Lo que debía ser la semana del triunfo legislativo se convirtió en el funeral político de un gobierno que ya no puede ocultar su podredumbre. La renuncia de la ministra Natalia Duco por un karaoke pagado con dinero de todos los chilenos, las confesiones de la exvocera Mara Sedini sobre un gabinete “lleno de mentiras”, la caída de la aprobación presidencial y el aumento del 47% de ciudadanos que creen que el país retrocede no son hechos aislados. Son el síntoma de una administración que llegó prometiendo “orden” y “eficiencia”, pero que en los hechos ha demostrado ser una máquina de acumulación para los de arriba y de desgaste para los de abajo, donde la “mano dura” es solo el disfraz de un proyecto que se desmorona ante los ojos de la clase trabajadora.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El jueves 13 de agosto, el Presidente José Antonio Kast aceptó la renuncia de la ministra del Deporte, Natalia Duco, y de su subsecretario, Andrés Otero, en medio de un escándalo que debería haber sido una anécdota menor, pero que se convirtió en el símbolo de la hipocresía de un gobierno que predica la austeridad mientras sus propias filas se sirven del erario. La causa: un video que mostraba a la entonces ministra en un asado con karaoke y bebidas, utilizando un vehículo fiscal que la Contraloría había justificado como una “reunión de trabajo”.
La renuncia de Duco —la tercera ministra en caer en menos de seis meses, tras Trinidad Steinert y Mara Sedini— no es un accidente. Es la consecuencia de una administración que ha hecho de la “mano dura” su principal bandera, pero que en los hechos aplica una vara distinta cuando se trata de los suyos. Como confesó la propia exvocera Sedini en julio, su paso por La Moneda fue una “experiencia llena de mentiras, muchos artilugios, situaciones fuera de contexto, malas interpretaciones y, por supuesto, un ensañamiento”. La declaración de quien fuera el rostro comunicacional del gobierno no es un ajuste de cuentas personal; es la confirmación de que el proyecto de la derecha más dura se ha estrellado contra la realidad de una administración quebrada por dentro.
La crisis de la confianza: las encuestas como termómetro de la descomposición
La semana de la renuncia de Duco coincidió con la publicación de nuevas encuestas que confirmaron el desgaste acelerado del gobierno. Según Criteria, la aprobación de Kast se mantuvo en un magro 35%, mientras que la desaprobación alcanzó el 52%. Pero el dato más revelador es la percepción ciudadana sobre el rumbo del país: entre marzo y agosto, la creencia de que Chile retrocede aumentó de 31% a 47%, mientras que la esperanza cayó 17 puntos en el mismo período. La tristeza, por su parte, pasó de 5% a 17%. Las expectativas económicas para los próximos seis meses también se desplomaron: solo un 22% cree que la situación mejorará, frente a un 42% que anticipa un empeoramiento.
Estos números no son caprichos de la opinión pública; son la respuesta de una clase trabajadora que ha visto cómo el gobierno de Kast, en lugar de cumplir sus promesas de “orden” y “eficiencia”, ha priorizado el saqueo fiscal en beneficio de los grupos económicos. La megareforma, que el gobierno celebró como un triunfo, es percibida por la ciudadanía como lo que es: un regalo millonario a las grandes empresas a costa del desmantelamiento del Estado social.
La farsa de la “mano dura”: del karaoke a la Operación Cancerbero
El gobierno de Kast ha intentado compensar su crisis de legitimidad con un despliegue de “mano dura” que, en los hechos, no es más que una farsa mediática. La “Operación Cancerbero” —el traslado de reos de alta peligrosidad transmitido en vivo por YouTube— fue calificada por el propio Presidente como un “día histórico” y el inicio de un “cambio de mano importante”. Pero el exsubsecretario del Interior y académico Jorge Correa Sutil fue lapidario: la presencia de Kast en el operativo no fue “un aporte al éxito operativo”, sino “la voluntad de dar el mensaje de cuán duro será ahora el Estado con la delincuencia”.
La crítica de Correa Sutil apunta al corazón del problema: el gobierno de Kast no tiene un plan de seguridad, sino una estrategia de propaganda. La misma lógica que convirtió el traslado de reos en un reality show es la que utilizó Duco para justificar su karaoke como una “reunión de trabajo”. En ambos casos, la verdad fue sacrificada en el altar de la imagen.
El abogado y académico también cuestionó el “copamiento legislativo” del gobierno, que busca instalar una batería de proyectos en seguridad que consumirá las energías del ministerio en debates parlamentarios, en desmedro de la implementación de leyes ya aprobadas. Es la misma lógica de la megareforma: priorizar la agenda legislativa por sobre la gestión concreta, y la propaganda por sobre la solución de los problemas reales.
El silencio cómplice y la resistencia necesaria
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el espectáculo de un gobierno que se desangra en sus propias contradicciones. La renuncia de Duco, las confesiones de Sedini y la caída de las encuestas no son el fin de la crisis, sino su nueva fase. La derecha chilena, que ha construido su poder sobre la base de la explotación y la represión, no se rendirá sin luchar. Utilizará todos los recursos a su alcance —la manipulación mediática, el lawfare, la violencia institucional— para intentar mantenerse en el poder.
Pero la clase trabajadora también ha aprendido la lección. Sabe que el gobierno de Kast no es un proyecto de “reconstrucción”, sino de saqueo. Sabe que la “mano dura” no es contra la delincuencia, sino contra los derechos de los de abajo. Sabe que la “eficiencia” no es para proteger a los trabajadores, sino para blindar a los grupos económicos.
La semana de agosto de 2026 quedará registrada como el momento en que la fachada del “gobierno de la eficiencia” se derrumbó definitivamente. La clase trabajadora no debe esperar que la crisis se resuelva por sí sola. La única salida es la organización, la movilización y la construcción de un proyecto alternativo que ponga la vida de los de abajo por encima de las ganancias de los de arriba. La lucha recién comienza.
