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El terremoto como coartada: De la Espriella declara la emergencia para gobernar por decreto y profundizar el ajuste

Ago 20, 2026
Foto Magazin Pacifico

El presidente ultraderechista Abelardo de la Espriella firmó el miércoles el Decreto 1261, declarando el estado de emergencia económica, social y ecológica en 15 departamentos por el terremoto de magnitud 7,4 que ha dejado más de 300 muertos y 260.000 damnificados. Bajo el manto de la catástrofe natural, el nuevo mandatario se ha arrogado facultades para expedir decretos con fuerza de ley, modificar impuestos y crear un “Fondo Milagro” para canalizar recursos nacionales e internacionales. La misma administración que llegó al poder manchada por denuncias de fraude electoral y subordinación al sionismo, que prometió “mano dura” contra el narcotráfico y los movimientos sociales, ha encontrado en el terremoto la excusa perfecta para consolidar su agenda de ajuste neoliberal sin pasar por el control del Congreso ni de los mecanismos de participación ciudadana. La clase trabajadora colombiana, que ya arrastraba décadas de explotación y violencia, asiste a un nuevo capítulo de la misma historia: la burguesía utiliza la tragedia para profundizar el saqueo.

Por Equipo El Despertar

Bogotá. La noche del miércoles 19 de agosto de 2026, el presidente Abelardo de la Esprilla firmó el Decreto 1261, declarando el estado de emergencia económica, social y ecológica en 15 departamentos del país. La medida, que tendrá una vigencia de 30 días prorrogables hasta un máximo de 90 días al año, faculta al Ejecutivo para expedir decretos con fuerza de ley, realizar operaciones presupuestales y de crédito público, y modificar el sistema tributario sin necesidad de pasar por el Congreso.

La lógica del “Fondo Milagro”: la filantropía de los patrones

El corazón de la estrategia de De la Espriella es el “Fondo Milagro”, una nueva entidad que canalizará los aportes nacionales e internacionales para la reconstrucción de hospitales, centros educativos, vías y aeropuertos afectados por el sismo. El nombre no es casual: evoca la caridad de los poderosos, la limosna de los patrones, la idea de que la solución a la tragedia vendrá de la generosidad de los de arriba, no de la organización de los de abajo.

El mandatario ha sido explícito: la emergencia “deberá contemplar medidas de reactivación económica que estimulen la inversión, reduzcan los obstáculos para el desarrollo de proyectos y generen más empleos”. La traducción es clara: más flexibilización, más desregulación, más entregas de recursos públicos al capital privado. El terremoto, como los incendios en Chile, se convierte en la coartada perfecta para imponer la agenda neoliberal que la derecha no pudo aprobar por la vía legislativa.

El precedente del FOREC: la reconstrucción de los de arriba

De la Espriella ha invocado el precedente del terremoto de 1999, cuando el entonces presidente Andrés Pastrana decretó el estado de emergencia y creó el FOREC, un fondo que canalizó 1,59 billones de pesos de la época y fue “fundamental para relanzar la región”. Lo que el mandatario no dice es que aquella “reconstrucción” fue también una transferencia de recursos desde el Estado hacia los grandes grupos económicos, que se beneficiaron de los contratos millonarios para la construcción de viviendas e infraestructura, mientras las familias damnificadas seguían esperando soluciones.

La declaración de emergencia económica tendrá que pasar por revisión de la Corte Constitucional, que tumbó la última declaración de emergencia hecha este año. Pero la amenaza de la Corte no es un obstáculo para De la Espriella; es un riesgo calculado. Si la Corte tumba el decreto, el gobierno habrá ganado tiempo para avanzar en su agenda. Si lo ratifica, habrá consolidado su poder para gobernar por decreto durante meses.

La hipocresía de la “mano dura” y la “reconstrucción”

La paradoja de esta declaración alcanza niveles grotescos cuando se contrasta con el discurso de De la Espriella. El mismo presidente que llegó al poder prometiendo “mano dura” contra el narcotráfico y los grupos insurgentes, que se alineó con la administración Trump y con el sionismo, que denunció el “fraude” de sus adversarios mientras él mismo llegó al poder en medio de acusaciones de manipulación electoral, ahora se presenta como el “reconstructor” de la patria.

El terremoto ha dejado 314 muertos, 262.154 damnificados, 30.664 viviendas destruidas y 136.946 averiadas. Detrás de cada cifra hay una familia que ha perdido su hogar, que necesita soluciones hoy. Pero la respuesta del gobierno no es la inversión pública, la redistribución de la riqueza o la planificación democrática de la reconstrucción. Es la misma receta de siempre: más poder para el Ejecutivo, más espacio para el capital privado, más ajuste para los trabajadores.

La función de clase del estado de emergencia

Desde una perspectiva marxista, la declaración de emergencia económica no es una respuesta a la catástrofe natural, sino una ofensiva de clase. El capitalismo colombiano, que ha construido su riqueza sobre la base de la explotación de los trabajadores y el saqueo de los recursos naturales, necesita un Estado fuerte para garantizar sus ganancias. La emergencia económica es el mecanismo que permite al Ejecutivo saltarse los controles democráticos y aprobar las medidas que benefician a los grupos económicos, sin tener que rendir cuentas al Congreso ni a la ciudadanía.

De la Espriella, como todos los gobiernos de la derecha, utiliza la tragedia para profundizar el modelo neoliberal. La “reconstrucción” no es para reparar las viviendas de los damnificados; es para reconstruir las ganancias de los grandes contratistas, las empresas constructoras y los grupos financieros que se benefician de los megaproyectos de infraestructura. El “Fondo Milagro” no es un fondo de solidaridad; es un fondo de negocios.

El silencio cómplice y la resistencia necesaria

La declaración de emergencia ha sido recibida con el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación y la aquiescencia de la oposición institucional. Mientras De la Espriella firma decretos y anuncia “medidas de reactivación”, los trabajadores damnificados siguen esperando en los albergues, los pequeños comerciantes ven cómo sus negocios se esfuman y los campesinos pierden sus cosechas.

Pero la clase trabajadora no se rendirá. Como ha demostrado en cada una de las crisis que ha enfrentado, la resistencia es la única salida. La lucha por una reconstrucción que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías no se ganará en los despachos de la Presidencia, sino en las calles, en los barrios y en las comunidades organizadas. Mientras De la Espriella celebra su “Fondo Milagro”, los de abajo se preparan para resistir.

Epílogo: el terremoto como metáfora

El terremoto que devastó el centro-oeste de Colombia no es solo un fenómeno geológico. Es la metáfora de una sociedad que se desmorona bajo el peso de la desigualdad, la violencia y la explotación. De la Espriella ha declarado la emergencia económica, pero la verdadera emergencia es la que viven día a día los trabajadores colombianos: la emergencia de la pobreza, la emergencia del desempleo, la emergencia de la falta de acceso a la salud, la educación y la vivienda.

El presidente de la ultraderecha ha encontrado en el terremoto la excusa perfecta para gobernar por decreto y profundizar el ajuste neoliberal. Pero la historia no se escribe con decretos. Se escribe con la resistencia de los pueblos que se niegan a ser sometidos. Mientras De la Espriella firma su “Fondo Milagro”, la clase trabajadora colombiana se prepara para escribir su propia historia.

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