La exministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, no asistió este lunes a la comisión investigadora de la Cámara de Diputados que busca esclarecer sus actuaciones durante los 69 días que estuvo al frente de la cartera, argumentando “motivos personales” . La ausencia de la exsecretaria de Estado, que debía comparecer a las 19:30 horas, se produce en medio de un creciente clamor por una acusación constitucional, cuyo plazo para presentarse vence el 18 de agosto. Mientras la oposición acusa un intento de “blindaje” del gobierno de José Antonio Kast, la bancada UDI califica la situación como un “circo político” y emplaza a sus adversarios a presentar el libelo si tienen la “convicción jurídica”. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: el mismo sistema que persigue con saña a los manifestantes y los pobladores es el que protege a los funcionarios del poder, incluso cuando la Contraloría ya ha establecido que la exministra excedió sus funciones al solicitar información reservada a la PDI.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La farsa alcanzó su punto más alto este lunes cuando la comisión investigadora de la Cámara de Diputados se constituyó para recibir el testimonio de Trinidad Steinert, la exministra de Seguridad Pública que duró apenas 69 días en el cargo y que ya ha sido señalada por la Contraloría por exceder sus funciones. La exautoridad, sin embargo, no se presentó. Según información que comenzó a circular entre los integrantes de la instancia, Steinert habría comunicado que no podía concurrir a la sesión por “motivos personales”.
La ausencia de Steinert no es un hecho aislado. Es la culminación de una estrategia de dilación y blindaje que el gobierno de Kast ha desplegado desde que la Contraloría determinara, el 2 de julio, que la entonces ministra había excedido sus atribuciones al solicitar a la PDI información reservada sobre funcionarios vinculados a una investigación penal en curso, el denominado “clan Chen”. El organismo fiscalizador estableció, además, que Steinert incumplió su deber de abstención al requerir información sobre una brigada policial con la que había trabajado previamente durante su etapa como fiscal regional de Tarapacá.
El desafío de Steinert y el “circo político” de la UDI
El diputado Bernardo Salinas (IND-PC), integrante de la comisión investigadora, fue uno de los primeros en referirse al tema, señalando que aún esperaban que la decisión pudiera revertirse. “Vamos a reunirnos, vamos a determinar cuáles son los pasos a seguir, y hasta última hora vamos a estar esperando, efectivamente, si puede revertir la decisión, porque yo creo que es bueno para ella, pero además también porque el país necesita tener transparencia en materia de estas cosas que son tan esenciales”, afirmó.
La inasistencia de Steinert reabrió el debate sobre una eventual acusación constitucional en su contra, alternativa que algunos parlamentarios han mantenido sobre la mesa desde que se conocieron los cuestionamientos a su gestión [5†L23-L26]. El diputado Patricio Pinilla (DC) advirtió que la ausencia de Steinert podría influir en las conversaciones que se desarrollan al interior de la oposición. “En lo personal creo que el no venir sería un agravante bastante importante y podría inclinar la balanza”, sostuvo. Si bien aclaró que la presentación de un libelo acusatorio aún no está resuelta, reconoció que “la acusación ya prácticamente la podemos tener más o menos redactada porque es una infracción a la ley constatada por la Contraloría General de la República” [5†L27-L33].
Desde el oficialismo, sin embargo, la respuesta fue la misma que la derecha chilena ha utilizado durante décadas para proteger a los suyos: la burla y el desafío. La bancada de diputados de la UDI cuestionó que la oposición continúe mencionando la posibilidad de una acusación constitucional sin concretarla. Los diputados Flor Weisse y Sergio Bobadilla acusaron a sus adversarios de mantener una estrategia de presión política y los emplazaron a presentar el libelo si consideran que existen fundamentos suficientes. “Si tienen la convicción jurídica de que hay antecedentes suficientes como para ingresar una acusación constitucional, lo que corresponde es que actúen con valentía, la presenten y dejen de utilizar esta herramienta como forma de presión”, señalaron los legisladores, quienes calificaron como un “circo político” las reiteradas advertencias sobre una eventual ofensiva contra la exministra.
La función de clase del “blindaje” político
Desde una perspectiva marxista, la ausencia de Steinert y la defensa cerrada del oficialismo no son una anomalía del sistema político, sino su expresión más pura. La misma derecha que exige “mano dura” contra la delincuencia y la corrupción es la que protege a sus propias autoridades cuando son señaladas por la Contraloría. El mismo gobierno que prometió “transparencia” y “probidad” es el que utiliza todos los recursos a su alcance para dilatar los procesos y evitar que sus funcionarios rindan cuentas.
La comisión investigadora fue aprobada el 21 de julio con 62 votos a favor, 58 en contra y una abstención. Pero el primer intento de crearla, el 14 de julio, había fracasado por falta de quórum, obteniendo solo 58 votos a favor, cuatro menos de los necesarios . La derecha, con la complicidad de algunos sectores de la centroizquierda, ha intentado frenar la investigación desde el principio, blindando a una exautoridad que la propia Contraloría ha señalado por exceder sus funciones.
La hipocresía es brutal. Mientras Steinert se ausenta de la comisión investigadora, el gobierno de Kast sigue celebrando la megareforma que regala 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, recortando la salud, la vivienda y la educación de los sectores populares. La misma administración que persigue a los manifestantes y criminaliza a los pobladores es la que protege a sus propias autoridades cuando son investigadas.
El costo de la impunidad: los de abajo pagan la cuenta
La ausencia de Steinert no es un hecho aislado. Es la confirmación de que el Estado chileno, bajo el gobierno de Kast, no es un instrumento de justicia, sino un dispositivo al servicio de los intereses de una clase: la que ocupa los cargos públicos para beneficio propio, mientras los de abajo pagan las consecuencias con su trabajo, su salud y su vivienda.
El diputado Pinilla fue claro: “Lo personal, les voy a ser bien sincero, era escucharla a ella”. Pero Steinert no quiso ser escuchada. Prefirió el silencio y la protección del oficialismo, confiando en que la derecha haría lo que siempre hace: blindar a los suyos, dilatar los procesos y esperar que el escándalo pase.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar. La ausencia de Steinert no es un problema de “motivos personales”, sino un acto político. Es la confirmación de que el sistema de justicia chileno tiene dos varas: una para los de abajo y otra para los de arriba. Mientras los manifestantes son condenados con todo el peso de la ley, los funcionarios del poder disfrutan de un estatuto de excepción que les permite eludir sus responsabilidades.
Epílogo: la deuda del sistema con los de abajo
La inasistencia de Trinidad Steinert a la comisión investigadora no es el fin de la historia, sino su continuación. La oposición ha anunciado que no descarta una acusación constitucional, pero la derecha sabe que el tiempo juega a su favor. El plazo para presentar el libelo vence el 18 de agosto, y la estrategia de dilación podría resultar exitosa.
Mientras Steinert se ausenta y la UDI califica la investigación de “circo político”, los trabajadores siguen esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. La clase trabajadora debe entender que la lucha por la justicia no se ganará en los tribunales burgueses ni en las comisiones investigadoras, sino en las calles y en la conciencia del pueblo. La ausencia de Steinert no es una derrota de la oposición, sino una confirmación de que el sistema está podrido hasta los cimientos. La única salida no es esperar que los políticos hagan justicia, sino organizarse para construir un mundo donde la ley no tenga dos varas: una para los de arriba y otra para los de abajo.
