El Partido de la Gente (PDG) de Franco Parisi, que durante la campaña electoral se presentó como el “verdadero representante de la clase media” y el “antídoto” contra la casta política, se ha transformado en el principal aliado parlamentario del gobierno de José Antonio Kast, votando a favor de la megarreforma tributaria que reduce impuestos a las grandes empresas y entregando los votos necesarios para que la agenda de la ultraderecha avance en el Congreso. Mientras Parisi declara que “el oficialismo no existe, está completamente dividido” y que el PDG “vaya solo” en las próximas elecciones, sus diputados han sido el puntal que le ha permitido al gobierno de Kast sortear su minoría parlamentaria, aprobando en la Cámara Baja el proyecto estrella de la administración. La clase trabajadora asiste a la confirmación de una verdad incómoda: el Partido de la Gente no es una alternativa popular, sino una bisagra al servicio del capital, que vende sus votos al mejor postor mientras se disfraza de “centro” y “sentido común”.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El 22 de abril de 2026, el proyecto estrella del gobierno de José Antonio Kast, la llamada “megarreforma” tributaria que incluye la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, la eliminación temporal del IVA a la vivienda nueva y la repatriación de capitales, recibió el respaldo clave del Partido de la Gente para iniciar su tramitación en el Congreso. El jefe de la bancada del PDG, Juan Marcelo Valenzuela, confirmó el acuerdo en una rueda de prensa: “Hoy es un día importante para la clase media. El Partido de la Gente, tras dialogar con el Gobierno, votará a favor”.
El precio del apoyo fue, según Parisi, la inclusión de medidas para la clase media: subsidios para medicamentos, pañales y pymes. Pero lo que el líder del PDG no dice es que esas concesiones son migajas comparadas con el festín que la megarreforma ofrece al gran capital. La rebaja del impuesto corporativo, el corazón de la iniciativa, significa una pérdida de recaudación de más de 4.000 millones de dólares anuales para el Fisco, recursos que debieran destinarse a salud, educación y vivienda para los sectores populares.
La bisagra del capital: el PDG como fusible parlamentario
La coalición oficialista de ultraderecha y derecha tradicional no tiene mayoría en el Congreso y necesita dos votos más a los 76 que posee. Los 13 diputados del PDG tienen un rol “bisagra” y sus votos son necesarios para que la Cámara de Diputados pueda aprobar las reformas del gobierno. En otras palabras, sin el PDG, el programa de Kast no avanza.
La paradoja es monumental. Parisi, que durante la campaña se presentó como el líder de la “clase media” y el crítico de la “casta política”, se ha convertido en el socio indispensable de la administración más neoliberal desde el retorno a la democracia. Sus votos han permitido que la megarreforma pase su primer filtro en la Comisión de Hacienda y que el proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional sea aprobado en la Cámara de Diputados.
El discurso del desapego: la farsa del “centro” independiente
La hipocresía alcanza niveles estratosféricos cuando se escucha a Parisi declarar, apenas unas semanas después de haber entregado los votos clave para la megarreforma, que “el oficialismo no existe, está completamente dividido” y que el PDG “vaya solo” en las próximas elecciones. El líder del PDG afirma que su partido es “de centro, no en lo extremo” y que “no existen las bases necesarias” para sumarse al oficialismo.
Pero los hechos desmienten sus palabras. Mientras Parisi declara que el PDG no es parte del oficialismo, sus diputados han votado sistemáticamente con el gobierno en las materias clave. El propio vicepresidente del PDG reconoció el acuerdo alcanzado con el Ejecutivo para apoyar el proyecto de ley. La contradicción es tan evidente que incluso sectores del oficialismo han cuestionado la estrategia del Ejecutivo de sumar al PDG, calificándola como una medida “para asegurar votos en el Congreso más que para construir una alianza basada en coincidencias programáticas”.
El quiebre del acuerdo y la renegociación permanente
La relación entre el PDG y el gobierno de Kast no ha sido un camino de rosas. En mayo de 2026, Parisi anunció el quiebre del acuerdo con el Ejecutivo por el Plan de Reconstrucción, calificando el proyecto como “una reforma sin corazón” que “no se preocupa de la clase media”. La molestia del PDG se debió a que el gobierno no incluyó en el documento final el descuento del IVA a pañales y medicamentos, tal como se había acordado.
Pero el quiebre duró lo que un suspiro. El PDG terminó apoyando la iniciativa, demostrando que su “indignación” no es más que una táctica de negociación para obtener concesiones menores mientras respalda el núcleo duro de la agenda neoliberal de Kast. Parisi mismo lo reconoció al declarar que el PDG “estaba preocupado de la discusión en particular de este megaproyecto” y que si el gobierno “se pone tozudo, los diputados no van a estar dispuestos”. La amenaza era solo una advertencia: el PDG seguiría apoyando, pero a un precio más alto.
La función de clase del oportunismo
Desde una perspectiva marxista, el comportamiento del Partido de la Gente no es una anomalía ni una desviación del “verdadero” populismo. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna la política burguesa: la búsqueda del poder y el beneficio económico por encima de cualquier principio programático. El PDG no es un partido de “clase media”, como se autodenomina, sino un vehículo para la acumulación de capital político y económico, que vende sus votos al mejor postor mientras se disfraza de “sentido común” y “centro”.
El PDG no es un partido de la gente; es un partido de los negocios. Sus votos no están al servicio de la clase trabajadora ni de la clase media, sino al servicio de los grupos económicos que se benefician de la megarreforma de Kast. La rebaja del impuesto corporativo, la repatriación de capitales y la flexibilización regulatoria no son medidas para la “clase media”, como pregona Parisi, sino para el gran capital, que ve cómo sus ganancias se engordan a costa del desmantelamiento del Estado social.
Epílogo: la máscara del centro
La subordinación del Partido de la Gente a la agenda de Kast es una confirmación de que el populismo de derecha no es una alternativa al neoliberalismo, sino su rostro más descarado. Parisi y su partido han demostrado que están dispuestos a vender su apoyo al mejor postor, sin importar que las políticas que respaldan profundicen la desigualdad y la precarización de la clase trabajadora.
La clase trabajadora chilena no debe dejarse engañar por el discurso del “centro” y la “clase media”. El PDG no es un partido independiente ni una alternativa popular; es una bisagra al servicio del capital, que ha entregado los votos necesarios para que la ultraderecha de Kast pueda imponer su agenda de ajuste y rebajas tributarias. Mientras Parisi declara que su partido “vaya solo”, sus diputados siguen votando con el gobierno. La máscara del centro se ha caído. Lo que queda al descubierto es el rostro de un partido que, como el capital que representa, no tiene principios, solo intereses.
