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La farsa de la paz: el imperio rompe el memorando con bombas y la Resistencia responde con misiles

Jun 28, 2026

Apenas una semana después de la firma del memorando de entendimiento que prometía poner fin a las hostilidades en Asia Occidental, Estados Unidos e Irán han vuelto a intercambiar ataques en el estrecho de Ormuz, evidenciando que la “paz” que pregona Washington no es más que una tregua para recomponer sus fuerzas. Mientras el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) justifica sus bombardeos como “respuesta directa a la continua agresión iraní contra la navegación comercial”, Teherán acusa a Washington de violar el memorando y defiende sus acciones como un acto de “legítima defensa”. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, a la misma película: el imperialismo, incapaz de aceptar la derrota, recurre a la provocación y la fuerza bruta para intentar imponer su ley, mientras los pueblos de la Resistencia se niegan a doblegarse.


Por Equipo El Despertar

La paz de mentira y la guerra de verdad

La historia se repite con la precisión de un guion escrito por los mismos actores. El 17 de junio, Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento para poner fin a las hostilidades y garantizar la libre navegación por el estrecho de Ormuz, mientras negociaban un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní. La tregua duró lo que un suspiro. El jueves, Teherán atacó un buque comercial cerca del estrecho; el viernes, Washington respondió con bombardeos sobre almacenes de misiles y drones, así como bases costeras de radares; el sábado, la Guardia Revolucionaria iraní lanzó ataques contra posiciones militares de EE.UU. en Bahréin y Kuwait. La secuencia es tan predecible como la hipocresía que la acompaña.

La Casa Blanca, a través de la voz del propio Donald Trump, ha acusado a Irán de cometer una violación “insensata” del alto el fuego, mientras el CENTCOM afirma que los bombardeos son “respuesta directa a la continua agresión iraní contra la navegación comercial”. Pero la realidad, como siempre, se impone: el memorando fue violado por ambas partes, pero el peso de la responsabilidad recae sobre quien tiene el poder de destruir y la voluntad de hacerlo.

El imperio contra las cuerdas: la guerra como negocio

La escalada no es un accidente ni un malentendido. Es la estrategia deliberada de un imperio en decadencia que necesita la guerra para sobrevivir. Trump, en un alarde de cinismo que ya es su sello, escribió en su red Truth Social: “Es muy probable que nunca aprendan la lección. Es posible que algún día ya no podamos actuar con prudencia y nos veamos obligados a completar mediante la fuerza militar la misión que tan bien hemos iniciado. Si eso sucede, la República Islámica de Irán no existirá más”.

La amenaza genocida no es un exabrupto; es la confesión de un poder que no puede ganar en el campo de batalla y recurre al terrorismo de Estado para intentar doblegar a un pueblo que se niega a ser sometido. Pero la Resistencia no se arredra. El negociador en jefe de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, respondió con la entereza de quien sabe que la historia está de su lado: “Preferimos el lenguaje de la diplomacia, pero hablamos con mucha más soltura otros idiomas. Rompan sus compromisos y pasaremos al que dominamos mejor”.

La geopolítica del petróleo y la función de clase de la guerra

El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del crudo global, es el escenario de esta nueva escalada. No es casualidad. La guerra no se libra por la “libertad de navegación”, como pregona Washington, sino por el control de las rutas energéticas y la hegemonía sobre los recursos que mueven el capitalismo global. La amenaza de Irán de cerrar completamente el estrecho es un golpe directo a los intereses de las grandes petroleras y los mercados financieros.

El Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC), supervisado por la Armada de EE.UU., elevó el nivel de amenaza en el estrecho a “sustancial”. Los precios del crudo, que habían bajado tras la firma del memorando, volvieron a dispararse. La clase trabajadora del mundo, una vez más, paga el costo de una guerra que no ha pedido: el precio de la gasolina, de los alimentos, de la vida misma, se encarece mientras los accionistas de las petroleras se frotan las manos.

Epílogo: la resistencia no se rinde

La violación del memorando de entendimiento y el intercambio de ataques no son el fin del conflicto, sino su continuación por otros medios. La “paz” que ofrece el imperialismo es una paz de los sepulcros, una paz que solo puede imponerse mediante la fuerza y la amenaza. Pero la Resistencia, como ha demostrado en cada una de estas escaladas, no se rinde.

El presidente de Irán, Masoud Pazashkian, declaró que Irán “se mantendrá firme contra cualquier presión o amenaza”. Y mientras el imperio se desangra en sus propias contradicciones, los pueblos de Asia Occidental siguen levantándose. La guerra no terminará con un memorando firmado en una mesa de negociaciones. Terminará cuando la clase trabajadora del mundo comprenda que su enemigo no está al otro lado del estrecho, sino en los palacios del poder que envían a los soldados a morir por las ganancias de las transnacionales del petróleo.

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