La Embajada de Palestina en Chile fue categórica: “Guardar silencio ante una representación que borra visualmente a Palestina y normaliza la anexión territorial no es un asunto menor, particularmente para un diplomático a quien se ha confiado la representación de la política exterior de Chile”. Zaliasnik también calificó el antisionismo como una forma de antisemitismo, una ecuación que equipara la crítica legítima a un Estado genocida con el odio a un pueblo, y que ha sido utilizada sistemáticamente para silenciar a quienes defienden los derechos legítimos del pueblo palestino que incluyen el retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un Estado Palestino independiente y soberano en Palestina y con Jerusalén por Capital.
Por Daniel Jadue
El embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik, ha vuelto a encender la polémica con declaraciones que no solo ofenden a más de 500 mil chilenos de origen palestino, sino que comprometen la posición histórica de nuestro país frente a la cuestión de Palestina. La pregunta que debemos hacerle al Presidente José Antonio Kast es simple y directa: ¿la visión que ha expresado su embajador es la visión de Chile y de su gobierno frente al tema o es su propia opinión?
La controversia se desató luego de que Zaliasnik participara en el programa “Defending Israel with David Harris”, transmitido por el canal JBS, donde cuestionó las cifras de la comunidad palestina en Chile, calificándolas de “política” y asegurando que la comunidad “juega con los números”. Pero lo más grave no fue la duda sobre las cifras, sino el silencio cómplice ante un mapa que borraba a Palestina del mapa, representando toda Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza, además de las alturas del Golán Sirio, como parte de Israel.
La Embajada de Palestina en Chile fue categórica: “Guardar silencio ante una representación que borra visualmente a Palestina y normaliza la anexión territorial no es un asunto menor, particularmente para un diplomático a quien se ha confiado la representación de la política exterior de Chile”. Zaliasnik también calificó el antisionismo como una forma de antisemitismo, una ecuación que equipara la crítica legítima a un Estado genocida con el odio a un pueblo, y que ha sido utilizada sistemáticamente para silenciar a quienes defienden los derechos legítimos del pueblo palestino que incluyen el retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un Estado Palestino independiente y soberano en Palestina y con Jerusalén por Capital..
La Comunidad Palestina de Chile, que lleva más de 130 años en nuestro país, ha denunciado que las declaraciones del embajador proyectan una imagen de la comunidad como “numerosa, organizada, influyente y potencialmente peligrosa”, lo que calificaron como “una forma de estigmatización colectiva profundamente discriminatoria y peligrosa”. Y tienen razón. Cuando un representante del Estado chileno habla en el extranjero, su “nosotros” institucional debe ser Chile, no una comunidad particular frente a otra.
Pero el problema no es nuevo. La Comunidad Palestina ya había advertido antes del nombramiento formal de Zaliasnik que su perfil era incompatible con la política exterior histórica de Chile. No es casualidad que el diputado Nelson Venegas (PS) lo haya calificado como un “activista sionista” y no como un embajador. Zaliasnik no es un diplomático de carrera; es un militante político que ha defendido el genocidio y que debe su cargo a una trama de influencias y corrupción política destapada en los chats de Luis Hermosilla, y que incluyen la exclusión en su declaración de intereses y patrimonio de varios inmuebles en Miami, que no ha justificado adecuadamente.
El gobierno de Kast se ha desmarcado de los dichos del embajador, afirmando que “no representan la posición de la Cancillería”. Pero el desmarque es insuficiente cuando Zaliasnik sigue en el cargo. La pregunta que el Presidente Kast debe responder es clara: si el embajador no representa a la Cancillería, ¿a quién representa? ¿A su propia militancia sionista? ¿A una agenda personal que nada tiene que ver con los intereses de Chile?
Chile ha tenido una posición histórica frente al conflicto palestino-israelí basada en el derecho internacional, el reconocimiento del Estado de Palestina y el respeto a las resoluciones de Naciones Unidas. El nombramiento de Zaliasnik y sus declaraciones públicas representan un giro que la Comunidad Palestina ha señalado con preocupación: “Las declaraciones del embajador, junto con el cambio en el patrón de votación de Chile, nos llevan a concluir que se ha producido un cambio en la posición de Chile”.
Si el gobierno de Kast ha decidido cambiar la política exterior chilena hacia un alineamiento incondicional con Israel, que lo diga con claridad y que asuma las consecuencias políticas. Pero no puede tenerlo todo: no puede nombrar a un activista sionista como embajador, desmarcarse de sus dichos cuando generan escándalo, y pretender que Chile sigue siendo el país que durante décadas ha defendido el derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos.
La comunidad palestina chilena, que ha contribuido a este país durante más de un siglo, merece respeto. Y el pueblo chileno merece saber si la visión que su embajador ha expresado en el extranjero es la visión de su gobierno o la de un militante que ha confundido su militancia con su función diplomática. La pregunta sigue en el aire: ¿a quién representa Zaliasnik? La respuesta determinará si Chile sigue siendo un país coherente con su historia o si ha decidido subordinarse a la agenda del sionismo más extremo.
