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La trampa del crédito financiero: el endeudamiento fiscal roza el límite del 45% y devela el saqueo de la hacienda pública bajo el capital

Nov 2, 2026
Foto Diario Financiero

Tras escalar al 44,7% del PIB en el tercer trimestre, la deuda bruta del Fisco se posiciona al borde del techo fijado por el ministro Quiroz, desnudando cómo las políticas de desgravación al empresariado y el endeudamiento externo transfieren la riqueza nacional hacia los tenedores de bonos y la banca transnacional.

Por Equipo El Despertar

El reciente reporte de la Dirección de Presupuestos que constata un incremento sustancial en la deuda pública bruta del Gobierno Central —ubicándola en un inédito 44,7% del Producto Interno Bruto (PIB) al cierre del tercer trimestre— representa un claro testimonio del fracaso del relato de “austeridad y responsabilidad fiscal” impulsado por la administración patronal. Descartando los marcos teóricos de la economía burguesa y la prensa corporativa, que reducen la aceleración del endeudamiento a factores meramente exógenos como “el alza del dólar” o “descalces presupuestarios heredados”, la lectura desde el materialismo histórico expone la contradicción de fondo: el endeudamiento fiscal no es un accidente contable, sino un mecanismo directo de subordinación del Estado al capital financiero internacional.

Durante meses, el equipo económico encabezado por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, defendió la fijación de un “límite prudencial” rígido del 45% del PIB en el Decreto de Política Fiscal, prometiendo sostener la disciplina mediante el recorte del gasto social y la promesa de una supuesta eficiencia administrativa. Sin embargo, la combinación de exenciones tributarias a los grupos económicos concentrados, la caída en la recaudación producto del frenazo productivo y el encarecimiento del servicio de la deuda motivado por las emisiones en divisas extranjeras han empujado los pasivos estatales a rozar el techo autoimpuesto. La retórica de la “disciplina fiscal” ha demostrado ser una herramienta de doble estándar: inflexibilidad y tijera para los presupuestos de salud, educación y vivienda popular, pero flexibilidad absoluta para garantizar el pago puntual de intereses al capital tenedor de la deuda.

Frente a la inminencia del rebasamiento del límite del 45% y las voces del empresariado que exigen acelerar las privatizaciones o profundizar los recortes al gasto corriente, dirigentes del movimiento sindical y de la izquierda clasista han cuestionado de raíz la lógica del endeudamiento: “Nos dijeron que el límite del 45% era una línea roja para salvaguardar la economía, pero lo que no le dicen al pueblo es que cada punto de aumento en la deuda ha ido a parar a los bolsillos de la banca privada y los acreedores internacionales mediante el pago de intereses astronómicos. El gobierno recortó programas para las familias trabajadoras invocando el orden fiscal, pero sigue endeudando al país para financiar las exenciones de la patronal. Esta deuda no la contrajo la clase trabajadora y no tiene por qué pagarla con más miseria”.

Desde la perspectiva del materialismo histórico, la crisis de la deuda pública evidencia la quiebra del modelo de acumulación neoliberal, donde el Estado burgués opera como un garante de último recurso que hipoteca el trabajo futuro de la nación para oxigenar las tasas de ganancia de los grandes fondos de inversión. La aproximación de la deuda a su límite crítico no se resolverá con nuevas emisiones crediticias en Wall Street ni con la profundización de la austeridad sobre las masas populares. La única salida soberana exige auditar y cuestionar el endeudamiento usurero, frenar la sangría de recursos hacia el capital financiero y reorganizar las finanzas públicas en función de un plan de desarrollo al servicio de las necesidades reales de la clase trabajadora.

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