Mié. Jul 15th, 2026

Los dedos de Tel Aviv en las urnas del mundo: el negocio de la injerencia electoral israelí como brazo del imperio

Jul 14, 2026
Foto The Times Of Israel

Mientras la comunidad internacional finje escandalizarse por la injerencia rusa o china, una red de empresas de inteligencia israelíes —con el visto bueno del Mossad y el respaldo de la ultraderecha global— ha tejido una trama de intervención electoral que abarca desde Eslovenia hasta Colombia, pasando por Estados Unidos y Letonia. El caso más reciente es la denuncia del presidente colombiano Gustavo Petro, quien acusó a la firma israelí Black Cube de manipular los algoritmos del escrutinio para favorecer al ultraderechista Abelardo de la Espriella. Pero no es un hecho aislado: en Eslovenia, la misma empresa fue señalada de orquestar una campaña de desinformación que allanó el camino al nacionalista Janez Janša, y en Letonia, el Mossad habría operado junto a la CIA y el MI6 para designar a dedo a los parlamentarios. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, al espectáculo de un imperialismo que no tolera gobiernos progresistas y utiliza todos los medios —incluida la manipulación electoral— para imponer sus títeres, mientras la prensa hegemónica se esfuerza por presentar estos hechos como “denuncias sin pruebas” o “teorías de conspiración”.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El 9 de julio, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, lanzó una denuncia que debería estremecer los cimientos de la democracia representativa en América Latina. En un mensaje publicado en su cuenta de X, el mandatario saliente afirmó que las elecciones del 21 de junio, que dieron como ganador al ultraderechista Abelardo de la Espriella, fueron manipuladas mediante “algoritmos que variaron la votación sustancialmente a favor de Abelardo”. En el centro de la denuncia está Black Cube, una empresa de inteligencia privada israelí con oficinas en Tel Aviv, Londres, Singapur y Madrid.

Petro fue explícito: “La empresa que suministró algoritmos viciados es una empresa de inteligencia privada israelí de nombre Black Cube”. Según su denuncia, los algoritmos se usaron “con el censo electoral de los que nunca votan para ser reemplazados por votantes que podían hacerlo varias veces o sin votantes en las mesas de jurados homogéneos”. La conclusión del mandatario es lapidaria: el verdadero ganador de las elecciones es Iván Cepeda, pese a que todas las autoridades electorales y los observadores internacionales han certificado el triunfo de De la Espriella.

El modus operandi de Black Cube: un patrón global de injerencia

Black Cube no es una empresa cualquiera. Fundada en 2010 por antiguos agentes de la inteligencia israelí, se describe a sí misma como proveedora de “servicios de inteligencia para litigios de alto perfil, arbitrajes y casos de delitos de cuello blanco”. Pero sus métodos van mucho más allá: despliega agentes con identidades falsas para atraer a sus objetivos a reuniones grabadas con el fin de obtener influencia política. En palabras de un análisis del European Correspondent, “las operaciones encubiertas de Israel en Europa son un calco de las de Rusia y China. La diferencia es que nuestros representantes políticos se niegan a reconocerlo”.

El caso de Eslovenia es paradigmático. En marzo de 2026, el país celebró elecciones parlamentarias en medio de un escándalo de espionaje que ensombreció el proceso. El gobierno esloveno denunció que Black Cube estaba detrás de una operación de desinformación que pretendía vincular al primer ministro Robert Golob con una trama de corrupción. La ministra de Asuntos Exteriores, Tanja Fajon, declaró que se trataba de “un ataque directo contra nuestra soberanía” y de “un ataque contra la democracia”.

El modus operandi fue revelado por el periodista esloveno Borut Mekina: el 22 de diciembre de 2025, un jet privado voló de Tel Aviv a Liubliana con el director ejecutivo de Black Cube, Dan Zorella, y el general israelí retirado Giora Eiland. Del aeropuerto fueron directamente a la sede del partido del líder de la oposición, Janez Janša. Poco antes de las elecciones, aparecieron vídeos grabados en secreto de funcionarios del gobierno de Golob, que fueron utilizados para desacreditar a su administración. El partido de Golob ganó por una diferencia de menos del 1%, pero Janša terminó siendo nombrado primer ministro.

El Mossad como arquitecto: más allá de las empresas privadas

La injerencia electoral israelí no se limita a empresas privadas como Black Cube. El Mossad, la agencia de inteligencia estatal de Israel, ha sido señalado en operaciones de cambio de régimen que buscan instalar líderes afines a sus intereses. El caso más reciente y explosivo es el intento del Mossad de reclutar al expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad para instalar un gobierno que abandonara las ambiciones nucleares de Teherán y normalizara relaciones con Israel.

Según una investigación del New York Times publicada el 13 de julio, el Mossad trabajó durante años en un plan secreto para convertir a Ahmadinejad en el futuro líder de Irán tras un cambio de régimen en Teherán. El plan, conocido como “Operación Puss in Boots”, buscaba derrocar al gobierno iraní y poner fin a su programa nuclear. El exgeneral israelí Gadi Eisenkot calificó el plan como “una locura”, pero el simple hecho de que el Mossad haya intentado instalar un líder en un país soberano revela la naturaleza de las operaciones de inteligencia israelíes.

Más al norte, en Letonia, un informe de abril de 2026 señaló que el Mossad, junto a la CIA y el MI6, estaba operando para designar a los miembros del parlamento letón. La noticia, publicada por el medio News.by, describe cómo “la vida cotidiana en la Unión Europea se parece cada vez más a la existencia en el interior de una colonia penal de régimen estricto —bajo vigilancia constante para garantizar que ningún europeo pueda esperar siquiera una liberación condicional anticipada”.

La función de clase de la injerencia electoral

Desde una perspectiva marxista, la injerencia electoral israelí no es un fenómeno aislado ni una desviación de la política exterior de un estado particular. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el imperialismo global: el capital financiero y los intereses geopolíticos de las potencias occidentales no toleran gobiernos que amenacen sus ganancias, y utilizan todos los medios a su alcance —incluida la manipulación electoral, el espionaje y el cambio de régimen— para imponer títeres que defiendan sus intereses.

El silencio de la prensa hegemónica es elocuente. Mientras las denuncias de injerencia rusa o china son portada durante semanas, las operaciones de inteligencia israelíes en Europa y América Latina pasan casi inadvertidas. Como señala el European Correspondent, “aunque las operaciones de inteligencia de Israel en Europa han crecido hasta equipararse a las tres anteriores [Rusia, China y Catar], lo han hecho prácticamente sin consecuencias”. La razón es simple: Israel es un aliado estratégico del imperialismo estadounidense, y su injerencia electoral no es condenada porque sirve a los intereses del capital.

Epílogo: la democracia como farsa

La denuncia de Gustavo Petro, el escándalo en Eslovenia, el intento del Mossad de instalar un líder en Irán y la operación en Letonia son piezas de un mismo rompecabezas: un patrón global de injerencia electoral atribuido a empresas de inteligencia israelí y alianzas con la ultraderecha. La clase trabajadora del mundo debe leer estos hechos con otros ojos: no se trata de “denuncias sin pruebas” ni de “teorías de conspiración”, sino de la confirmación de que la democracia burguesa es una farsa cuando los intereses del capital están en juego.

Mientras las empresas israelíes de inteligencia manipulan elecciones y los gobiernos progresistas son derrocados por medios extra institucionales, la clase trabajadora sigue esperando que sus votos cuenten. Pero la historia demuestra que, en el Chile de los patrones y en el mundo del capital, las urnas son solo un decorado. El verdadero poder se ejerce en las sombras, por los servicios de inteligencia, las empresas privadas y los grupos económicos que no toleran que los pueblos elijan a quienes realmente los representan. La lucha por la democracia real no se gana en las urnas manipuladas, sino en las calles, en las fábricas y en la conciencia de los que se niegan a ser engañados.

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