La evidencia de que los dispositivos de desinformación masiva desarrollados por Fernando Cerimedo operaron en los procesos electorales chilenos destruye la ficción de la “democracia deliberativa”, revelando cómo la extrema derecha y las élites económicas compran la conciencia social a través de la guerra psicológica digital.
Por Equipo El Despertar
La reciente investigación periodística que alinea las pruebas del despliegue del denominado “método Cerimedo” en Chile destroza el mito hegemónico del votante “libre e informado” que la ideología liberal promueve para legitimar sus comicios. Las revelaciones confirman que la articulación de redes de trolls, granjas de bots, segmentación psicométrica mediante big data y la difusión industrial de fake news —prácticas perfeccionadas por el estratega de la extrema derecha regional Fernando Cerimedo— no fueron fenómenos exógenos o fortuitos, sino una operación sistemática financiada por sectores de la burguesía local y transnacional para influir directamente en los procesos electorales e institucionales del país.
Frente al tratamiento mediático dominado por la prensa corporativa, que pretende encuadrar el caso como un mero “escándalo de ética periodística” o una “falta de regulación en redes sociales”, el análisis materialista de la comunicación revela su verdadera función de clase. La desinformación sistemática no es un exceso aleatorio del marketing político, sino una forma moderna de guerra ideológica destinada a fracturar la conciencia de la clase trabajadora, inocular el antipoliticismo y sembrar el pánico social para encauzar el voto hacia proyectos políticos contrarios a los intereses populares. La burguesía, al concentrar no solo los medios de producción material sino también los medios de producción simbólica y digital, utiliza estas tecnologías para garantizar la reproducción del modelo de acumulación neoliberal.
Esta instrumentalización de la mentira planificada ilustra prístinamente la célebre tesis de Karl Marx y Friedrich Engels en La ideología alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual”. En la fase actual del capitalismo financiero y de datos, los “medios de producción espiritual” adoptan la forma de algoritmos opacos y empresas de guerra psicológica que transforman la angustia social provocada por la precarización de la vida en resentimiento reactivo y sumisión política.
Pretender que este problema se erradicará mediante “comisiones de chequeo de datos” (fact-checking) o leyes de neutralidad algorítmica dictadas por el propio Estado burgués es una ilusión reformista. Las plataformas de redes sociales donde operó la red de Cerimedo son monopólicas y privadas, guiadas por la búsqueda incesante de ganancias a través del hiperconsumo y la polarización. La denuncia del “método Cerimedo” debe convertirse en una herramienta de agitación pedagógica para poner al descubierto cómo la democracia capitalista no es más que la dictadura del capital disfrazada de libertad de elección, donde el dinero de los poderosos compra los algoritmos que intentan moldear el destino de los pueblos.
