Dom. Ago 16th, 2026

El “gobierno de la mano dura” se desangra en las calles: la crisis de seguridad que Kast prometió terminar lo devora a él y a su gabinete

Ago 16, 2026

A cinco meses de haber asumido con la promesa de poner “de rodillas a la delincuencia”, el gobierno de José Antonio Kast navega en medio de una tormenta perfecta: la renuncia de su ministra de Seguridad, la fragmentación de su oficialismo, una caída libre en las encuestas y, lo más grave, una crisis de seguridad que no logra contener. La “megarreforma” ACOT y el operativo mediático “Cancerbero” intentan ocultar el fracaso de una gestión que no tiene plan, no tiene resultados y, lo peor, ha perdido la confianza de la clase trabajadora. Mientras el discurso oficial se llena de números que maquillan la realidad, los barrios populares siguen sangrando y la impunidad se institucionaliza bajo el manto de la “mano dura”.


El show de la mano dura

Todo comenzó el 5 de agosto en cadena nacional. El Presidente Kast anunció con bombos y platillos la “Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo” (ACOT), un paquete de más de 30 proyectos que busca consagrar en la Constitución la seguridad como deber del Estado. Junto con ello, montó un operativo mediático sin precedentes: el traslado de presos de alta peligrosidad, transmitido en vivo por YouTube, como si se tratara del estreno de una serie policial.

Pero las críticas no se hicieron esperar. El exsubsecretario del Interior, Jorge Correa Sutil, fue lapidario: la presencia de Kast en el operativo no fue “un aporte al éxito operativo”, sino “la voluntad de dar el mensaje de cuán duro será ahora el Estado con la delincuencia”. La columna de La Tercera fue aún más categórica: el operativo fue “puro humo”. “Los republicanos votaron en contra de crear el ministerio de Seguridad, y desestimaron las evidencias de avance en materias como la baja de homicidios. Chile se caía a pedazos”, señala el texto. “Apenas asumido, el nuevo gobierno aplicaría un plan que pondría de rodillas a la delincuencia. ¿Cómo? Misterio”.

El fracaso de la “mano dura”

El gobierno de Kast llegó al poder prometiendo poner fin a la crisis de seguridad con “mano dura”. Pero los hechos han demostrado lo contrario: la gestión ha sido un rosario de tropiezos. El 19 de mayo, a solo 69 días de asumir, el Presidente se vio obligado a realizar su primer cambio de gabinete, removiendo a la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert. La ministra fue vapuleada en el Congreso por no tener un plan de seguridad estructurado.

El actual ministro, Martín Arrau, intenta mostrarse como el “hombre fuerte” de la seguridad, pero el propio gobierno ha admitido que no tenía un plan. Como señala la columna de La Tercera, “cinco meses de tropiezos, el reconocimiento de que no había un plan (Steinert), y de que la política heredada del gobierno anterior era suficiente (Arrau)”. Es decir, la “megarreforma” de seguridad no es más que la continuidad de lo que ya existía, envuelta en un discurso de “mano dura” que no se condice con los hechos.

Una crisis que no cesa

Las cifras oficiales del gobierno muestran una baja en los homicidios: según Kast, al 26 de julio, los homicidios bajaron 18,7%, con 112 víctimas menos que hace un año, y los robos violentos disminuyeron en más de 7 mil casos. Pero el alcalde de San Bernardo, Christopher White, fue tajante al refutar el optimismo del Ejecutivo: “Pareciera que hay dos Chile”. El jefe comunal denunció que “hay cifras negras y crimen organizado desatado, porque no tenemos los carabineros suficientes y no tenemos herramientas”.

“Hay un Chile A donde los discursos dicen que todo mejora, pero en comunas como la nuestra, la gente vive una sensación de miedo terrible”, lamentó White. “En menos de 40 días, nos ha tocado despedir a dos niños asesinados por otros menores de edad”. “Pareciera que hay dos tipos de Chile”, sentenció.

El desgaste político

La crisis de seguridad se ha convertido en la principal causa del desgaste del gobierno. Según la encuesta Criteria, la desaprobación del Presidente Kast se sitúa en un 52%, mientras que su aprobación alcanza apenas un 35%. Pero el dato más revelador es la percepción sobre el rumbo del país: entre marzo y agosto, la creencia de que Chile retrocede aumentó de 31% a 47%. La esperanza cayó de 53% a 36%, y la tristeza pasó de 5% a 17%.

Las expectativas económicas también se desplomaron: solo un 22% cree que la situación mejorará en los próximos seis meses, frente a un 42% que anticipa un empeoramiento. La ciudadanía ha comprendido que el gobierno de Kast no está resolviendo la crisis de seguridad, sino profundizándola con un discurso vacío que no se traduce en hechos concretos.

La hipocresía del “deber” estatal

El gobierno de Kast ha intentado instalar la narrativa de que la seguridad es un “deber del Estado”. Pero la clase trabajadora no se deja engañar. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales desde el Estado hacia las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que decretó Estado de Catástrofe para Coquimbo solo después de días de presión popular, dice ahora necesitar una reforma constitucional para cumplir con su “deber” de proteger a los chilenos.

La agenda de seguridad no es una respuesta a la inseguridad, sino la profundización de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno: más herramientas represivas para las policías, más control sobre los migrantes y más cárcel para los de abajo, mientras los dueños del capital siguen haciendo su agosto con el saqueo del erario.

Epílogo: la debacle de la “mano dura”

El gobierno de la “mano dura” no ha podido contener la crisis de seguridad. La renuncia de la ministra Steinert, el vacío de poder en el ministerio, la fragmentación del oficialismo, la caída en las encuestas y la persistencia de la violencia en los barrios populares son la prueba de que el discurso de Kast no ha pasado de ser eso: un discurso. La clase trabajadora, que esperaba resultados concretos, se encuentra con un gobierno que prefiere el show mediático antes que las soluciones, que utiliza el miedo como herramienta de control y que, como señala la columna de La Tercera, ha convertido la seguridad en “puro humo”

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