Jue. Sep 24th, 2026

El desierto diplomático del enclave: el abandono masivo en la ONU desnuda el aislamiento del proyecto sionista y sus aliados imperialistas

Sep 24, 2026

La retirada coordinada de cientos de delegaciones diplomáticas ante la intervención del primer ministro israelí desarticula la ficción de la “legitimidad internacional”, evidenciando el colapso ideológico del Estado de Israel y la insostenibilidad del apoyo prestado por las potencias del capital.

Por Equipo El Despertar

El vaciamiento masivo del plenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el momento en que Benjamin Netanyahu tomó el podio ha ofrecido una imagen nítida del repliegue geopolítico y la degradación diplomática del régimen israelí. Centenares de representantes de países del Global Sur, África, Asia y Latinoamérica abandonaron la sala de manera coordinada, dejando una vasta extensión de escaños vacíos frente a la delegación ocupante. Las narrativas hegemónicas de la prensa corporativa internacional han intentado reducir esta acción a un “gesto simbólico” o una “interrupción del protocolo diplomático”; sin embargo, un análisis materialista dialéctico revela que la protesta es el síntoma visible de una grieta insalvable entre los intereses de las masas del mundo y la arquitectura de dominación imperialista que sostiene al enclave colono en Medio Oriente.

Lejos de responder a una mera fricción retórica, el vaciamiento del recinto expresa la crisis de legitimidad del proyecto sionista como avanzada de valorización y control geopolítico de las potencias occidentales. La persistencia del genocidio, el despojo territorial y el aplastamiento sistemático del pueblo palestino han sobrepasado los límites de contención ideológica que los medios hegemónicos mantuvieron durante décadas. La respuesta del liderazgo israelí en la tribuna —tildando despectivamente de “cobardes morales” a las delegaciones que se retiraron— solo confirma la incapacidad de la burguesía sionista para justificar la barbarie mediante el viejo repertorio del derecho a la autodeterminación colonial.

Desde la perspectiva del análisis de clase, las Naciones Unidas nunca han sido un tribunal neutral de la justicia universal, sino un terreno de disputa condicionado por la correlación de fuerzas entre las potencias imperialistas y los pueblos subordinados. El aislamiento de Israel en este foro refleja cómo la acumulación por desposesión ejecutada sobre la Franja de Gaza y Cisjordania se ha vuelto insostenible incluso para las burguesías periféricas, que se ven forzadas por sus propias clases trabajadoras a marcar distancia de la carnicería militar. Como advertía Karl Marx al analizar la naturaleza de los conflictos de dominación colonial: “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”. En este caso, la opresión sistemática sobre Palestina no solo ha descompuesto la sociedad israelí desde dentro, sino que ha convertido a su Estado en una entidad paria protegida de forma aislada por el complejo militar-industrial de Washington y sus satélites.

Frente a la complacencia de los bloques de poder occidentales que siguen proveyendo pertrechos y cobertura diplomática, la imagen del plenario desierto señala el agotamiento histórico de la impunidad colonial. La pretensión de justificar el exterminio mediante la retórica de la “defensa de la civilización contra la barbarie” choca frontalmente con la conciencia de las naciones del Sur Global. La salida en masa de los delegados no es el triunfo definitivo de la diplomacia, sino el eco institucional de la movilización popular planetaria que exige el fin del apartheid, demostrando que la verdadera soberanía y la paz no surgirán de los discursos imperialistas, sino de la lucha incondicional por la liberación de los pueblos oprimidos.

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