Lo que la prensa hegemónica califica como “diálogo” y “acercamiento” es, en realidad, la enésima muestra de la elasticidad moral de la derecha chilena. En menos de un día, el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, pasó de advertir que la reforma constitucional de seguridad de Kast “daña la institucionalidad” a ofrecerle un “amplísimo apoyo” al gobierno, luego de una breve reunión en La Moneda. Las “aprehensiones” se desvanecieron, las “condiciones actuales” cambiaron mágicamente, y el partido que alguna vez se jactó de ser el “más leal” al gobierno demostró que su lealtad es tan firme como un castillo de naipes. La clase trabajadora asiste, una vez más, al espectáculo de una clase política que cambia de opinión según la hora del día, mientras las políticas que se discuten, más control, más represión, menos derechos, siguen siendo las mismas.
Por Equipo El Despertar
El portazo de domingo: la UDI se desmarca
La semana comenzó con un terremoto político en el oficialismo. El domingo 16 de agosto, el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, sentó posición en una entrevista con La Tercera: “En las condiciones actuales, la UDI no puede apoyar las reformas constitucionales de seguridad porque dañan la institucionalidad”. El argumento era claro: el borrador filtrado de la reforma, que buscaba blindar la agenda de seguridad de Kast en la Constitución, establecía excepciones a principios generales que, a su juicio, debilitaban la Carta Fundamental.
Ramírez fue más allá, advirtiendo que “esta práctica se usó mucho y terminó debilitando la Constitución de 1925”. Incluso citó la reforma agraria como ejemplo de cómo las excepciones constitucionales pueden volverse inaplicables. El presidente de la UDI, que había intentado posicionarse como el partido “más leal” de la administración Kast, había dado un portazo que sacudió los cimientos del oficialismo.
La respuesta de Kast: “muy apresurada”
El lunes por la mañana, el Presidente José Antonio Kast salió al paso de las declaraciones de Ramírez. En entrevista con radio Duna, calificó la definición del timonel UDI como “muy apresurada” y aseguró que, cuando conozcan el texto definitivo, “tendrán que tomar una definición”. Kast evitó confrontar directamente y valoró el debate interno, pero dejó claro que esperaba los votos de la UDI una vez que el proyecto fuera conocido.
El mandatario también descartó que la iniciativa implicara retomar el debate constituyente, asegurando que se trataba de modificaciones específicas a la Carta Fundamental en materia de seguridad pública. La respuesta de Kast no fue una confrontación abierta, sino un llamado a la disciplina que, como se vería horas después, surtió efecto.
La voltereta de lunes: “amplísimo apoyo”
En menos de 24 horas, el presidente de la UDI completó una voltereta digna de los mejores gimnastas. Tras el comité político ampliado en La Moneda, donde el ministro de Seguridad, Martín Arrau, expuso los alcances del texto que será ingresado al Senado, Ramírez salió “muy contento” y proyectó que la iniciativa recibirá un “amplísimo apoyo” en el Congreso.
El cambio de tono fue radical. Las “aprehensiones” se desvanecieron, las “condiciones actuales” dejaron de ser un obstáculo, y la UDI pasó de advertir que la reforma “dañaba la institucionalidad” a celebrar que la agenda de seguridad mostrará que “la mano está cambiando y ha cambiado”.
¿Qué ocurrió en esas horas? Según Ramírez, el ministro Arrau aclaró que las restricciones a beneficios sociales para condenados por crimen organizado no quedarían establecidas directamente en la Constitución, sino que la reforma entregaría una habilitación para que una ley posterior estableciera “inhabilidades particulares”. Esa precisión, sumada a la reunión en La Moneda, bastó para que la UDI pasara del portazo al apoyo incondicional.
La función de clase de la voltereta
Desde una perspectiva marxista, la voltereta de Ramírez no es una anomalía, sino la expresión de la lógica de clase que gobierna la política chilena. La UDI no es un partido de principios, sino un vehículo de los intereses del gran capital. Cuando el borrador de la reforma amenazaba con generar costos políticos, Ramírez levantó la voz para presionar. Cuando el gobierno ajustó el texto y ofreció garantías, la UDI volvió a la disciplina.
El espectáculo de la voltereta cumple una función clave: simular que existe un debate democrático dentro del oficialismo, mientras se blindan las políticas represivas que la clase dominante necesita para disciplinar a los sectores populares. La reforma de seguridad de Kast no es una respuesta a la inseguridad, sino un instrumento de dominación de clase: más control, más cárcel, menos derechos.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el espectáculo de la “voltereta” de Ramírez. No se trata de un cambio de opinión genuino, sino de una coreografía ensayada entre el gobierno y sus aliados. La UDI, que ayer decía que la reforma “dañaba la institucionalidad”, hoy aplaude la misma reforma porque el gobierno ajustó algunos detalles. La institucionalidad no se daña cuando se usan excepciones constitucionales para blindar la represión; se daña cuando se usan para proteger a los poderosos.
Epílogo: el circo continúa
La voltereta de Guillermo Ramírez es un recordatorio de que la política chilena, bajo el gobierno de Kast, es un circo donde los mismos actores cambian de máscara según la función. La UDI, que se jactaba de ser el partido “más leal” al gobierno, demostró que su lealtad es tan firme como su disposición a presionar y luego plegarse.
Mientras los titulares de la prensa hegemónica celebran el “diálogo” y el “acercamiento” entre el gobierno y la UDI, la clase trabajadora sigue esperando que sus necesidades sean prioridad. La reforma de seguridad de Kast no se detiene por una voltereta de Ramírez. Al contrario: la voltereta es parte del engranaje que permite que la reforma avance, blindando la represión y el control sobre los de abajo.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar. El circo de la política burguesa cambia de actores, pero el guion es siempre el mismo: más poder para los de arriba, más control para los de abajo. Y mientras la UDI y el gobierno se abrazan en La Moneda, los trabajadores siguen esperando que alguien los represente.
