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La resistencia renace: el manifiesto de Maracay desafía el protectorado yanqui y convoca a la lucha por la liberación nacional

Ago 24, 2026
Foto T13

A ocho meses del golpe militar del 3 de enero que secuestró a Nicolás Maduro y convirtió a Venezuela en un “virreinato yanqui” bajo tutela militar de EE.UU., el exvicepresidente Elías Jaua Milano ha alzado la voz para liderar la reconstrucción de la resistencia antiimperialista. Desde el Centro de Estudios sobre la Democracia Socialista (CEDES) y con el “Manifiesto de Maracay” como estandarte, Jaua convoca a un movimiento patriótico y popular para denunciar la “ocupación militar” y la “administración neocolonial” de Washington, mientras el gobierno de Delcy Rodríguez administra la miseria bajo el yugo del Departamento del Tesoro estadounidense. La clase trabajadora venezolana y latinoamericana asiste al nacimiento de una nueva trinchera: la de quienes se niegan a normalizar el saqueo y exigen recuperar la soberanía arrebatada por el imperio.


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El 3 de enero: el día que Venezuela perdió su independencia

El 3 de enero de 2026 quedará grabado en la memoria de los venezolanos como el día en que la soberanía nacional fue arrancada por la fuerza. Una operación militar de Estados Unidos, que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, consumó lo que Jaua describe sin eufemismos como una “ocupación militar” y un “tutelaje bajo coacción”.

“A partir del 3 de enero perdimos nuestra condición de nación independiente”, sentenció el exvicepresidente en diversas entrevistas. La ofensiva imperialista, que Trump amenazó con convertir a Venezuela en el “estado número 51” de EE.UU., impuso un esquema de dominación que Jaua califica como “administración neocolonial”: el control de la producción petrolera, la administración de sus ingresos por parte del Departamento del Tesoro y la imposición de políticas que han revertido décadas de conquistas soberanas.

Jaua: la voz crítica del chavismo antiimperialista

Elías Jaua Milano, exvicepresidente de Hugo Chávez y exministro de Agricultura, Comunas y Relaciones Exteriores, se ha consolidado como una de las voces más críticas dentro del campo chavista. Director del Centro de Estudios sobre la Democracia Socialista (CEDES), Jaua ha mantenido una postura de firme defensa del proyecto bolivariano y de denuncia de lo que considera una traición a sus principios fundacionales.

Su diagnóstico es brutal: “Después de la muerte de Chávez, las corrientes reformistas tomaron gradualmente el control del proceso bolivariano y, en lugar de responder a la agresión extranjera profundizando la transición al socialismo, optaron por restaurar el poder de las élites económicas”. Esa deriva, sumada a la adopción de medidas neoliberales y alianzas con la burguesía, habría debilitado la base de apoyo popular y abierto la puerta a la agresión imperialista.

El Manifiesto de Maracay: el nacimiento de un nuevo movimiento patriótico

Frente al colapso de la soberanía y la pasividad del gobierno sometido, Jaua ha impulsado el “Manifiesto de Maracay” como el embrión de un movimiento patriótico, democrático y popular en defensa de la Constitución y la recuperación de la independencia nacional.

“En principio, es la coordinación de una corriente patriótica, democrática y popular de opinión para defender la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, luchar por la recuperación de la independencia nacional y los derechos de los trabajadores”, explicó Jaua en una entrevista. El manifiesto no es un partido ni una organización cerrada, sino un llamado a la unidad de los sectores populares, patriotas y antiimperialistas para enfrentar al imperio y al Estado sionista de Israel.

Jaua ha sido enfático: “El pensamiento antiimperialista está en la corriente popular de izquierda, patriótica, bolivariana y chavista que va a librar una lucha política para restaurar nuestra República”. La apuesta es por la movilización desde abajo, la organización popular y la defensa de principios en un nuevo contexto que, según admite, “requiere ser muy astuto políticamente”.

La hipocresía del gobierno tutelado: entre la colaboración y la entrega

Mientras Jaua convoca a la resistencia, el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez administra la miseria bajo la tutela de Washington. Jaua ha sido contundente al caracterizar esta situación: “El gobierno actual debe ser caracterizado, y sus acciones comprendidas, sobre la base de que está sujeto a una coacción militar con los recursos nacionales siendo administrados por un gobierno extranjero”.

La reforma de la Ley de Hidrocarburos, aprobada apenas días después del ataque militar, permite entregar el control operativo de toda la producción petrolera a manos privadas, llevando a Venezuela a una situación similar a la de la década de 1930. “Esto es un grave retroceso en materia de soberanía con respecto a los logros alcanzados durante casi 100 años y que se consolidaron y expandieron durante el gobierno de Chávez”, denunció Jaua.

La pregunta que Jaua deja flotando es simple pero incómoda: mientras el gobierno colabora con el ocupante, ¿quién defiende los intereses del pueblo?

La función de clase de la resistencia

Desde una perspectiva marxista, el movimiento impulsado por Jaua no es una disputa entre facciones de la élite, sino la expresión de la contradicción fundamental entre el capital imperialista y los intereses de la clase trabajadora venezolana. El “protectorado” que denuncia Jaua no es un fenómeno político abstracto, sino la materialización del saqueo de los recursos naturales y la explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital estadounidense.

La ocupación militar y la administración neocolonial no son errores tácticos del gobierno de Maduro, sino la culminación de un proceso de restauración del poder de las élites económicas que, según Jaua, comenzó después de la muerte de Chávez. La resistencia no es una opción, sino una necesidad de clase: o los trabajadores venezolanos recuperan el control de su soberanía y sus recursos, o seguirán siendo saqueados por el imperio.

Epílogo: la lucha por la República no se rinde

El Manifiesto de Maracay y el llamado de Jaua a una nueva “lucha de liberación” no son gestos simbólicos. Son la constatación de que, incluso bajo el peso de la ocupación militar, la conciencia antiimperialista sigue viva en la clase trabajadora venezolana. “La Revolución es un proyecto colectivo, no individual”, ha recordado Jaua. Y la historia, como bien lo saben quienes han resistido al imperio durante siglos, no la escriben los que imponen el yugo, sino los que se niegan a ser esclavizados.

Mientras el gobierno de Delcy Rodríguez administra la entrega de los recursos nacionales y el imperio celebra su victoria, Jaua y los sectores que representa se preparan para la batalla política. La República, como ha dicho Chávez, no se rinde. Y la resistencia, como demuestra el Manifiesto de Maracay, apenas comienza.

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