El periodista Gonzalo Feito, conocido por su rol como rostro del programa de ultraderecha “Sin Filtros” y actual conductor de “Próceres” en Porcel TV, fue formalizado este martes por el delito de maltrato habitual en contexto de violencia intrafamiliar, tras una denuncia presentada por su expareja en septiembre de 2024 ante la 37° Comisaría de Carabineros de Vitacura. La Fiscalía de Género de la Fiscalía Metropolitana Oriente, en una audiencia realizada en el 4° Juzgado de Garantía de Santiago, decretó la suspensión condicional del procedimiento por el plazo de un año, una salida alternativa que permite al imputado evitar el juicio oral y eventualmente el archivo de la causa si cumple con las condiciones impuestas: fijar domicilio, prohibición de acercamiento a la víctima, asistencia a un programa de reeducación en violencia y tests de drogas cada cuatro meses. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: el mismo sistema que encarcela a los jóvenes de los barrios populares por delitos menores, que mantiene en prisión preventiva a cientos de personas sin condena, aplica una vara distinta cuando el imputado es un rostro conocido de la derecha mediática.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La mañana del martes 1 de septiembre, el periodista y conductor Gonzalo Feito llegó hasta el 4° Juzgado de Garantía de Santiago para enfrentar la audiencia de formalización por una denuncia de su expareja por maltrato habitual en contexto de violencia intrafamiliar. La denuncia había sido presentada en septiembre de 2024 ante la 37° Comisaría de Carabineros de Vitacura. La Fiscalía de Género de la Fiscalía Metropolitana Oriente, a cargo de la investigación, formalizó al comunicador por el delito de maltrato habitual.
Sin embargo, el desenlace de la audiencia no fue una prisión preventiva ni una medida cautelar gravosa, sino una suspensión condicional del procedimiento por el plazo de un año. La medida, contemplada en el artículo 36 de la Ley N°21.675, conocida como Ley Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Razón de su Género, permite al imputado evitar el juicio oral si cumple una serie de condiciones durante el plazo establecido. Si Feito cumple con las exigencias, la causa quedará archivada. Si incumple alguna de las medidas, arriesga que el proceso se retome y avance hacia un juicio oral, donde eventualmente podría obtener una condena.
Las condiciones de la impunidad: un año de pruebas y la promesa de no repetir
Las condiciones impuestas a Feito son cinco: fijar domicilio ante el tribunal; prohibición de acercarse a la víctima y de comunicarse con ella, sin perjuicio del régimen de relación directa y regular que fije el tribunal de Familia; asistir a un programa de intervención psicológica de reeducación en violencia; someterse a una evaluación para determinar la necesidad de tratamiento por consumo problemático de alcohol y drogas; y realizarse un test de drogas cada cuatro meses. El cumplimiento de todas estas medidas será revisado en una nueva audiencia.
El abogado de Feito, Aldo Duque, resaltó el resultado de la audiencia: “La causa terminó en los mejores términos y estamos muy satisfechos por aquello”. Feito, por su parte, señaló que “se terminó el conflicto” y que “se llegó a un acuerdo amistoso”. En un comunicado publicado en sus redes sociales, el periodista afirmó que la decisión “no significa reconocer los hechos que se me atribuyen ni modifica mi posición respecto de ellos”, y que la tomó con el fin de “seguir adelante en mi vida personal y laboral”. “Mis hijos están primero. Es momento de dar vuelta la página”, cerró.
La doble vara de la justicia de clase
El caso de Gonzalo Feito no es un hecho aislado. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el sistema judicial chileno. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que impulsó una reforma constitucional para crear un nuevo estado de excepción que restringe derechos fundamentales, aplica una vara distinta cuando se trata de los suyos.
Mientras los jóvenes de los barrios populares son condenados a prisión preventiva por delitos menores, mientras cientos de personas se pudren en cárceles sin condena, un conductor de la ultraderecha mediática, formalizado por maltrato habitual, obtiene una suspensión condicional del procedimiento que le permite evitar el juicio oral y, eventualmente, el archivo de la causa. La hipocresía es monumental: el mismo sistema que se llena la boca con discursos de “mano dura” contra la delincuencia es el que blinda a los poderosos cuando se trata de sus propias filas.
La denuncia de la expareja de Feito, presentada en septiembre de 2024, derivó en una medida cautelar que prohibía al comunicador acercarse a la denunciante. Sin embargo, el proceso judicial no avanzó hacia una condena, sino hacia una salida alternativa que, en los hechos, le permite al imputado seguir con su vida profesional sin mayores consecuencias. La clase trabajadora, que ha visto cómo los tribunales se ensañan con los de abajo, asiste una vez más a la confirmación de que la justicia, en el Chile de los patrones, es un lujo para los ricos y un castigo para los pobres.
La ultraderecha mediática y la violencia de género
Gonzalo Feito no es un comunicador cualquiera. Es el rostro de “Sin Filtros”, un programa que la prensa hegemónica ha identificado como un espacio de la ultraderecha chilena, creado por Sebastián Eyzaguirre y conducido por Feito, “otro activista de ultraderecha”. El programa se convirtió en un “ideal para miles de hombres que se resisten a perder privilegios y a cuestionar una masculinidad violenta”. Feito, que se autodefine como “de centroderecha liberal”, ha sido un crítico feroz del gobierno de Gabriel Boric y un defensor de las políticas de la derecha más dura.
El hecho de que un rostro de la ultraderecha mediática, que ha construido su carrera en la defensa del “orden” y la “mano dura”, sea formalizado por violencia de género y obtenga una salida alternativa, es una contradicción que la clase trabajadora no debe pasar por alto. La misma derecha que se llena la boca con discursos de “familia” y “valores” es la que, en los hechos, protege a los suyos cuando se trata de violencia contra las mujeres. La misma que exige “mano dura” contra la delincuencia es la que aplica una vara distinta cuando el imputado es un rostro conocido del espectáculo político.
Epílogo: la farsa de la “mano dura”
La formalización de Gonzalo Feito y la suspensión condicional del procedimiento son la prueba más contundente de que la justicia chilena aplica una doble vara. Mientras los jóvenes de los barrios populares son condenados a prisión preventiva por delitos menores, un conductor de la ultraderecha mediática, formalizado por maltrato habitual, obtiene una salida alternativa que le permite evitar el juicio oral. La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el espectáculo de la “mano dura”. La verdadera lucha no es contra la delincuencia común, sino contra un sistema que blinda a los poderosos y criminaliza a los de abajo.
Feito salió del tribunal declarando que “se llegó a un acuerdo amistoso”. Pero el “acuerdo amistoso” no es amistoso para la víctima, ni para la clase trabajadora que ve cómo la justicia se aplica con saña a los de abajo y con benevolencia a los de arriba. El “por fin” que Feito escribió en su comunicado es el “por fin” de un sistema que permite a los poderosos zafar de la justicia. Mientras el gobierno de Kast sigue predicando la “mano dura” para los pobres, los rostros de la ultraderecha mediática siguen haciendo su agosto con la impunidad del sistema. La farsa de la “mano dura” continúa.
