Lo que Donald Trump calificó como un “acuerdo histórico” hace apenas tres semanas ha quedado en nada. En las últimas 48 horas, Estados Unidos ha lanzado más de 170 ataques contra Irán, dejando al menos 14 muertos y 78 heridos, mientras Teherán responde con misiles contra bases estadounidenses en Qatar, Baréin y Kuwait. La tregua firmada el 17 de junio ha sido sepultada por la misma lógica de siempre: el imperialismo, incapaz de aceptar la derrota, recurre a la provocación y la fuerza bruta para intentar imponer su ley, mientras los pueblos de la Resistencia se niegan a doblegarse. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, a la misma película: los mismos que hablan de paz son los que lanzan las bombas, y los que pagan el costo son los de abajo.
Por Equipo El Despertar
La paz de mentira y la guerra de verdad
El 17 de junio, Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento de 14 páginas que prometía poner fin a la guerra, desbloquear el estrecho de Ormuz y abrir negociaciones sobre el programa nuclear iraní. La tregua duró lo que un suspiro. La noche del 7 de julio, Washington acusó a Teherán de violar el acuerdo tras atacar tres petroleros en el estrecho. Horas después, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) lanzó una ofensiva masiva: más de 170 objetivos alcanzados en 48 horas, incluyendo sistemas de defensa aérea, instalaciones de vigilancia costera, depósitos de misiles y drones, y una línea de ferrocarril que conecta Teherán con Mashhad, donde se esperaba el entierro del líder supremo Alí Jamenei.
El saldo oficial, entregado por el Ministerio de Salud iraní, es de 14 muertos y 78 heridos en los dos días de bombardeos. El portavoz de esa cartera, Hosein Kermanpour, fue categórico: “Mientras el alto el fuego estaba en vigor, Estados Unidos lanzó ataques contra cinco provincias de Irán los días 8 y 9 de julio”. Irán no se quedó de brazos cruzados. Horas después de los bombardeos, el Eje de la Resistencia lanzó misiles contra instalaciones militares estadounidenses en Qatar, Baréin y Kuwait.
Trump: “el alto el fuego ha terminado”
El presidente estadounidense fue explícito en su declaración: “El alto el fuego con Irán ha terminado”. Calificó a los líderes iraníes de “escoria” y “locos”, y dijo que considerar nuevas negociaciones era “una pérdida de tiempo”. Horas después, sin embargo, dio un giro de 180 grados: “La República Islámica de Irán nos ha pedido que continuemos las conversaciones. Hemos accedido a hacerlo, pero Estados Unidos les ha dejado claro, sin lugar a dudas, que el alto el fuego ha terminado”.
La contradicción es la marca de un imperio que no sabe cómo salir del atolladero en el que se metió. La guerra, que comenzó el 28 de febrero con el asesinato del líder supremo Alí Jamenei, ya lleva más de cuatro meses y ha dejado miles de muertos. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, sigue siendo el campo de batalla decisivo. Irán ha insistido en que el paso “solo se abrirá mediante acuerdos iraníes, no con amenazas estadounidenses”.
El negocio de la muerte: el imperio contra las cuerdas
El analista Richard N. Haass, citado por TASS, fue lapidario: Estados Unidos se encuentra en un “callejón sin salida estratégico” en el conflicto con Irán, ya que ninguno de los enfoques de la administración Trump ha funcionado. La escalada no es un accidente ni un malentendido. Es la estrategia deliberada de un imperio en decadencia que necesita la guerra para sobrevivir. La amenaza de Trump de bombardear Irán “a niveles nunca antes vistos” si es asesinado no es un exabrupto; es la confesión de un poder que no puede ganar en el campo de batalla y recurre al terrorismo de Estado para intentar doblegar a un pueblo que se niega a ser sometido.
Mientras tanto, el precio del crudo Brent se mantiene elevado, rondando los $78 por barril. La clase trabajadora del mundo paga el costo de esta guerra en el bolsillo, en el transporte, en la inflación. Las refinerías del Golfo Pérsico se han visto afectadas por el conflicto, y la Agencia Internacional de la Energía ya advierte de una crisis de suministro de gasolina y diésel.
Epílogo: la resistencia no se rinde
El negociador en jefe de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue claro: “Hit, and you’ll be hit”. La Resistencia ha demostrado que no se arredra ante las amenazas. Mientras el imperio se desangra en sus propias contradicciones, los pueblos de Asia Occidental siguen levantándose. La guerra no terminará con un memorando firmado en una mesa de negociaciones. Terminará cuando la clase trabajadora del mundo comprenda que su enemigo no está al otro lado del estrecho, sino en los palacios del poder que envían a los soldados a morir por las ganancias de las transnacionales del petróleo.
