Mientras el gobierno de José Antonio Kast predica el “ajuste fiscal” y recorta el gasto social con la excusa de la “emergencia”, acaba de materializar un aumento de hasta $9,9 millones mensuales para el bolsillo de sus asesores de confianza, muy por encima de los $6 millones que fijó la administración anterior. El propio Presidente percibe un sueldo bruto superior a los $11 millones, mientras los funcionarios públicos de base reciben un reajuste de apenas 3,4% escalonado y la ciudadanía enfrenta el mayor ajuste fiscal en años. La contradicción es brutal: la misma derecha que exige “sacrificios” a los trabajadores, que recorta la salud y la educación, y que flexibiliza los derechos laborales, se aplica a sí misma una vara completamente distinta. La clase trabajadora asiste al espectáculo de una élite que se sirve del erario mientras predica la “austeridad” para los de abajo.
El festín de los asesores: el techo de los $9,9 millones
Apenas una semana después de asumir el 11 de marzo, el gobierno de José Antonio Kast, a través de un oficio de la Dirección de Presupuestos (Dipres), estableció nuevos criterios para la contratación de asesores estratégicos, lo que incluyó un considerable aumento en sus remuneraciones. El techo salarial para los asesores del Presidente quedó fijado en $9.963.058 mensuales para quienes cumplan con todos los requisitos, una cifra que equivale a 18 sueldos mínimos.
El contraste con la administración anterior es demoledor. Durante el gobierno de Gabriel Boric, el tope para asesores de confianza se fijó en torno a los $5.490.352 brutos mensuales. Es decir, el gobierno de Kast **casi duplicó** el límite salarial para su círculo más cercano. Para los asesores de ministros del comité político —Interior, Hacienda, Defensa, Relaciones Exteriores— el tope alcanza los $8,2 millones. Para el resto de los ministerios, las remuneraciones fluctúan entre los $5,8 y los $7,4 millones mensuales.
El propio Presidente Kast percibe una remuneración bruta mensual de más de $11 millones, lo que representa un aumento de cerca de $3,4 a $4 millones en comparación con el presidente saliente. Los ministros de las carteras consideradas “estratégicas” —Interior, Hacienda, Relaciones Exteriores, Defensa y Segpres— también reciben remuneraciones diferenciadas y superiores al resto.
El reajuste de los de abajo: migajas para los funcionarios de base
Mientras la élite del gobierno se sirve a sus anchas, los funcionarios públicos de base —los que realmente sostienen el Estado— reciben un reajuste total de 3,4%, compuesto por un 2% retroactivo desde diciembre de 2025 y un 1,4% a contar de junio de 2026. El proyecto de ley, que fue despachado por el Congreso y se encuentra a la espera de la revisión del Tribunal Constitucional, considera un reajuste de 2,7% nominal para los funcionarios cuyas remuneraciones brutas sean iguales o inferiores a dos millones de pesos; para quienes superen esa línea de corte, el incremento será de solo 0,8%.
Es decir, mientras los asesores del Presidente pueden ganar hasta $9,9 millones mensuales, los trabajadores de base reciben un ajuste que ni siquiera alcanza a cubrir la inflación proyectada. La Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) ya había advertido que el proyecto de Presupuesto original contemplaba un 0% de crecimiento para los sueldos de los trabajadores públicos, y que el reajuste solo fue posible gracias a la negociación y a los fondos del Tesoro Público.
El presidente de la ANEF, José Pérez, fue lapidario al referirse a la postura de Kast sobre el empleo público: el abanderado republicano ha señalado que la mitad de su recorte fiscal de US$6.000 millones se hará posible despidiendo a funcionarios públicos. “Su verdadero rostro. No le importan las y los trabajadores”, acusó Pérez.
La ofensiva contra la clase trabajadora: recortes que sangran
La hipocresía alcanza niveles grotescos cuando se contrasta el aumento de los sueldos de los asesores con las políticas de ajuste que el gobierno de Kast ha impuesto a la ciudadanía. El “recorte fiscal de 6.000 millones de dólares” que prometió en campaña se ha traducido en una batería de medidas que golpean directamente a los sectores populares:
- Recortes en salud: $413 mil millones sustraídos del presupuesto del Ministerio de Salud.
- Recortes en vivienda: más de $200 mil millones menos en subsidios habitacionales.
- Recortes en desarrollo social: $32.721 millones menos para programas de infancia, juventud y pueblos indígenas.
- Flexibilización laboral: propuestas para modificar la ley de 40 horas y eliminar la restricción de “única naturaleza” en los contratos.
- Congelamiento de la gratuidad universitaria: para estudiantes mayores de 30 años.
Mientras los asesores de Kast disfrutan de sueldos que equivalen a 18 salarios mínimos, la clase trabajadora enfrenta el desempleo más alto en cinco años (9,4%), el colapso de la salud pública y la precarización de sus derechos laborales.
La función de clase de la “austeridad”
Desde una perspectiva marxista, esta doble vara no es un accidente ni una contradicción del gobierno de Kast: es su esencia. La “austeridad” que predica la derecha no es una política económica, sino un instrumento de dominación de clase. Se aplica con rigor a los de abajo —recortando sus derechos, precarizando su trabajo, desfinanciando sus servicios públicos— y se desvanece cuando se trata de los de arriba.
El gobierno de Kast, como todos los gobiernos de la burguesía, actúa como el comité de administración de los intereses del capital. Los recortes no son para “ordenar las finanzas”, sino para transferir recursos desde los bolsillos de los trabajadores hacia las arcas de los grupos económicos. Las rebajas tributarias a las grandes empresas, la flexibilización laboral y el ajuste fiscal son el mecanismo mediante el cual el capital se apropia de una mayor porción de la riqueza social.
Mientras tanto, los asesores de confianza del Presidente —los que diseñan y ejecutan estas políticas de ajuste— son recompensados con sueldos que duplican lo que ganaban en el gobierno anterior. La “austeridad” es para los pobres. Para los amigos del poder, siempre hay presupuesto.
Epílogo: la lucha de clases continúa
La contradicción es tan evidente que la propia prensa hegemónica ha tenido que hacerse eco de ella. La noticia de que los asesores de Kast podrán ganar hasta $9,9 millones fue difundida por medios como La Hora, Resumen y Emol. La crítica fue inmediata: “Parece que la austeridad no llega a los asesores del Presidente”.
Pero la clase trabajadora no debe quedarse en la indignación pasiva. Esta doble vara es la prueba de que el Estado, bajo el gobierno de Kast, no es un instrumento al servicio del bien común, sino una herramienta al servicio de los intereses de una minoría. Mientras los asesores del Presidente disfrutan de sueldos de 18 salarios mínimos, los trabajadores de la salud, los profesores, los funcionarios públicos de base y todos los que sostienen el país con su trabajo son sometidos a un ajuste que no conocen los poderosos.
La lucha por la justicia social pasa por denunciar esta hipocresía, por organizarse para defender los derechos conquistados y por construir un Estado que esté al servicio de las mayorías, no de las élites. Mientras el gobierno de Kast se sirve a sus anchas, la clase trabajadora se prepara para resistir.
