Tras el cierre de Multitiendas Corona, más de 100 ex trabajadores, desde diseñadores y jefes de tienda hasta altos ejecutivos, han presentado demandas contra la empresa y sus propietarios, la familia Schupper, para exigir el pago de más de 10 millones de dólares en finiquitos impagos. La estrategia legal busca levantar el velo corporativo y declarar la “unidad económica” entre las más de 12 sociedades del holding, para que el patrimonio de los dueños, estimado en casi 100 millones de dólares, responda por las deudas laborales. La lucha de estos trabajadores no es un hecho aislado, sino un capítulo más de la ofensiva de la clase trabajadora contra una burguesía que acumula riquezas mientras despoja a quienes construyeron su imperio durante más de seis décadas.
Por Equipo El Despertar
Tras operar por más de 70 años, la histórica cadena de tiendas por departamento Corona quebró y bajó sus cortinas definitivamente en julio de 2025. Sin embargo, el capítulo final de esta historia no se escribió en los remates de sus locales, sino en los tribunales laborales. Cerca de un centenar de exempleados, incluyendo diseñadores, analistas, informáticos, jefes de tienda y altos ejecutivos, han iniciado una batalla legal para cobrar lo que les pertenece: más de 10 millones de dólares en finiquitos y otras indemnizaciones que la empresa se ha negado a pagar.
La deuda que Corona mantiene con sus trabajadores no es un problema de liquidez, sino una decisión de clase. La empresa acumuló pasivos por más de 67 mil millones de pesos mientras su grupo económico, liderado por los hermanos Schupper Messcher, posee un patrimonio que supera los 100 millones de dólares. Esta contradicción es el corazón de la disputa: los trabajadores, que dedicaron décadas de sus vidas a engrosar las arcas de la familia, hoy son despojados de sus derechos, mientras el holding mantiene intacta su riqueza.
“Exigimos que se declare que existe una unidad económica entre las sociedades y personas relacionadas, exigimos el pago íntegro de las indemnizaciones legales y convencionales, feriados, etcétera”, ha declarado Matías Berríos Fuchslocher, abogado que representa a 89 demandantes. La “unidad económica” es la llave legal para romper el blindaje patrimonial de los Schupper. Permite traspasar las deudas laborales de la empresa en quiebra a las otras sociedades del holding que siguen operando.
La arquitectura del saqueo: cómo el holding usó a los trabajadores como piezas intercambiables
Los trabajadores denuncian que el grupo funcionaba como “un verdadero holding con un solo rostro ante sus trabajadores”. Los gerentes corporativos prestaban servicios simultáneamente para más de ocho sociedades del grupo, representaban legalmente a todas ante la inspección del trabajo, y compartían oficinas e inmuebles.
La arquitectura de esta red empresarial es una maniobra de clase para ocultar la riqueza y eludir responsabilidades. Además de Multitiendas Corona S.A., el holding incluye a Inmobiliaria Alef S.A., Inversiones Corona S.A., Bodega Corona S.A., Corona Corredora de Seguros Ltda., y Schupper S.A., entre otras. La familia Schupper, dueña de estas sociedades, arrendaba 15 locales a su propia empresa, una transferencia de recursos que hoy los trabajadores buscan hacer responsable.
La apropiación indebida: cuando el capital descuenta y no paga
La ofensiva legal no se limita a los finiquitos. Ocho exgerentes de alto nivel presentaron una querella criminal contra la empresa por apropiación indebida de fondos. Según la denuncia, Corona retuvo de los sueldos de sus trabajadores los montos correspondientes al impuesto único de segunda categoría entre noviembre de 2024 y junio de 2025. Sin embargo, en lugar de enterarlos al Servicio de Impuestos Internos (SII), los recursos fueron desviados para “solventar gastos de caja y liquidez interna”. Esto significa que el capital no solo despojó a los trabajadores de sus finiquitos, sino que también se apropió de los impuestos que debía pagar al Estado.
“Presentamos la querella porque nos consta que no se enteró el impuesto único de segunda categoría. Sabemos que esos montos sí fueron retenidos por la empresa”, ha declarado el abogado Berríos. Los trabajadores, algunos con más de 36 años de servicio, aceptaron rebajas salariales durante la pandemia en solidaridad con la empresa, pero hoy son ignorados y no reciben respuesta a sus correos.
La función de clase del conflicto: el velo corporativo como escudo de la burguesía
Este conflicto expone con crudeza la lógica de clase del capitalismo chileno. Los Schupper, como toda la burguesía, han utilizado el blindaje de las sociedades anónimas y la fragmentación de su holding para enriquecerse mientras trasladan los costos de la crisis a los trabajadores. La quiebra de Corona no es un fracaso empresarial, sino una operación planificada para deshacerse de las obligaciones laborales.
Mientras los trabajadores enfrentan meses de angustia sin ingresos, la familia Schupper ha activado la venta de inmuebles por 19 millones de dólares, como el centro de distribución en Lampa. Esta maniobra busca vaciar el patrimonio antes de que la justicia lo declare responsable. Por eso, los abogados de los trabajadores han puesto el ojo en este movimiento y han alertado a los acreedores.
La lucha de los ex empleados de Corona no es un caso aislado. Es la punta del iceberg de una crisis estructural del capitalismo chileno, donde las grandes empresas quiebran, los trabajadores pierden sus derechos y los dueños del capital se refugian en paraísos legales para proteger su riqueza. Pero los trabajadores de Corona han decidido resistir. Han presentado más de 80 demandas en tribunales de todo el país, desde Arica a Punta Arenas, y no descartan acciones penales por delitos económicos y concursales.
El desenlace de la lucha
El fallo de la justicia laboral chilena en este caso será un precedente fundamental para la clase trabajadora. Si se declara la unidad económica del holding Schupper, se abrirá una puerta para que miles de trabajadores de empresas en quiebra puedan cobrar sus deudas del patrimonio real de los dueños, y no solo de las sociedades vacías que dejan en la ruina.
La lucha de los ex trabajadores de Corona es un acto de resistencia de clase. Es la negativa a aceptar que el capital pueda acumular riquezas mientras despoja a quienes las construyeron. Es la exigencia de que el Estado, que siempre está dispuesto a proteger a los empresarios, también defienda los derechos de quienes trabajan. Y es un recordatorio de que, como ha dicho el abogado Berríos, “las acciones ejercidas no son temerarias, existe mucho que aclarar”
