La presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), Alicia Lira Matus, fue galardonada con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2026, en una ceremonia que se realizará el próximo 22 de julio. El reconocimiento, otorgado por el Consejo del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) entre quince postulaciones, llega en un momento en que la institucionalidad de los derechos humanos en Chile se encuentra bajo una ofensiva sin precedentes por parte del gobierno de José Antonio Kast. Mientras el INDH premia a una de las voces más emblemáticas de la lucha contra la impunidad, el Ejecutivo avanza en el desmantelamiento de las políticas de memoria, el retiro de planes de derechos humanos y la desvinculación de funcionarios clave. La clase trabajadora y los movimientos populares asisten a un nuevo capítulo de la contradicción de clase: el Estado que premia a las víctimas es el mismo que protege a los verdugos y relativiza los crímenes de la dictadura.
La trayectoria de una vida: de la dictadura al reconocimiento
Alicia Lira Matus, de 77 años y oriunda de Concepción, es viuda de un ejecutado político. Su esposo, Felipe Rivera, fue asesinado en 1986 por la Central Nacional de Informaciones (CNI), el organismo de inteligencia de la dictadura. Ese crimen marcó un punto de inflexión en su vida y la llevó a integrarse primero a la Agrupación de Familiares de Presos Políticos y luego a la AFEP, organización que preside desde 2009.
Bajo su liderazgo, la AFEP ha impulsado más de 1.250 querellas por crímenes de la dictadura y logró que la Corte Suprema emitiera un auto acordado que permite a la agrupación ser parte de procesos legales. Su trabajo no se ha limitado a Chile: ha participado como observadora en procesos internacionales de derechos humanos, siguió el juicio contra Augusto Pinochet en Londres y colaboró en misiones en Palestina, Colombia y Guatemala. En 2023, recibió la primera Medalla Derechos Humanos y Democracia otorgada por la Universidad de Chile.
La contradicción de clase: premio y desmantelamiento
El director del INDH, Yerko Ljubetic, fue claro al señalar que el premio cobra especial relevancia “en momentos en que algunos han relativizado los hechos ocurridos durante los años más duros que ha atravesado Chile”. Sus palabras apuntan directamente a la ofensiva del gobierno de Kast contra la institucionalidad de los derechos humanos.
En mayo de 2026, en una entrevista concedida a Radio Nuevo Mundo, Lira denunció la grave situación en que se encuentra la institucionalidad de los derechos humanos bajo la administración de Kast. Entre las acciones del Ejecutivo, mencionó el retiro de la Contraloría del Plan de Derechos Humanos 2026-2029, la propuesta de descontinuar el Programa de Derechos Humanos en el marco del presupuesto 2027, la ejecución de importantes desvinculaciones de funcionarios y la reciente denuncia sobre las instrucciones que habría dado el ministro de Justicia, Fernando Rabat, de no intervenir en causas de derechos humanos.
La memoria como resistencia
Desde una perspectiva marxista, el premio a Alicia Lira no es un acto de reparación del Estado, sino un reconocimiento a la resistencia de un pueblo que se niega a olvidar. La dictadura de Pinochet no fue un accidente de la historia: fue el instrumento de la burguesía chilena para imponer un modelo económico que concentra la riqueza en manos de unos pocos y criminaliza a los que se resisten. El asesinato de su esposo y la persecución que ella misma sufrió no fueron actos aislados, sino parte de una estrategia de terrorismo de Estado diseñada para disciplinar a la clase trabajadora.
La ofensiva actual del gobierno de Kast contra los derechos humanos no es una anomalía, sino la continuación de esa misma lógica. Mientras el INDH premia a Lira, el Ejecutivo intenta desmantelar las políticas de memoria y relativizar los crímenes de la dictadura. La contradicción es brutal: el Estado que hoy la premia es el mismo que, en los hechos, protege a los responsables de los crímenes que ella ha denunciado durante décadas.
Como ha señalado la propia Lira: “Es muy importante, más que nunca hoy día, la unidad y la organización”. La clase trabajadora debe entender que la lucha por los derechos humanos es inseparable de la lucha por la justicia social. El premio a Alicia Lira no es un fin, sino un recordatorio de que la memoria es resistencia y que la impunidad de los poderosos solo se vence con la organización de los de abajo.
