La Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) convocó este jueves a una jornada de protesta nacional en casi una decena de ciudades del país, recuperando el símbolo de la Plaza Baquedano para denunciar que el gobierno de José Antonio Kast está “al servicio de los ricos” y utiliza la “bandera de la seguridad” para criminalizar a la juventud. La convocatoria, que se extiende a universitarios y trabajadores, no es una marcha más: es la confirmación de que el movimiento estudiantil, que había sido silenciado por años, vuelve a ocupar el centro de la escena política para frenar la ofensiva neoliberal de la derecha. En un comunicado, la ACES fue categórica: los estudiantes “no seremos espectadores de un gobierno que lo único que ha hecho durante estos cinco meses es impulsar proyectos para los grandes empresarios y para asegurar que el pueblo no se alce ante la miseria que están generando”. La clase trabajadora asiste, una vez más, al resurgimiento de una fuerza que, en 2019, hizo temblar los cimientos del Estado de los patrones.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La mañana del jueves 3 de septiembre, la Plaza Baquedano volvió a ser el epicentro de la resistencia popular. La Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) convocó a una “jornada de protesta” a las 10:30 horas, convocando a estudiantes secundarios, universitarios y al “pueblo de Chile” a salir a la calle. El punto de encuentro no fue casual: la plaza que fue el corazón del estallido social de 2019 volvió a ser el símbolo de un descontento que el gobierno de José Antonio Kast no ha logrado sofocar.
Las demandas de los estudiantes son un catálogo de la ofensiva de clase del gobierno de Kast: el rechazo a los recortes presupuestarios en educación, que golpean con especial fuerza a la educación pública; la oposición a la “megarreforma” fiscal que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas; la denuncia de la criminalización de la juventud a través de proyectos como “Escuelas Protegidas”; y el repudio a la reforma constitucional de seguridad que busca instaurar un estado de excepción de 240 días para restringir derechos fundamentales.
La calle como respuesta a la “mano dura”
La ACES fue categórica al calificar al gobierno de Kast: un Ejecutivo que está “al servicio de los ricos” y que, junto a sus aliados internacionales, busca activamente “precarizar aún más las condiciones de vida de las familias trabajadoras”. La organización denunció que el gobierno “utiliza la bandera de la seguridad solo para dotarse de herramientas de control social, enfocándose en criminalizar a la juventud”.
La convocatoria de la ACES no es un hecho aislado. Es la continuidad de un ciclo de protestas que comenzó en junio, cuando la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) convocó una marcha que dejó una estudiante con fracturas faciales y 35 detenidos. Es la respuesta a un gobierno que, en lugar de dialogar, ha optado por la represión y la criminalización de la protesta social.
El ministro de Educación, Marco Antonio Ávila, ha reconocido que la comunidad educativa no es un “saco de boxeo” y que los estudiantes están “transitando un momento complejo” por las medidas del gobierno. Pero el reconocimiento de la crisis no es suficiente. La clase trabajadora necesita políticas que defiendan la educación pública, no declaraciones que intentan maquillar el descontento.
El retorno del movimiento estudiantil
El resurgimiento del movimiento estudiantil no es un capricho. Es la respuesta de una generación que ha visto cómo el gobierno de Kast, en apenas cinco meses, ha impulsado una agenda que privilegia a los grandes empresarios por sobre las necesidades de la mayoría. La megareforma fiscal, los recortes en educación, la reforma constitucional de seguridad y la criminalización de la protesta son eslabones de una misma cadena: la ofensiva de la derecha contra los derechos de la clase trabajadora.
La ACES ha hecho un llamamiento a la población a sumarse a las marchas para fortalecer y extender a todo el país las protestas. La consigna es clara: “defender el futuro” frente a un gobierno que está “al servicio de los ricos”. Y el futuro, para los estudiantes, no es una abstracción: es la educación pública, la gratuidad universitaria, la alimentación escolar, la salud mental, la dignidad de una vida que no esté sometida al lucro y la precarización.
La función de clase del movimiento estudiantil
Desde una perspectiva marxista, el retorno de los estudiantes a las calles no es un mero descontento juvenil. Es la expresión de una contradicción de clase que el capitalismo chileno ha profundizado durante décadas. La educación pública, que debiera ser un derecho universal, se ha convertido en una mercancía que el capital administra según sus intereses. La gratuidad, que fue una conquista del movimiento estudiantil, está siendo recortada y condicionada. La protesta, que es un derecho fundamental, está siendo criminalizada.
Los estudiantes, como sector de la clase trabajadora, están en la primera línea de esta batalla. No solo porque son los directamente afectados por los recortes y la represión, sino porque representan la posibilidad de un futuro distinto. Por eso el gobierno de Kast los persigue con saña: porque sabe que la juventud organizada es la amenaza más real a su proyecto de dominación.
Epílogo: la lucha recién comienza
La jornada de protesta de este jueves no es el fin de la historia, sino el comienzo de una nueva fase de la resistencia popular. La ACES ha dejado claro que estas movilizaciones buscan “propiciar un nuevo paro nacional que obstaculice la agenda económica de Kast”. Los estudiantes han vuelto a la calle, y no tienen intención de irse.
La clase trabajadora debe leer estas protestas con otros ojos. No son un capricho juvenil ni un acto de vandalismo. Son la respuesta de una generación que se niega a ser sometida, que se niega a aceptar que el futuro esté escrito por los mismos de siempre. Mientras el gobierno de Kast siga recortando derechos y regalando el Estado al capital, los estudiantes seguirán en las calles. Y la historia, como siempre, la escriben los que resisten.
