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El negocio de la desaparición: 486 niños haitianos se esfuman en el Chile de la “reunificación familiar” y el Estado mira hacia otro lado

Jun 18, 2026
Foto UNICEF

La Contraloría detectó el ingreso masivo de al menos 486 niños haitianos entre 2024 y 2025 en vuelos chárter bajo la figura de “reunificación familiar”, de los cuales 64 no han podido ser ubicados y se desconoce su paradero. El preinforme del organismo fiscalizador reveló que adultos acompañantes no tenían su relación verificada con los menores, que una misma persona ingresó con múltiples niños en distintos vuelos sin validar el vínculo, y que las autoridades actuaron con una descoordinación institucional que bordeó la negligencia. Mientras el gobierno de José Antonio Kast se llena la boca con discursos de “mano dura” contra la migración irregular, el Servicio Nacional de Migraciones (Sermig) autorizó más de 16 mil reunificaciones familiares entre 2022 y 2025, la mayoría de menores de edad, con una flexibilización de requisitos que abrió la puerta a lo que la Fiscalía ya investiga como una posible red de trata de personas. La clase trabajadora asiste, una vez más, al espectáculo de un Estado que criminaliza a los pobres que llegan en busca de trabajo, pero que no tiene mecanismos para proteger a los niños que entran por la puerta grande, en vuelos autorizados, con papeles sellados por la misma institucionalidad que hoy se rasga las vestiduras.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La semana comenzó con una noticia que debería conmover los cimientos del Estado chileno, pero que la prensa hegemónica trató como un escándalo policial más. La Contraloría General de la República, en un preinforme reservado al que accedió BioBioChile, detectó un patrón de ingreso masivo de niños haitianos bajo la figura de “reunificación familiar” que escapó a todo control. Los números son escalofriantes: 12 adultos ingresaron a Chile con casi 486 menores en vuelos sin regulación entre 2024 y 2025. De ellos, 64 no han logrado ser ubicados. Están perdidos en el territorio nacional. Nadie sabe dónde están.

El director del Servicio Nacional de Migraciones, Frank Sauerbaum, fue más lejos: advirtió que la magnitud del fenómeno podría ser “considerablemente mayor” a la detectada por la Contraloría, y reveló que entre 2022 y 2025 se autorizaron más de 16 mil reunificaciones familiares, “la mayoría de ellos menores de edad”. El procedimiento recurrente, según la investigación, era simple: “los tomaban en Haití, los pasaban a República Dominicana y de República Dominicana tomaban vuelos hacia Chile”. El preinforme de Contraloría advierte que los adultos acompañantes no tenían su relación verificada con los menores, que una misma persona ingresó con múltiples niños en distintos vuelos sin validar el vínculo, y que los controles migratorios fueron débiles.

La farsa de la “mano dura”: el Estado que blinda a los traficantes

El caso de los niños haitianos desnuda la hipocresía de un gobierno que construyó su campaña electoral sobre la promesa de “orden” y “mano dura” contra la migración irregular. Mientras el Presidente José Antonio Kast endurece el discurso en la frontera norte y despliega militares para “controlar los pasos irregulares”, el Sermig autorizaba vuelos chárter con menores de edad sin la más mínima verificación de los vínculos familiares. La misma institucionalidad que hoy se declara “preocupada” es la que permitió que los niños entraran, sin controles, sin registros, sin seguimiento.

El presidente del Senado, Paulina Núñez (RN), llamó a convocar a los tres poderes del Estado para abordar el caso, calificándolo como una situación de “máxima gravedad”. El senador Matías Walker, presidente de la Comisión de Derechos Humanos, apuntó a “una posible falla del Estado en los mecanismos de control y protección de menores de edad”. La columna de opinión de BioBioChile fue lapidaria: “¿Cómo es posible que, en un Estado moderno, digitalizado y supuesto jaguar de América Latina, le perdamos el rastro a cientos de niños indefensos?”.

Pero las palabras no alcanzan. La Fiscalía Nacional ya abrió una investigación de oficio por una eventual red de trata de personas. El fiscal director de la Unidad de Anticorrupción, Eugenio Campos, señaló que se indagará “las fuentes de financiamiento y del objetivo del destino a la ciudad de Santiago”. Entre las líneas investigativas, se analizan posibles delitos de tráfico de migrantes, trata de personas y posibles ilícitos cometidos por funcionarios públicos. La advertencia del Sermig apunta a que “una persona que se hizo pasar como adulto responsable” ingresó en reiteradas ocasiones con niños haitianos, sin que las autoridades de control verificaran la relación.

La función de clase del abandono: el capital no cotiza en la bolsa

Desde una perspectiva marxista, el drama de los niños haitianos no es un “error” o una “falla” aislada del sistema. Es la expresión más cruda de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno. Como señaló la columna de BioBioChile, “en Chile, actualmente, todo aquello que no genera dividendos inmediatos o no entra en la dinámica de la producción pasa a segundo plano. La infancia, lamentablemente, no cotiza en la bolsa”.

Los niños haitianos no son ciudadanos que votan, no son consumidores que mueven el mercado, no son mano de obra calificada que el capital necesita. Son cuerpos que entran y salen, que se pierden en el laberinto burocrático de un Estado que no tiene ojos para quienes no generan ganancias. Mientras las grandes empresas obtienen rebajas tributarias millonarias y los ministros se blindan con vehículos blindados, los niños haitianos desaparecen en las sombras del sistema, sin que nadie sepa siquiera cuántos son realmente.

El mismo gobierno que recorta el presupuesto de la Defensoría de la Niñez es el que ahora se declara “consternado”. El mismo Estado que no invierte en educación intercultural ni en salud para migrantes es el que hoy exige “investigar con el máximo rigor”. La hipocresía es total. El abandono no es un accidente, es una política. No se trata de que el Estado no pueda proteger a los niños haitianos. Se trata de que no quiere hacerlo, porque protegerlos implicaría reconocer su existencia, su dignidad, su derecho a no ser una mercancía más en el tráfico global de la miseria.

El silencio cómplice de la prensa hegemónica

La noticia dio la vuelta al mundo. Bloomberg informó que “se teme que niños haitianos hayan sido víctimas de trata de personas y llevados a Chile; la fiscalía ha abierto una investigación”. Deutsche Welle tituló “Chile investigará posible tráfico de niños haitianos en 2025”. Radio Francia Internacional replicó la información de la agencia AFP. Mientras los medios internacionales cubrían el escándalo, la prensa chilena lo trató como un caso policial más, sin cuestionar las responsabilidades políticas ni el rol del Estado en la facilitación del ingreso irregular.

La columna de BioBioChile fue una de las pocas voces que conectó el drama con la indiferencia estructural: “Es un síntoma crudo de la enfermedad crónica que arrastramos como sociedad, el abandono sistemático de la infancia”. El texto recordó que el caso de los niños haitianos es parte de la misma lógica que generó el Sename y las promesas incumplidas de la nueva institucionalidad: “Se cambian los logos, las administraciones y los nombres, pero el fondo sigue siendo exactamente el mismo”.

La resistencia y la memoria: el pueblo no olvida

La clase trabajadora chilena ha visto antes este espectáculo. Los niños mapuche desaparecidos en la dictadura, los niños pobres abandonados en el Sename, los niños migrantes perdidos en el laberinto de la “reunificación familiar”. Todos ellos son hijos de la misma lógica: la vida de los de abajo no importa.

La investigación penal apenas comienza. El Senado ya convocó a una sesión especial para abordar el caso, con la participación de la Dirección General de Aeronáutica Civil, la Defensoría de la Niñez y la Policía de Investigaciones. Pero ninguna sesión especial devolverá a los 64 niños desaparecidos. Ninguna comisión investigadora reparará el daño de quienes entraron a Chile con una promesa de reunificación familiar que nunca se cumplió.

La lucha por los niños haitianos es la lucha por la dignidad de todos los niños pobres de Chile. Es la lucha por un Estado que no abandone a los suyos, que no mercantilice la infancia, que no convierta la migración en un negocio. Mientras el gobierno de Kast se prepara para su próxima ofensiva contra los migrantes, los niños haitianos siguen desaparecidos. Y el pueblo, el único que realmente cuida a los suyos, no olvida.

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