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El imperio de la inteligencia contra las cuerdas: la derrota del Mossad revela la podredumbre del sionismo y la firmeza de la resistencia

Ago 24, 2026

Mientras el mundo seguía con atención los bombardeos sobre Irán, una batalla igualmente crucial se libraba en las sombras. El Mossad, la agencia de inteligencia israelí que se jactaba de ser una fuerza todopoderosa y omnisciente, ha sufrido una derrota aplastante, enteramente de su propia cosecha. Altos mandos han sido destituidos, y ninguna de sus promesas sobre la guerra se ha cumplido. Los intentos de fomentar una insurrección popular, armar a grupos kurdos y desestabilizar la República Islámica han fracasado estrepitosamente, chocando contra la realidad de un Estado que, pese a los asesinatos y los bombardeos, ha mantenido su estructura de seguridad intacta. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda para el poder: el poderío militar y la inteligencia del imperialismo tienen límites cuando se enfrentan a la voluntad de un pueblo que se niega a ser dominado.


Por Equipo El Despertar

La purga en la cúpula: el reconocimiento del fracaso

A principios de agosto de 2026, el nuevo director del Mossad, Roman Gofman, tomó una decisión sin precedentes en la historia reciente de la agencia. Destituyó a los jefes de su división de inteligencia y de la división de Irán, conocidos solo por sus anónimos nombres en clave “K” e “Y”. Estas purgas públicas, reportadas por los principales medios de comunicación israelíes, son casi inauditas. Los últimos despidos por incompetencia de esta magnitud se remontan a 1997, tras el fallido intento de asesinato de Jaled Meshal, entonces líder del buró político de Hamás, que provocó un desastre diplomático en Jordania.

El mensaje es claro: el Mossad ha reconocido su fracaso. La guerra contra Irán, vendida a Estados Unidos como una empresa fácil que derribaría rápidamente a la República Islámica, no ha logrado ninguno de sus objetivos. La promesa de asesinar a Alí Jamenei y desatar el caos gubernamental solo llevó a la selección de su hijo menor como nuevo líder supremo, una figura que podría resultar aún más hostil a Estados Unidos e Israel.

La guerra invisible que se perdió en el ridículo

El Mossad intentó reinventar su imagen para la guerra, capitalizando su percepción como una fuerza todopoderosa para ofrecer su “poder ilimitado” a la población iraní. Esta campaña, que incluyó publicaciones crípticas en redes sociales, ofertas de servicios médicos remotos a través de WhatsApp y videos generados por inteligencia artificial, fue recibida con burlas por parte de los funcionarios iraníes. Las protestas masivas que la agencia esperaba provocar nunca se materializaron.

El plan del Mossad, que implicaba debilitar la estructura de seguridad iraní para luego armar a grupos kurdos y fomentar manifestaciones masivas para derrocar al Estado, se estrelló contra la realidad. La estructura de seguridad de Irán permaneció intacta, los kurdos sufrieron constantes ataques militares iraníes y no se produjeron protestas importantes en ninguna ciudad iraní, a pesar de las masivas manifestaciones antigubernamentales de enero. Incluso su rápida idea de derrocar al gobierno mediante ataques aéreos contra estaciones de policía y puestos de control de los Basij fue un fracaso.

La función de clase del espionaje y la resistencia popular

Desde una perspectiva marxista, el fracaso del Mossad es un episodio revelador en la lucha de clases a escala internacional. La inteligencia y la guerra no son herramientas neutrales al servicio de la “seguridad nacional”, sino instrumentos del capital para imponer su dominio sobre los pueblos. El Mossad, como brazo del imperialismo sionista, intentó manipular y reprimir la voluntad del pueblo iraní, y fracasó.

La resistencia de Irán, que se mantiene firme pese a los asesinatos y bombardeos, demuestra que el poder de un pueblo organizado y consciente de su soberanía es superior a cualquier arsenal de espionaje o tecnología militar. El control del estrecho de Ormuz, que Irán ha mantenido a pesar de las afirmaciones estadounidenses, se ha convertido en su arma más valiosa.

Los despidos en el Mossad no son un mero escándalo interno; son la confirmación de que el imperialismo no puede ganar la guerra. La resistencia popular, alimentada por la conciencia de clase y la defensa de la soberanía, ha demostrado que ni la inteligencia más sofisticada puede doblegar a un pueblo que se niega a ser sometido. La clase trabajadora del mundo debe leer esta derrota como una lección: la verdadera fuerza no reside en los arsenales de los poderosos, sino en la organización y la conciencia de los de abajo.

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