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La tormenta perfecta: Trump llega a las elecciones de medio término con un imperio en llamas y la izquierda demócrata acechando desde las trincheras

Ago 24, 2026

A menos de dos meses para las elecciones legislativas del 3 de noviembre, el presidente Donald Trump se enfrenta a la tormenta perfecta: una política exterior belicista que le ha granjeado más derrotas que victorias, una economía que se tambalea bajo el peso de la guerra y los aranceles, y una aprobación que ha caído a un mínimo del 33%, según la última encuesta de Reuters/Ipsos. Mientras Trump intenta desesperadamente distraer a la clase trabajadora con el fantasma del “comunismo”, el Partido Demócrata se ve sacudido por una oleada de insurgentes de izquierda que han ganado primarias en todo el país, desde Michigan hasta Colorado, desafiando al establishment y llevando un mensaje de justicia social y fin de la injerencia imperialista. La clase trabajadora estadounidense y del mundo asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: el imperio, en su fase de decadencia, no puede sostener la guerra, ni el mito del “peacemaker” que Trump prometió ser.


Por Equipo El Despertar

El “Pacificador” que solo sembró guerras: el fracaso de la política exterior trumpista

Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025 con la promesa de ser un “pacificador” y de convertir la resolución de conflictos internacionales en el eje de su segundo mandato. Casi dos años después, el balance es desolador. La guerra contra Irán, lanzada el 28 de febrero de 2026 a instancias de su amigo Benjamin Netanyahu, se ha convertido en un costoso estancamiento. Los intentos de paz en Gaza y Ucrania están paralizados, y un esperado viaje a Kiev de su enviado especial y yerno, Jared Kushner, ni siquiera se ha concretado.

El propio Trump ha reconocido el fracaso al cancelar las conversaciones con Teherán y anunciar una nueva campaña de “guerra económica” contra la República Islámica. Como señala un análisis de Reuters, la apuesta de Trump por la presión coercitiva puede llevar a los adversarios a la mesa de negociaciones, pero a menudo fracasa en producir acuerdos duraderos, lo que anima a sus rivales a simplemente esperar a que pase su tiempo. La incapacidad para obtener una victoria clara en el frente militar ha llevado a una crisis de credibilidad que ahora se traslada a las urnas. Como advierte la analista Asli Aydintasbas, del Brookings Institution, Trump ha “desafiado e interrumpido el consenso de la política exterior en Washington, pero no ha traducido esa interrupción en una estrategia con resultados para los estadounidenses”.

La economía de la guerra: el bolsillo de los trabajadores paga la factura

El costo de esta aventura imperialista no solo se mide en vidas y prestigio, sino también en el bolsillo de la clase trabajadora. La guerra en Irán ha disparado los precios de la gasolina, y la inflación, junto con los aranceles y el aumento del costo de vida, se han convertido en el principal dolor de cabeza para los votantes. La deuda nacional ha superado los 40 billones de dólares, y los pagos de intereses alcanzarán los 2 billones de dólares al año. En este contexto, la promesa de Trump de ser un “pacificador” choca con la realidad de un país que se desangra en guerras interminables y una economía que se resiente.

Trump, consciente de su vulnerabilidad, ha intentado desesperadamente cambiar el foco de atención. En los últimos días, ha arremetido contra los periodistas que le preguntan sobre política exterior, ha renovado sus amenazas de bombardear Omán, un aliado de EE.UU., y ha calificado a los demócratas de “comunistas” que suponen la mayor “amenaza” para la nación. Pero la realidad es tozuda: las guerras que prometió terminar no solo continúan, sino que se han expandido, y los costos económicos y humanos se acumulan.

La amenaza desde la izquierda: el ala progresista del Partido Demócrata se fortalece

Mientras Trump se tambalea, el Partido Demócrata no está exento de sus propias tormentas. Una ola de insurgentes de izquierda ha sacudido las primarias demócratas en todo el país. En Michigan, el candidato progresista Abdul El-Sayed, apoyado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, ganó la nominación al Senado. En Colorado, Melat Kiros, una activista pro-palestina de 29 años, derrotó a una congresista de 30 años de trayectoria. Estos triunfos no son excepciones; son parte de un patrón de victorias de la izquierda progresista que se extiende desde Nueva York hasta Colorado.

El mensaje de estos insurgentes es claro: están hartos del establishment, de la influencia del dinero corporativo en la política, de la generación de políticos que se han enquistado en el poder y de una política exterior belicista que no beneficia a los trabajadores. Como declaró El-Sayed tras su victoria, “el movimiento para sacar el dinero de la política, poner dinero en tu bolsillo y aprobar Medicare para Todos es un gran movimiento”. Este giro a la izquierda, sin embargo, también representa un desafío para los demócratas de cara a las elecciones generales, ya que los candidatos progresistas deben demostrar que pueden atraer a los votantes de la clase trabajadora y moderados que no participan en las primarias.

La función de clase de la crisis y la oportunidad de los de abajo

Desde una perspectiva marxista, la crisis de Trump no es un accidente, sino la manifestación de las contradicciones del imperialismo estadounidense en su fase de decadencia. Incapaz de sostener su hegemonía a través del consenso, el capital recurre a la guerra y la coerción, pero incluso esa estrategia fracasa ante la resistencia de los pueblos. El intento de Trump de presentar a los demócratas como “comunistas” es un intento clásico de la burguesía de dividir a la clase trabajadora y desviar la atención de su propio fracaso.

La oleada de izquierda dentro del Partido Demócrata, aunque todavía limitada y con sus propias contradicciones, es un síntoma de un despertar de la conciencia de clase. La juventud y los trabajadores están empezando a cuestionar no solo a Trump, sino a todo un sistema que ha priorizado las guerras y los rescates bancarios por sobre la salud, la vivienda y la educación. Sin embargo, la clase trabajadora debe ser cautelosa: la maquinaria del Partido Demócrata, al igual que la republicana, está diseñada para contener y domesticar cualquier movimiento que amenace los intereses del capital.

Epílogo: la hora de la verdad

Trump llega a las elecciones de medio término como un presidente herido, con un imperio en llamas y una oposición que, aunque dividida, se está reorganizando desde la izquierda. Los republicanos podrían perder su estrecha mayoría en la Cámara de Representantes, y el propio Trump teme que una derrota pueda llevar a su juicio político e incluso a su encarcelamiento. Pero la clase trabajadora no debe celebrar la posible derrota de Trump como una victoria propia. El sistema que produce a Trump sigue intacto, y la ofensiva de la izquierda demócrata, por ahora, se mueve dentro de los marcos de ese sistema.

La verdadera batalla no se librará en las urnas del 3 de noviembre, sino en las calles, en los lugares de trabajo y en la conciencia de los que se niegan a ser gobernados por los mismos de siempre. Trump puede perder las elecciones, pero el imperio seguirá necesitando guerras para sostener sus ganancias. La única salida no es la alternancia de las élites, sino la organización de los de abajo para construir un mundo donde la paz no sea una mercancía y la vida de los trabajadores valga más que las ganancias de los fabricantes de armas.

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