Dos meses después de su abrupta salida del gabinete, la exvocera Mara Sedini rompió el silencio para calificar su paso por La Moneda como una “experiencia llena de mentiras, muchos artilugios, situaciones fuera de contexto, malas interpretaciones y, por supuesto, un ensañamiento“. La confesión de quien fuera el rostro comunicacional del gobierno de José Antonio Kast no es un ajuste de cuentas personal. Es la constatación de que el proyecto de la derecha más dura, que llegó al poder con un discurso de “orden” y “eficiencia”, se ha estrellado contra la realidad de una administración quebrada por dentro, sin rumbo, y que solo sabe gobernar para los de arriba mientras la clase trabajadora paga las consecuencias.
Por Equipo El Despertar
La reaparición de Mara Sedini en el programa Sin Filtros este lunes 21 de julio no fue un regreso cualquiera. La exministra, que duró apenas 69 días en el cargo, eligió el mismo espacio donde fue panelista antes de llegar a La Moneda para anunciar que este martes contará “su verdad” en una entrevista exclusiva. “Todas las experiencias en la vida son enriquecedoras”, dijo, para luego matizar: “Pero también llena de muchas mentiras, muchos artilugios, situaciones fuera de contexto, malas interpretaciones y, por supuesto, un ensañamiento que yo creo que fue evidente para prácticamente todo el país”.
La declaración de Sedini no es un hecho aislado. Es la punta del iceberg de una crisis de conducción que el gobierno de Kast ha intentado ocultar bajo el manto de la “emergencia”. El analista Marco Moreno ya había advertido en mayo que el Ejecutivo enfrentaba complicaciones debido al “diseño comunicacional y una estrategia sin coherencia”, y que el denominado “segundo piso” de La Moneda estaba debilitando la cadena de mando al tomar decisiones que competen a los ministros. La propia Sedini, que no tenía experiencia en el servicio público cuando fue nombrada, fue cuestionada desde el oficialismo y la oposición por sus errores comunicacionales, declaraciones imprecisas y conflictos con la prensa.
El síntoma de un proyecto agotado
El análisis del Scanner Social, publicado el 15 de julio, fue lapidario: la aprobación de Kast se ha desinflado estrepitosamente, y buena parte de su triunfo electoral de diciembre respondió más al rechazo a su contendiente que a una adhesión sólida a su proyecto. Seis meses después, la gestión es percibida como deficiente, la erosión es acelerada y su base electoral comienza a fracturar su lealtad. El 66% cree que el Presidente no es sincero, el 57% considera innecesario el ajuste fiscal y el 79% dice sentirlo en el bolsillo.
La confesión de Sedini es la prueba de que el gobierno de Kast no es un proyecto de “orden”, sino de desorden institucionalizado. La misma administración que encontró tiempo y recursos para rebajar impuestos a las grandes empresas en más de 4.000 millones de dólares anuales, y para aprobar un endeudamiento histórico sin titubear, no ha logrado siquiera instalar un relato coherente que explique sus decisiones. La vocera que debía ser el rostro de esa coherencia terminó huyendo de la prensa por los pasillos de La Moneda y confundiendo el estatus judicial de un prófugo con una condena.
Epílogo: la mentira como política de Estado
Las declaraciones de Mara Sedini no son un ajuste de cuentas personal. Son la confesión de una clase política que gobierna para los de arriba y que, al hacerlo, se ve obligada a mentir, a ocultar y a ensañarse con quienes no se pliegan a su lógica. La exvocera habló de “mentiras” y “artilugios”, pero no mencionó la mentira mayor: la de un gobierno que prometió “mano dura” y entregó recortes, que prometió “orden” y entregó caos, que prometió “transparencia” y entregó un gabinete de papel que se desmorona a los dos meses.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el espectáculo de una exfuncionaria que cuenta “su verdad”. La verdadera verdad es que el gobierno de Kast no es un proyecto de gobierno, sino una máquina de transferir recursos desde los bolsillos de los trabajadores hacia las arcas del capital. Y esa máquina, como ha quedado demostrado, no solo miente, sino que se ensaña con quienes la cuestionan. La confesión de Sedini es el epitafio de un gobierno que llegó prometiendo el cielo y que, seis meses después, solo ofrece mentiras.
