Mientras la derecha continental se frotaba las manos con el triunfo de la ultraderecha en Colombia y las victorias de Trump en EE.UU., el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se perfila para dar la sorpresa: con una sólida ventaja en las encuestas, el líder del PT se encamina a ganar en primera vuelta y asestar un golpe contundente a la marea conservadora que el imperialismo intenta imponer en el Cono Sur. Los sondeos más recientes, que le otorgan un 40% de intención de voto para las elecciones del 4 de octubre frente al 33% de Flávio Bolsonaro, no solo revelan la popularidad de un líder que supo gobernar para los de abajo, sino que también exponen el fracaso del lawfare y la injerencia imperialista para detener el avance de la soberanía popular en la región.
Por Equipo El Despertar
Brasilia. Mientras la prensa hegemónica se esfuerza por presentar la elección brasileña como una “polarización” entre dos proyectos, la realidad de los números es tozuda. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva no solo lidera la intención de voto para las elecciones del 4 de octubre con un contundente 40% de las preferencias, sino que su ventaja se amplía en todos los escenarios de balotaje. Según la última encuesta del instituto Real Time Big Data, el líder del PT aventaja por siete puntos al candidato de la ultraderecha, Flávio Bolsonaro (33%), en un hipotético escenario de primera vuelta, mientras que en un eventual balotaje alcanzaría el 45% frente al 42% del senador.
Los números no son un espejismo. La firma Nexus, en un sondeo encargado por el banco BTG Pactual, también ubica a Lula con el 40% frente al 34% de Flávio. Y si de tendencias se trata, la encuesta Genial/Quaest revela que el voto a Lula viene en ascenso: pasó del 39% en junio al 40% en julio, mientras su principal rival cayó del 29% al 28%. El crecimiento del mandatario se explica por “una cohesión más firme entre los votantes del bloque gobernante”, un fenómeno que la derecha no ha logrado desarticular.
La geografía de la esperanza y la disputa de clase
Lo que las encuestas revelan no es solo una preferencia electoral, sino un mapa de la lucha de clases en Brasil. Lula arrasa en el Nordeste, donde obtiene el 54% de las preferencias frente al 25% de Flávio, mientras que en el Sudeste también se impone cómodamente. Son las regiones donde el hambre fue derrotada durante sus gobiernos, donde el programa “Mi Casa, Mi Vida” levantó millones de hogares y donde el salario mínimo creció de forma real y sostenida. Es el voto de los trabajadores que saben que la izquierda no es una abstracción, sino la certeza de que el arroz llegará a la olla.
Flávio Bolsonaro, en cambio, lidera en el Sur y el Norte-Centro Oeste, las regiones donde el agronegocio y los latifundios tienen su fortaleza. Es la geografía del agronegocio, de la soja transgénica, de la tierra concentrada y del latifundio improductivo que sigue explotando a los trabajadores del campo. Es el voto de quienes se benefician del saqueo de la Amazonía y de la entrega de los recursos naturales a las transnacionales.
La brecha de género también es reveladora: Lula obtiene el 45% de la intención de voto entre las mujeres, frente al 30% de Flávio. Son las mujeres que han sido las principales víctimas del ajuste neoliberal, las que saben que el gobierno de Lula significó más acceso a la salud, más educación y más protección social.
El fracaso del lawfare y la injerencia imperialista
La ventaja de Lula no es un triunfo casual. Es la derrota de una ofensiva de clase que el imperialismo y la ultraderecha local desplegaron durante años para impedir su regreso al poder. Los intentos de judicializar su candidatura, el uso de la prensa hegemónica para desacreditarlo y las injerencias de Washington en los procesos electorales latinoamericanos no lograron frenar un movimiento popular que se reconoce en su liderazgo.
El propio expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado, no puede ser candidato. La ultraderecha tuvo que recurrir a su hijo, Flávio, un senador que carga con el peso de la corrupción y el rechazo de la mayoría de los brasileños. El 50% de los consultados afirmó que no votaría por él bajo ninguna circunstancia. Es el rechazo a una familia que encarna lo peor del capitalismo brasileño: la corrupción, la violencia y el desprecio por la vida de los de abajo.
El impacto regional y la batalla por la hegemonía
La reelección de Lula no es un asunto menor. Brasil es la mayor economía de América Latina, el pulmón del mundo con su Amazonía y un actor clave en el Mercosur. Su triunfo significará un freno a la ofensiva neoliberal que la derecha ha intentado imponer en la región, desde el ajuste de Milei en Argentina hasta la militarización de la política en Colombia.
Lula ha sido claro en su defensa de la integración regional, de la protección del medio ambiente y de la soberanía frente a las presiones de Washington. Su reelección pondrá en jaque los planes de Trump y de la ultraderecha continental de convertir a América Latina en un patio trasero del imperio. La relación con China y la Unión Europea también se verá afectada, pues Lula ha demostrado que sabe negociar sin arrodillarse.
La clase trabajadora como protagonista de la historia
El 40% de intención de voto que hoy lidera las encuestas no es un número frío. Es el reflejo de una conciencia de clase que la burguesía ha intentado aplastar con todos los medios a su alcance. Es el voto de los trabajadores que saben que Lula no es un político más, sino el símbolo de una época en la que Brasil dejó de ser un país del hambre para convertirse en una potencia con dignidad.
La encuesta también revela que el 27% de los entrevistados manifiesta preferencia por una “tercera vía”. Es el espacio de la disputa ideológica, donde la izquierda debe ser capaz de demostrar que el proyecto de Lula no es un retroceso, sino el único camino posible para que la clase trabajadora deje de ser víctima del capitalismo depredador y se convierta en su protagonista.
Epílogo: la batalla final
A menos de tres meses de las elecciones, la ventaja de Lula es sólida, pero no es irreversible. La derecha y el imperialismo no se rendirán. Utilizarán todos los recursos a su alcance: la manipulación mediática, las fake news, la presión económica y quizás incluso la violencia para intentar frenar el avance del pueblo brasileño.
Pero los trabajadores de Brasil y de toda América Latina tienen una oportunidad histórica. La reelección de Lula no es solo la continuidad de un gobierno; es la posibilidad de consolidar un proyecto de integración regional que ponga fin a la dominación imperialista y construya una sociedad más justa, más igualitaria y más soberana. La batalla final está por librarse, y esta vez, la clase trabajadora tiene la certeza de que la historia está de su lado.
