Vie. Sep 4th, 2026

La lógica del terror: el imperio convierte una boda en un campo de exterminio y el mundo se lava las manos

Sep 3, 2026
Foto La Jornada

La guerra imperialista contra Irán, que Donald Trump y Benjamín Netanyahu iniciaron el 28 de febrero con el asesinato del líder supremo Alí Jamenei, ha sumado un nuevo capítulo de horror. En un nuevo crimen de guerra, la noche del 1 de septiembre, un misil estadounidense impactó una vivienda en la localidad de Kuhestak, en la provincia de Hormozgan, donde decenas de personas celebraban la boda de la hija de un pescador. La ofensiva, presentada por el Pentágono como una operación de “precisión” contra “objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica”, dejó un saldo de al menos cuatro muertos —entre ellos una niña de cuatro años y un adolescente de 16 — y más de 70 heridos, en su mayoría mujeres y niños. La respuesta de la Resistencia, como era de esperar, no se hizo esperar: misiles y drones iraníes golpearon bases estadounidenses en Jordania, Baréin, Kuwait e Irak. La hipocresía del imperio alcanza niveles grotescos: mientras Washington se escuda en la “investigación” de un “incidente no intencionado”, la clase trabajadora del mundo asiste a una nueva demostración de que, para el capital, la vida de los de abajo es un costo que se puede sacrificar en el altar de la acumulación.

Por Equipo El despertar

Kuhestak, Irán. La noche del 1 de septiembre de 2026, la boda de la hija de un pescador en la pequeña localidad costera de Kuhestak se convirtió en un campo de exterminio. Un misil estadounidense impactó la vivienda donde se celebraba la ceremonia, reduciendo el espacio de alegría y comunidad a un montón de escombros, decoraciones coloridas esparcidas por el suelo y zapatos de niños entre el polvo y la sangre. El director provincial de la Media Luna Roja, Mojtar Salahshur, confirmó que cuatro personas murieron en el acto y otras 68 resultaron heridas. Entre los fallecidos, dos mujeres y dos niños —uno de ellos de apenas cuatro años, cuyo nombre era Amir Ali Karimi, y un adolescente de 16 —. La Universidad de Ciencias Médicas de Hormozgan informó que al menos 19 de los heridos eran menores de 10 años. La tragedia, sin embargo, no se detuvo ahí. En total, los ataques estadounidenses de esa noche dejaron 18 muertos en todo el país, incluyendo a siete personas en la provincia de Juzestán y a cuatro miembros de la Guardia Revolucionaria en Kermanshah.

La “precisión” del imperio: un misil, una boda y la máscara de la legalidad

La justificación oficial del Pentágono fue, como siempre, una coartada técnica. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) afirmó que los ataques estaban dirigidos contra “instalaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, incluyendo sistemas de defensa aérea, radares, activos marítimos, capacidades de siembra de minas y centros de comunicaciones”. Según funcionarios estadounidenses, el misil que impactó la boda no habría sido lanzado contra la vivienda, sino contra una estación de radar cercana. El portavoz del CENTCOM, Tim Hawkins, declaró con el cinismo que caracteriza al imperio: “Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos nunca atacan a civiles, a diferencia del IRGC”. La declaración es una confesión involuntaria: el imperio no necesita atacar civiles para matarlos; basta con que estén cerca de sus “objetivos militares”.

La hipocresía alcanza niveles grotescos cuando se contrasta esta “precisión” con la realidad del campo de batalla. Un misil “de precisión” impactó una vivienda donde decenas de personas celebraban una boda, matando a una niña de cuatro años y dejando a 19 menores de 10 años hospitalizados. La “precisión” del imperio es la precisión del terror: la capacidad de destruir con la misma frialdad un centro de comunicaciones o una fiesta de bodas. Como señaló el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, “más peligroso que la propia bomba es la normalización de los bombardeos; y más peligroso que el silencio es la conversión del silencio en legitimidad”.

La respuesta de la Resistencia: misiles sobre las bases del imperio

La respuesta de Teherán no se hizo esperar. Irán lanzó ataques con misiles y drones contra instalaciones militares de Estados Unidos en Jordania, Baréin, Kuwait e Irak. La ofensiva, presentada por Washington como una “escalada” de la agresión iraní, no es más que la respuesta a una agresión que el imperio ha venido perpetrando desde el inicio de la guerra. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió: “Si se intensifica el cerco de EE. UU., sin duda responderemos militarmente”. Irán ha dejado claro que no se arrodillará ante el terror imperial.

La guerra, que comenzó el 28 de febrero con el asesinato del líder supremo Alí Jamenei y el bombardeo de una escuela en Minab que dejó 168 estudiantes y profesores muertos, ha entrado en una nueva fase de brutalidad. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, sigue siendo el campo de batalla decisivo. Irán, que ha bloqueado de facto el paso desde el inicio del conflicto, exige que los buques obtengan su permiso para cruzar . Estados Unidos, que ha logrado restablecer parte del tráfico marítimo a través de una ruta meridional cercana a Omán, responde con bombardeos que, como el de la boda de Kuhestak, dejan una estela de cadáveres civiles.

La investigación del imperio: la farsa de la “rendición de cuentas”

La reacción de Washington al ataque contra la boda ha sido, como era de esperar, una mezcla de negación y evasión. El CENTCOM anunció que está investigando “las circunstancias” del incidente. Un funcionario estadounidense declaró: “No estamos en el terreno, así que tenemos que dejar que nuestros expertos hagan el análisis. Sin duda lo estamos investigando porque no sabemos qué pasó”. La investigación no es más que una cortina de humo: el imperio no investiga sus crímenes; los encubre.

La congresista estadounidense Yasmin Ansari, de origen iraní, fue una de las pocas voces en Washington que denunció la masacre: “La guerra de Trump nunca ha tenido objetivos ni planes, y cada día más personas inocentes sufren y pierden la vida por los caprichos de este demente”. Pero su voz es un eco en el desierto del imperio. La maquinaria de guerra del capital no se detiene por las declaraciones de una congresista; se detiene cuando los pueblos se organizan para detenerla.

La función de clase de la masacre

Desde una perspectiva marxista, el ataque a la boda de Kuhestak no es un “error de cálculo” ni un “incidente no intencionado”. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el imperialismo estadounidense. El capital necesita controlar las rutas energéticas y la hegemonía regional, y no duda en utilizar la fuerza letal para imponer su dominio. La “guerra contra el terrorismo” y la “lucha por la libertad de navegación” son coartadas para una política de muerte que, en los hechos, no reduce el flujo de petróleo ni garantiza la seguridad de los trabajadores, sino que legitima la violación de la soberanía de los Estados y la liquidación de vidas humanas sin ningún proceso judicial.

La muerte de una niña de cuatro años en una boda no es un “daño colateral”; es el producto de una lógica que trata la vida de los de abajo como un costo que se puede sacrificar en el altar de la acumulación. El silencio de la “comunidad internacional” ante esta masacre es una confesión de clase: los mismos gobiernos que se llenan la boca con discursos de derechos humanos cuando se trata de sus propios intereses, callan cuando el imperio bombardea una boda en Irán. La Media Luna Roja Iraní ha solicitado a la Corte Penal Internacional una investigación por crímenes de guerra. Pero la CPI, como el resto de las instituciones del capital, es un instrumento de dominación que solo actúa cuando los intereses de los poderosos no están en juego.

Epílogo: el terror como política de Estado

El ataque a la boda de Kuhestak no es el fin de la guerra, sino su continuación por otros medios. Mientras el imperio siga buscando el control de las rutas energéticas y la hegemonía regional, los misiles seguirán cayendo sobre las viviendas, las escuelas y las bodas de los pueblos que se niegan a ser sometidos. La clase trabajadora del mundo no debe dejarse engañar por la retórica de la “investigación” y la “precisión”. La verdadera investigación no la hará el CENTCOM; la hará la historia. Y la historia, como siempre, se escribirá del lado de los que resisten.

Irán ha prometido una respuesta “firme”. La Resistencia ha demostrado que no se arredra ante las amenazas del imperio. La guerra continúa. Y mientras el capital siga necesitando la guerra para sostener sus ganancias, las bodas seguirán siendo campos de exterminio. Los de abajo, como siempre, pagarán el costo. Pero también, como siempre, serán los que escriban el final de esta historia.

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