó inyecciones adicionales por $729.930 millones.
Sin embargo, el trasfondo es más profundo: el traspaso masivo de afiliados desde las isapres a Fonasa, el aumento de la población migrante y la expansión de la demanda hospitalaria no fueron acompañados de una expansión proporcional del financiamiento. El presupuesto público de salud sigue en torno al 4,5 % del PIB, muy por debajo del promedio de la OCDE, mientras las clínicas privadas operan con subsidios indirectos y pagos garantizados.
El resultado, advierten los gremios, es un sistema que funciona al límite de la precariedad: personal sobrecargado, recintos que deben “ahorrar” a costa de insumos y un Estado que responde con ajustes administrativos en lugar de fortalecer el financiamiento estructural. La crisis presupuestaria vuelve a poner sobre la mesa el dilema de fondo: un modelo sanitario donde la salud pública debe sobrevivir bajo las reglas del mercado, mientras la deuda social y la desigualdad en atención crecen cada año.
