En medio del ajuste fiscal que ha desangrado la salud, la educación y el desarrollo social, el ministro de Vivienda, Iván Poduje, ha roto la disciplina del “gobierno de la emergencia” y exige un aumento del 23,9% para su cartera en el Presupuesto 2027. El argumento es tan brutal como sincero: la construcción genera empleo e inversión, y el Ministerio de Vivienda es “la única cartera que mueve la aguja” de la economía. La hipocresía alcanza niveles estratosféricos: mientras la misma administración que encontró tiempo y recursos para regalar 4.000 millones de dólares a las grandes empresas y recortar 6.000 millones del gasto social, ahora se enfrenta a una rebelión interna de un ministro que exige blindar su presupuesto para seguir alimentando el negocio inmobiliario. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: la “austeridad” es para los de abajo, y para los de arriba siempre hay plata, aunque sea a costa de desfinanciar el resto del Estado.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La guerra interna en el gobierno de José Antonio Kast ha escalado a un nuevo nivel. Mientras el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, intenta imponer un ajuste fiscal que ya ha recortado 3% a todos los ministerios —con un golpe brutal a Salud, Vivienda y Educación—, el titular de Vivienda, Iván Poduje, ha lanzado una contraofensiva abierta. En las últimas horas, Poduje confirmó que su cartera exigirá un aumento del 23,9% en el Presupuesto 2027, una cifra que choca de frente con la doctrina de la “austeridad” que el gobierno ha utilizado para justificar el desmantelamiento del Estado social.
“Nosotros necesitamos un presupuesto acorde con la importancia que tiene la construcción en el empleo y la inversión. Por lo tanto, sí, esperamos un aumento considerable en nuestro presupuesto”, declaró Poduje. El ministro no se anda con rodeos: su argumento es que Vivienda es la única cartera que realmente puede mover la economía, activando 190 mil puestos de trabajo a través de proyectos habitacionales, pavimentación y parques.
El ajuste para los de abajo, el blindaje para el negocio del cemento
La solicitud de Poduje expone con crudeza la lógica de clase que guía al gobierno de Kast. Mientras la salud pública es desfinanciada con 462 millones de dólares de recorte, mientras la educación sufre el mismo tijeretazo, mientras los subsidios habitacionales se reducen en 30 mil cupos y el desarrollo social enfrenta un recorte de $32 mil millones, Poduje exige más recursos para su cartera con la tranquilidad de quien sabe que el negocio inmobiliario es sagrado para el capital.
La hipocresía es monumental. El ministro de Vivienda ha sido uno de los críticos más feroces del ajuste, llegando a calificar a su colega de Hacienda como “devoto de la Virgen del Puño”, en una clara alusión a la dureza con que Quiroz aplica los recortes. “Yo tengo un ministro de Hacienda que no me quiere dar un peso”, se quejó Poduje en el Encuentro Empresarial de La Araucanía, recreando un supuesto diálogo con su par: “Necesito 500 mil UF para arreglar… No, no las tiene, páguelas usted… Si no tengo plata, no está en el presupuesto… Bueno, que se joda”.
Pero la defensa de Poduje no es una defensa de los más vulnerables. Es la defensa de un sector que, como el resto del capital, exige que el Estado le garantice sus ganancias mientras el resto del aparato público se desangra. El ministro ha sido claro: el ajuste fiscal, dice, hay que hacerlo en otra parte. “El esfuerzo fiscal tendría que concentrarse en otros sectores del aparato público”. En otras palabras: que los recortes sigan golpeando a la salud, la educación y el desarrollo social, pero que el negocio de la construcción no se toque.
Los 465 mil millones de la reconstrucción: el negocio como prioridad
La exigencia de Poduje se produce además en un contexto en que el Ministerio de Vivienda ya ha recibido un respaldo millonario. La Ley de Reconstrucción Nacional, la megareforma estrella del gobierno, contempla una inyección de $465 mil millones para las tareas de reconstrucción en el Biobío y Ñuble. El propio Poduje celebró la medida: “Por fin vamos a contar con los 465 mil millones de pesos. Hasta el momento hemos tenido que usar fondos regulares y ahora por fin”.
Pero el ministro no se conforma. Quiere más. Quiere un aumento del 23,9% sobre los recursos actuales, una cifra que, de concretarse, consolidaría a Vivienda como la cartera privilegiada del gobierno, blindada contra los vientos del ajuste que sí golpean a los sectores populares.
La función de clase de la contradicción
Desde una perspectiva marxista, la disputa entre Poduje y Quiroz no es un simple roce entre ministros. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno: el capital necesita que el Estado garantice las condiciones para su acumulación, y eso incluye el negocio inmobiliario, la construcción y el desarrollo urbano. Pero el mismo capital exige que el Estado se contraiga en todo lo que no sea directamente funcional a sus intereses: salud, educación, vivienda social, desarrollo comunitario.
Poduje, al exigir un aumento del 23,9% para su cartera, no está defendiendo a los damnificados ni a las familias que esperan una vivienda. Está defendiendo el negocio de la construcción, el sector que mueve el PIB, el que genera empleo para los grupos económicos. La “austeridad” que predica el gobierno de Kast es, como siempre, selectiva: se aplica con rigor a los servicios públicos que benefician a la clase trabajadora, y se desvanece cuando se trata de los intereses del capital.
Epílogo: el ajuste de los de arriba
La solicitud de Poduje es un recordatorio de que el gobierno de Kast no tiene un plan de austeridad, sino un plan de transferencia de recursos. La misma administración que recorta la salud y la educación encuentra plata para la reconstrucción, para el negocio inmobiliario y para las rebajas tributarias a las grandes empresas. La lucha entre Poduje y Quiroz no es una disputa entre dos visiones del gasto público; es la negociación entre dos facciones del capital sobre cómo repartirse el botín del Estado.
Mientras los ministros se enfrentan por los recursos, la clase trabajadora sigue esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. La “austeridad” que pregona la derecha no es para los de arriba; es para los de abajo. Y el aumento del 23,9% que exige Poduje es la prueba de que, en el Chile de los patrones, siempre hay plata para el negocio del cemento.
