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El capitalismo chileno entra en recesión técnica: el modelo que regala 4.000 millones a los ricos no puede sostener ni el crecimiento de los pobres

Ago 20, 2026
Santiago 10 de julio 2025. Jose Antonio Kast anuncia la incorporacion del destacado economista Jorge Quiroz al equipo del candidato presidencial. Jonnathan Oyarzun/Aton ChileFoto Ierda Diario

El Producto Interno Bruto de Chile cayó un 0,2% en el segundo trimestre de 2026, encadenando dos trimestres consecutivos de contracción tras el desplome del 0,3% del primer trimestre. La noticia que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se empeñó en negar hasta el último momento —“No, no hay recesión (técnica)”— es ahora un hecho consumado: la economía chilena ha entrado en recesión técnica. Mientras el gobierno de José Antonio Kast celebró como un “triunfo” su megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, la clase trabajadora paga el costo de un modelo que no puede generar crecimiento ni siquiera para sostener la miseria. La minería, el sector estrella del extractivismo chileno, se desplomó un 6,4%; la inversión se estancó; el consumo se debilitó; y el desempleo ya supera el 9,4%. La receta de la derecha para salir de la crisis no es otra cosa que más de lo mismo: vender los activos del Estado, profundizar el ajuste y seguir transfiriendo recursos de los de abajo a los de arriba.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. Los datos del Banco Central son tozudos y no admiten el maquillaje estadístico que la derecha ha intentado imponer durante meses. Entre abril y junio de 2026, el PIB chileno se contrajo un 0,2% en términos interanuales, sumándose a la caída del 0,3% registrada en el primer trimestre. Incluso en la medición desestacionalizada —la que los economistas del gobierno intentan usar para negar la realidad— el segundo trimestre mostró una contracción de -0,02% cuando se consideran los decimales completos. Como resume el economista Alejandro Fernández, de Gemines Consultores, “el primer semestre fue pésimo y muestra una economía que se debilita y se contrajo”.

El desplome de la minería: el corazón del modelo extractivista se para

La explicación de la recesión es, paradójicamente, la confesión de la debilidad estructural del capitalismo chileno. El sector que el gobierno ha privilegiado con rebajas tributarias, flexibilización ambiental y una megareforma hecha a su medida —la minería— fue el principal responsable del desplome. La extracción de cobre cayó un 6,4%, y la actividad minera en su conjunto explicó la mayor parte de la contracción del PIB.

La paradoja es brutal: el gobierno de Kast regaló 4.000 millones de dólares anuales a las grandes mineras a través de la rebaja del impuesto corporativo, y el resultado es que la minería se contrae, las exportaciones se desploman y la economía entra en recesión. El modelo extractivista, que la derecha ha defendido como la única vía de desarrollo, ha demostrado su fragilidad: cuando el precio del cobre fluctúa o la producción se resiente, toda la economía se tambalea. La dependencia de las materias primas es, como señalan los expertos, un problema estructural.

La inversión se estanca y el consumo se debilita: la clase trabajadora ya no puede sostener la economía

El estancamiento de la inversión es otro de los datos que desmienten el optimismo oficial. La formación bruta de capital fijo no registró variación en el segundo trimestre, con una caída en la construcción y otras obras que fue compensada por un aumento en la compra de maquinaria y equipo. Pero lo más revelador es que este estancamiento se produjo “a pesar del optimismo que el Gobierno de José Antonio Kast ha pretendido transmitir a los inversionistas, particularmente a través de su megarreforma”. Es decir, ni siquiera el regalo millonario al capital ha logrado reactivar la inversión productiva.

El consumo, que había sido el único sostén de la economía en trimestres anteriores, también se ha debilitado “de manera clara”. Y no podría ser de otra forma: con un desempleo que supera el 9,4% y una inflación que sigue golpeando el bolsillo de los trabajadores, la clase trabajadora ya no tiene capacidad para sostener el consumo agregado. La economía chilena, diseñada para extraer plusvalía de los de abajo y concentrarla en los de arriba, ha llegado al límite de su modelo.

La hipocresía del gobierno: negar la recesión mientras se vende el patrimonio de los chilenos

La respuesta del gobierno a la recesión ha sido, como era de esperar, una combinación de negación y desposesión. El ministro Quiroz ha insistido en que no hay recesión, contradiciendo a los economistas y a los datos del Banco Central. Pero mientras niega la realidad, el gobierno ha acelerado la venta de activos del Estado: inmuebles fiscales, participación en empresas sanitarias, y activos de Codelco. La “solución” de la derecha a la crisis que ella misma ha generado no es redistribuir la riqueza ni gravar a los que más tienen, sino liquidar el patrimonio de todos los chilenos para tapar los agujeros fiscales.

La hipocresía es monumental. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales desde el Estado hacia las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que anunció un ajuste fiscal de 6.000 millones de dólares, ahora pretende vender el cobre, el agua y la tierra de los chilenos para financiar su propio desgobierno.

La función de clase de la recesión

Desde una perspectiva marxista, la recesión técnica que vive Chile no es un accidente ni un fenómeno externo. Es la consecuencia lógica de un modelo económico que ha priorizado la extracción de recursos naturales por sobre el desarrollo productivo, la concentración de la riqueza por sobre la distribución, y la ganancia del capital por sobre el bienestar de la clase trabajadora. La megareforma de Kast no fue una solución a la crisis; fue su profundización. Al reducir los impuestos a las grandes empresas, el gobierno redujo los ingresos fiscales y obligó al Estado a endeudarse o a vender activos, mientras los trabajadores seguían esperando que sus salarios alcanzaran para llegar a fin de mes.

El desempleo, la precarización y la caída del consumo no son efectos colaterales del modelo; son sus características centrales. El capitalismo chileno necesita un ejército de reserva de trabajadores desocupados para mantener los salarios a la baja, y necesita una clase trabajadora endeudada y precarizada para sostener el consumo a través del crédito. La recesión no es un fracaso del sistema; es su funcionamiento normal.

Epílogo: el crecimiento de los de arriba y el abandono de los de abajo

La recesión técnica de 2026 no es el fin de la crisis, sino su nueva fase. El gobierno de Kast ha demostrado que su única respuesta a la crisis es más de lo mismo: más rebajas de impuestos para los ricos, más venta de activos públicos, más ajuste para los trabajadores. La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso de la “reactivación” ni por las negaciones del ministro Quiroz. La economía no se reactiva regalando el Estado al capital; se reactiva con inversión pública, con redistribución de la riqueza, con un modelo que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías.

Mientras el gobierno de Kast celebra su megareforma y vende el patrimonio de los chilenos, los trabajadores siguen esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. La recesión no es un fenómeno natural; es el resultado de décadas de políticas que han entregado la riqueza del país a los grupos económicos. La única salida no es esperar que el capital resuelva la crisis, sino organizarse para construir un modelo económico que ponga la vida de los de abajo por encima de las ganancias de los de arriba. La historia, como siempre, la escriben los que resisten.

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