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El Capital en llamas: la ola de calor que derrite Europa es la factura del lucro y la insaciable codicia de los dueños del mundo

Jul 21, 2026
Foto Euronews.com

El verano de 2026 ha puesto a Europa en el centro de una crisis climática que el capitalismo ha ignorado durante décadas. Mientras el sur y el oeste del continente arden bajo una tercera ola de calor que ya supera los 44°C en España y despliega su furia desde Portugal hasta Sicilia, la cifra de muertos y damnificados crece sin control: 13 fallecidos en el incendio de Almería, más de 2.000 muertes atribuidas al calor extremo solo en Francia durante la última semana de junio, y 160 mil hectáreas consumidas por el fuego, casi el doble del promedio histórico. No estamos ante un fenómeno natural, sino ante la manifestación más brutal de un sistema que ha priorizado las ganancias de las petroleras y la especulación financiera por sobre la vida de los trabajadores y la estabilidad del planeta. La clase trabajadora no es solo la principal víctima de esta catástrofe; también es la única fuerza capaz de construir una alternativa real al “fósil-capitalismo” que nos está llevando a la autodestrucción.


Por Equipo El Despertar

El mapa de la devastación es ya un atlas de la desidia del capital. La península ibérica arde sin tregua. En España, la provincia de Guadalajara alberga el incendio más grande del año, con más de 26 mil hectáreas calcinadas y más de mil evacuados, mientras el termómetro marca 44°C en varias regiones y las tormentas secas amenazan con avivar aún más las llamas. En el sur de Francia, el fuego se ha cobrado tres campings y 281 bungalós en los Pirineos Orientales, obligando a evacuar a más de 3.000 personas y forzando la suspensión del tráfico ferroviario en la Costa Azul. En Portugal, 10 mil hectáreas han ardido solo en una semana y el gobierno se ha visto obligado a activar el mecanismo europeo de protección civil y solicitar refuerzos a España y Marruecos.

El dato más escalofriante es la precocidad del desastre. La temporada de incendios se ha adelantado un mes completo respecto a lo habitual. Un invierno excepcionalmente húmedo hizo brotar una vegetación exuberante que las tres olas de calor sucesivas convirtieron en pólvora lista para arder . El resultado es el doble de grandes incendios que en 2025: 314 fuegos de más de 30 hectáreas, la segunda cifra más alta desde 2016 . La Unión Europea está siendo “devastada por las llamas” y la Comisión ya ha movilizado aviones cisterna para intentar contener el desastre.

El costo humano de la codicia

Las cifras de muertos y heridos convierten la estadística en tragedia. En Almería, el incendio de Los Gallardos se ha cobrado 13 vidas, convirtiéndose en el más letal de los últimos años. Los cuerpos de varias víctimas fueron encontrados dentro de vehículos que fueron devorados por las llamas mientras intentaban escapar. Las autoridades regionales confirman que la tragedia no ha terminado: cerca de 20 personas continúan desaparecidas. La onda expansiva del calor no se limita a los incendios. Francia ha registrado su día más caluroso de la historia el 24 de junio, provocando más de 2.000 muertes en la última semana de ese mes, un incremento del 29% respecto a la semana anterior, el 85% de ellas entre personas de 65 años o más. Las personas mayores y los sectores más empobrecidos pagan el precio más alto de una crisis que no han provocado.

Las consecuencias para la salud pública se extienden más allá de las cifras de muertos. La investigación ha demostrado que los incendios del año pasado en España y Portugal causaron más de 2.000 muertes prematuras por exposición al humo tóxico, y la energía liberada por esos fuegos fue equiparable a la producción anual de un reactor nuclear de 1.000 megavatios. El patrón es claro y aterrador: “los grandes incendios se están haciendo más grandes” y la intensidad no deja de aumentar.

El impacto en el bolsillo de los trabajadores

La crisis climática se cuela en la vida cotidiana de los trabajadores europeos a través de cada uno de sus bolsillos. La producción de maíz de la UE ha caído en picado: la asociación de comercio de granos Coceral ha reducido su previsión de cosecha a 52,7 millones de toneladas, frente a los 57,2 millones previstos el mes pasado. La cosecha de maíz en Francia caerá por debajo de los 10 millones de toneladas, su nivel más bajo en dos décadas. El resultado será una inflación alimentaria que golpeará con más fuerza a los hogares trabajadores.

La generación de energía, esencial para la vida y la producción, también se está viendo afectada. Las centrales nucleares francesas han tenido que reducir su producción porque las altas temperaturas del agua de los ríos superan los límites permitidos. Cuando el sistema energético se resquebraja, son los trabajadores quienes sufren cortes de suministro y subidas de tarifas.

Capitalismo fósil: la raíz del desastre

Esta catástrofe no es un capricho de la naturaleza. Es la factura que el “fósil-capitalismo” está pasando a la humanidad. La Organización Meteorológica Mundial ya había advertido que las temperaturas récord de finales de junio agravarían el riesgo de incendios. La propia BBC ha señalado que el cambio climático está elevando las temperaturas en todo el mundo, y Europa es el continente que se calienta más rápido, al doble de la media global. El estudio del World Weather Attribution, de Imperial College London, vincula directamente el empeoramiento de la temporada de incendios en el Mediterráneo al cambio climático.

No hay solución posible dentro de los márgenes de este sistema. El capitalismo, como señalan los análisis más lúcidos de la izquierda internacional, “prioriza la ganancia por sobre un medio ambiente en colapso y la vida de la clase trabajadora”. La catástrofe climática “es, junto con la guerra y la crisis económica global, una prueba contundente de la crítica marxista al capitalismo y la exigencia de una revolución social”. Los intentos de parchear el sistema con medidas de mercado no son más que un espejismo.

La clase trabajadora como única alternativa

Mientras los gobiernos europeos se limitan a declarar alertas rojas y movilizar bomberos, la respuesta a esta crisis solo puede venir de la organización de la clase trabajadora a nivel internacional. La solución no es un capitalismo “verde” que siga permitiendo que las grandes corporaciones acumulen beneficios mientras esquilman el planeta. La solución es la planificación socialista y democrática de la economía. La clase trabajadora tiene el poder de detener la maquinaria de producción y distribución que alimenta este desastre.

No se trata de salvar a Europa de las llamas para que el capital pueda seguir acumulando. Se trata de construir un nuevo modelo de sociedad donde los recursos energéticos y alimentarios estén al servicio de las necesidades de las personas, no de las ganancias de unos pocos. La ola de calor que derrite Europa no es un fenómeno natural: es la manifestación más brutal de la crisis terminal del capitalismo. Y como tal, no requiere solo de bomberos, sino de una transformación revolucionaria. Mientras el capital siga ardiendo, los trabajadores seguiremos sufriendo.

#Cambio Climático

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