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La geografía de la cobardía: la abstención de 30 países denillita el rechazoal bloqueo genocida de EE.UU. mientras el mundo finje no ver el terrorismo de Estado

Jul 14, 2026
Foto National Geografic

La Asamblea General de la ONU autorizó el pasado 7 de julio un debate urgente sobre el bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde hace más de seis décadas. El resultado fue una contundente mayoría de 136 votos a favor, pero también una verdad incómoda: 9 países se alinearon con Washington para votar en contra, y 30 más —incluidos varios aliados históricos del imperio— optaron por la abstención, un gesto de cobardía diplomática que, en los hechos, legitima el terrorismo de Estado contra el pueblo cubano. Mientras el gobierno de la isla denuncia que el bloqueo es un “crimen de lesa humanidad” y un acto de genocidio que “asfixia y mata de manera silenciosa”, la clase trabajadora del mundo asiste al espectáculo de una comunidad internacional que, condenada en las palabras pero subordinada en los hechos, prefiere la comodidad del silencio antes que enfrentar el poder del imperio.

Por Equipo El Despertar

Naciones Unidas, Nueva York. La sesión extraordinaria de la Asamblea General, solicitada por Cuba ante el recrudecimiento del cerco energético y las amenazas militares de Washington, se saldó con una victoria diplomática para la isla, pero también con un saldo amargo. Los 136 votos a favor —que representan la abrumadora mayoría de los Estados miembros— no lograron ocultar el hecho de que el apoyo a Cuba ha sufrido un retroceso significativo. Tal como señala un análisis de CiberCuba, las 30 abstenciones representan “el peor resultado para Cuba en más de tres décadas”.

No se trata de una derrota, pero sí de una advertencia: la maquinaria de presión del imperio está funcionando a toda máquina.

Los nueve verdugos: la alianza del terrorismo de Estado

En el extremo opuesto de la condena global, nueve países se atrevieron a votar en contra de que siquiera se debatiera el fin del bloqueo. La lista, confirmada por diversas fuentes, incluye a los cómplices de siempre:

  • Estados Unidos, el artífice del genocidio económico.
  • Israel, su principal aliado en la región, que replica en Gaza la misma lógica de asedio que Washington aplica en el Caribe.
  • Argentina, que bajo el gobierno de Javier Milei ha virado hacia una sumisión incondicional a la Casa Blanca.
  • Costa Rica, que marcó un giro histórico en su política exterior al pasar de la abstención al voto en contra, alineándose con la administración Trump.
  • Paraguay, otro satélite del imperialismo en el Cono Sur.
  • Macedonia del NorteRepública Checa y Ucrania, países que, bajo distintas formas de chantaje, han preferido plegarse a los designios de Washington.
  • Marruecos, un socio estratégico de EE.UU. en el norte de África.

Estos países no solo se oponen al fin del bloqueo; están validando el uso del hambre y la asfixia económica como armas de guerra. Como denunció el canciller cubano Bruno Rodríguez, el bloqueo es un “castigo colectivo” que impide a la isla acceder a combustible, alimentos, medicamentos y otros insumos esenciales, incluso cuando intenta adquirirlos mediante operaciones comerciales legítimas.

Los 30 cómplices silenciosos: la geografía de la cobardía

Pero si la alianza de los nueve es un acto de complicidad activa, la abstención de 30 países es una forma de complicidad pasiva, igualmente condenable. Entre los países que se abstuvieron se encuentran, según reportes de prensa:

Albania, Bosnia y Herzegovina, República Checa, Ecuador, Estonia, LetoniaRepública DominicanaColombia y Emiratos Árabes Unidos.

A estos se suman varios aliados tradicionales de Estados Unidos en Europa, que prefirieron no mojarse. La abstención de estos países no es un acto de neutralidad; es una concesión al chantaje de Washington. Como ha documentado Strategic Culture, Estados Unidos “compra votos en la ONU para asfixiar la economía cubana: chantajea países, amenaza con sanciones y presiona para mantener el bloqueo”.

La lógica es perversa: en lugar de alinearse con la mayoría que exige justicia, estos países prefieren no incomodar al imperio, incluso si eso significa legitimar un crimen de lesa humanidad.

El costo del silencio: el bloqueo como arma de destrucción masiva

El bloqueo no es una medida económica abstracta. Es una política de terror que ha costado a Cuba más de 8.000 millones de dólares en daños acumulados solo en 2026. Impide el acceso a medicamentos, equipos médicos, alimentos y combustible, afectando directamente a los sectores más vulnerables de la población. Como ha denunciado el gobierno cubano, el cerco energético total impuesto por Washington ha llevado a la isla a una situación límite, con apagones de hasta 20 horas diarias y la paralización de servicios esenciales.

La abstención de 30 países y el voto en contra de 9 no son gestos diplomáticos menores. Son la confirmación de que el imperialismo sigue teniendo la capacidad de imponer su voluntad sobre una parte significativa de la comunidad internacional, utilizando la presión económica y las amenazas como herramientas de dominación.

La hipocresía de los “defensores de los derechos humanos”

La paradoja es brutal. Muchos de los países que se abstuvieron o votaron en contra son los mismos que se llenan la boca con discursos sobre derechos humanos, democracia y libertad. Pero cuando se trata de enfrentar al imperio, prefieren el silencio. La abstención de países europeos, latinoamericanos y asiáticos revela que la defensa de los derechos humanos es, para la mayoría de los gobiernos, una moneda de cambio que se negocia según la conveniencia geopolítica.

Mientras el bloqueo sigue matando de manera silenciosa, la comunidad internacional prefiere mirar hacia otro lado. La clase trabajadora del mundo debe entender que esta votación no es un mero ejercicio diplomático: es un reflejo de la correlación de fuerzas en el capitalismo global, donde el poder económico y militar de Estados Unidos sigue siendo capaz de doblegar la voluntad de decenas de países.

Epílogo: la resistencia no se rinde

A pesar del retroceso en el número de apoyos, Cuba sigue contando con una mayoría sólida que rechaza el bloqueo. Los 136 votos a favor son una muestra de que el aislamiento de Washington es cada vez mayor, y que la lucha del pueblo cubano contra el bloqueo ha logrado instalar su causa en el corazón de la agenda internacional.

La resistencia no se rinde. Y mientras el imperio aprieta el cerco, los pueblos del mundo siguen alzando la voz. La abstención de 30 países y el voto en contra de 9 no son una derrota para Cuba, sino una prueba de que la lucha contra el imperialismo es una batalla de largo aliento. La clase trabajadora debe leer estos resultados con otros ojos: no se trata de una simple votación, sino de un mapa de los intereses de clase que gobiernan el mundo. Los que votaron en contra y los que se abstuvieron han elegido su bando. La historia, como siempre, los juzgará.

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