Luis Eduardo Thayer, exdirector del Servicio Nacional de Migraciones durante el gobierno de Gabriel Boric, renunció este viernes a su militancia en el Frente Amplio. En un duro mensaje dirigido a sus compañeros de partido, el exautoridad acusó haber enfrentado “públicamente solo” el proceso judicial y político derivado del caso de los niños haitianos, y criticó la falta de respaldo público de su colectividad, contrastándolo con el apoyo que recibió desde el Partido Socialista, el Partido Comunista y la Democracia Cristiana. La renuncia, presentada ante el Servicio Electoral el 14 de agosto, es el síntoma de la fragilidad de una izquierda que, frente a la ofensiva del lawfare y la maquinaria represiva del gobierno de José Antonio Kast, prefiere el silencio cómplice antes que la defensa de los suyos, abandonando a sus militantes a la furia del aparato judicial y mediático de la clase dominante.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La tarde del viernes 14 de agosto, Luis Eduardo Thayer ingresó al Servicio Electoral su renuncia al Frente Amplio. La decisión no fue un gesto impulsivo, sino el resultado de una “evaluación muy personal, profunda y extensa hacia atrás, en relación a las expectativas recíprocas entre un militante y su partido”. Pero lo que Thayer reveló en su mensaje a los militantes, difundido a través de grupos de WhatsApp y conocido por diversos medios, es mucho más que una despedida: es una denuncia de clase.
El exdirector de Migraciones fue el blanco de una ofensiva política y judicial orquestada por la derecha tras el escándalo por la pérdida del rastro de un grupo de niños haitianos que ingresaron al país durante su gestión. La Contraloría había concluido que el Servicio Nacional de Migraciones estableció excepciones a requisitos contemplados en la legislación sin contar con atribuciones para hacerlo, y diputados oficialistas presentaron una denuncia ante el Ministerio Público. Thayer, sin embargo, ha defendido sus decisiones como necesarias para proteger el interés superior de los niños y el principio de unidad familiar, dadas las dificultades existentes para obtener y legalizar documentos en Haití.
La soledad como política de clase
Lo que Thayer denuncia es el abandono de clase de su propio partido. “Estoy enfrentando un proceso que es probablemente el más duro que me ha tocado enfrentar y he estado públicamente solo, pagando el costo de una política derivada del ejercicio de un cargo de gobierno”, afirmó. El exdirector reconoció haber recibido apoyos internos, llamados y mensajes de respaldo, pero sostuvo que aquello no fue suficiente. “Se valora, pero no basta el apoyo en la intimidad, es necesaria la contención pública ante las arremetidas en contra de uno de los tuyos”, planteó.
La crítica de Thayer apunta al corazón de la contradicción de la izquierda institucional: mientras se llena la boca con discursos de solidaridad y defensa de los derechos humanos, cuando uno de los suyos es atacado por el aparato represivo del Estado, el partido prefiere el silencio. “También ha habido silencios notorios. Pero una defensa o un apoyo del partido que arriesgue algo, la verdad es que no he tenido, y no es que no lo haya pedido”, sentenció.
La hipocresía de la izquierda institucional
El contraste que Thayer establece entre la actitud del Frente Amplio y la de otros partidos es demoledor. Mientras su propia colectividad lo abandonaba, recibió ofrecimientos de apoyo de figuras vinculadas al Partido Socialista, Partido Comunista y Democracia Cristiana, además de la defensa pública de la exministra del PPD, Carolina Tohá. “Cuando un grupo oficialista te denuncia al Ministerio Público y te basurea como delincuente, y es gente del PS la que te llama para ofrecer ayuda en serio, o son compañeros del PC o incluso dirigentes de la DC quienes se ofrecen para salir al frente, o es la exministra del PPD quien efectivamente sale a defenderte, y no los dirigentes de tu partido, la verdad es que no decepciona, da escalofríos”, afirmó.
La paradoja es brutal: los partidos que durante años han sido calificados como parte de la “casta” o de la “vieja política” demostraron más solidaridad de clase que el partido que se autoproclama como la nueva izquierda. Thayer lo resumió con una frase lapidaria: “A este partido le falta vieja política”. La “vieja política” que el Frente Amplio desprecia es, en los hechos, la capacidad de defender a los suyos cuando el aparato represivo del Estado los ataca.
La función de clase del lawfare
El caso de Thayer no es un episodio aislado. Es la manifestación de una estrategia de clase de la derecha chilena: el lawfare, es decir, la utilización del sistema judicial para perseguir y destruir a los adversarios políticos. La denuncia de los diputados oficialistas ante el Ministerio Público no es un acto de justicia, sino un intento de criminalizar a un funcionario que, en el ejercicio de su cargo, tomó decisiones que la derecha considera inconvenientes para su proyecto migratorio.
El Frente Amplio, al no defender a Thayer, no solo abandonó a un militante; legitimó la ofensiva del lawfare y envió un mensaje claro a la clase trabajadora: cuando el aparato represivo del Estado los ataque, no esperen respaldo de sus representantes. El silencio del partido no es un error táctico; es la expresión de la lógica de clase de una izquierda que, para no incomodar al poder, prefiere sacrificar a los suyos.
Epílogo: el costo del abandono
La renuncia de Thayer no es el fin de la historia, sino el comienzo de una reflexión necesaria sobre el rol de la izquierda en la defensa de los derechos humanos y la soberanía migratoria. El exdirector de Migraciones ha quedado solo, pero su denuncia resuena en la clase trabajadora que ve cómo sus representantes prefieren el silencio antes que la confrontación con el poder.
Mientras el gobierno de Kast impulsa una reforma constitucional para crear un nuevo estado de excepción y criminalizar a los migrantes, la izquierda institucional se desgarra en disputas internas y abandona a quienes han sido sus principales defensores. Thayer ha pagado el costo de una política migratoria que la derecha ha utilizado como ariete para atacar al gobierno anterior, y su partido lo ha dejado solo. La lección es clara: en el Chile de los patrones, la solidaridad de clase no se negocia, se ejerce. Y el Frente Amplio ha fallado en el examen.
